{"id":16331,"date":"2018-11-05T21:39:11","date_gmt":"2018-11-05T21:39:11","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/?p=16331"},"modified":"2018-11-05T21:39:11","modified_gmt":"2018-11-05T21:39:11","slug":"los-adioses-o-el-fracaso-de-vivir-reflexion-sobre-una-de-las-mas-perturbadoras-novelas-de-juan-carlos-onetti","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/los-adioses-o-el-fracaso-de-vivir-reflexion-sobre-una-de-las-mas-perturbadoras-novelas-de-juan-carlos-onetti\/","title":{"rendered":"Los adioses o el fracaso de vivir. (Reflexi\u00f3n sobre una de las m\u00e1s perturbadoras novelas de Juan Carlos Onetti)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Reinaldo Spitaletta, noviembre de 2018<\/strong><\/p>\n<p>En una ya cl\u00e1sica entrevista que <em>The Paris Review<\/em> la hizo a William Faulkner en 1956, la periodista Jean Stein le indaga acerca del descontento de los lectores de sus novelas, que no las entienden y las deben leer dos y hasta tres veces y sobre qu\u00e9 les sugiere para el efecto. \u201cQue las lean cuatro veces\u201d, contest\u00f3 el autor de <em>El sonido y la furia<\/em>, cuyas obras influyeron en un buen n\u00famero de escritores de Am\u00e9rica Latina, entre ellos Juan Carlos Onetti, el inventor del pueblo de Santa Mar\u00eda y un autor que, tanto en sus cuentos como en sus novelas, requiere para enfrentarlos lo que Cort\u00e1zar denominar\u00eda despu\u00e9s el \u201clector macho\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Onetti, nacido en Montevideo en 1909, que fungi\u00f3 como periodista de la agencia de noticias Reuter y fue jefe de redacci\u00f3n de revistas como <em>Marcha <\/em>y <em>Vea y Lea<\/em>, emple\u00f3 en sus ficciones un modo particular de la ambig\u00fcedad y los s\u00edmbolos, adem\u00e1s de una t\u00e1ctica literaria de no hacer concesiones al lector y de ponerlo en alerta frente a sus temas y desarrollos, manifiesta con solvencia una de esas obsesiones en su noveleta <em>Los adioses<\/em>, publicada en 1954 por la editorial Sur, de Buenos Aires.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El siglo XX, que atropell\u00f3 la raz\u00f3n, que desactiv\u00f3 al sujeto y lo torn\u00f3 masa, o carne de ca\u00f1\u00f3n, o una tuerca o arandela en un amplio mecanismo de producci\u00f3n y alienaciones varias, cre\u00f3 una literatura, o, mejor dicho, literaturas, en plural, en las que hay adem\u00e1s de una desesperaci\u00f3n frente a la existencia, un individuo en a\u00f1icos, an\u00f3nimo muchas veces, sin esperas dial\u00e9cticas (distinto a la in\u00fatil esperanza), ni salvaciones frente a un destino tr\u00e1gico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ese sujeto que se desintegra, como puede ser Gregorio Samsa en <em>La metamorfosis<\/em>, o que casi es un ser sin nombre, apenas un c\u00f3digo, un n\u00famero, una letra, como podr\u00eda pasar en <em>El proceso<\/em>, aparece en el siglo XX en novelas y cuentos de distintas geograf\u00edas, como un testimonio de un mundo en el que la raz\u00f3n no es m\u00e1s que una historia de infamias y de mecanismos premeditados de la destrucci\u00f3n humana. Esta referida centuria, tal vez la m\u00e1s sangrienta de la historia, motiv\u00f3 reflexiones y est\u00e9ticas, y en ese \u00e1mbito, Onetti, un pesimista, fumador y tomador de whisky, se emple\u00f3 a fondo para dar cuenta de una condici\u00f3n del hombre que ya ni siquiera puede comunicarse, o al cual, quiz\u00e1, le queda el chisme de parque o de tienda, para no morir de tedio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En <em>Los adioses<\/em>, en los que sin muchos disimulos se advierte el influjo portentoso de Faulkner sobre el montevideano, el mundo se cierra en un almac\u00e9n o boliche, en un pueblo serrano casi fantasmag\u00f3rico, en el que la enfermedad es una presencia ineludible. Tal vez, no tanto por su tono o estructura, pueda recordar a <em>La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em>, de Thomas Mann. Sin embargo, con esa enfermedad que en la <em>nouvelle<\/em> de Onetti no se menciona el nombre (aunque es obvia la tuberculosis, una enfermedad que hermana), se establece una relaci\u00f3n entre el bolichero (narrador de la obra y extuberculoso), el enfermo objeto de distintas miradas curiosas por los que all\u00ed merodean o viven, como mucamas y enfermeros, y una presencia de la incomunicaci\u00f3n (solo adobada por el rumor y la chismograf\u00eda) entre personajes y comparsas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wp-caption alignnone\"><img data-recalc-dims=\"1\" fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.zendalibros.com\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/onetti-1-foto-claudio-f-pc3a9rez-miguez-y-rac3bal-manrique-girc3b3n-elmundo-es.jpg?resize=544%2C373&#038;ssl=1\" alt=\"Resultado de imagen para onetti\" width=\"544\" height=\"373\" border=\"0\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Juan Carlos Onetti<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El novelista pone a prueba al lector. Quiz\u00e1 no tanto su paciencia como su comprensi\u00f3n del mundo, de aquel universo que el narrador en primera persona le propone, pero que a veces tiene una omnisciencia por su capacidad para la invenci\u00f3n y el acomodamiento de la realidad a sus concepciones o prejuicios. El lector va a estar atado a ese narrador. No tiene m\u00e1s perspectivas. Ni m\u00e1s posibilidades. Lo toma o lo deja. Y si se engancha, se ir\u00e1 dando cuenta, por ejemplo, de la manera de la disgregaci\u00f3n o fragmentaci\u00f3n del que es el objeto de todas las miradas y preguntas en un pueblo sin paisajes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El \u201clector macho\u201d, el que no est\u00e1 solo por la diversi\u00f3n o el recreo, tiene que participar, ser cuestionador, cr\u00edtico, casi que protagonista de lo que se narra. En <em>Los adioses<\/em>, una historia que adem\u00e1s combina la narraci\u00f3n con el g\u00e9nero epistolar (este de forma indirecta y aun con violaci\u00f3n de correspondencia), hay una progresi\u00f3n de lo ambiguo, de lo apenas insinuado, de las cosas que puede tener varias significaciones. Y, como en otras obras de Onetti, el fracaso se constituye en un eje de la ficci\u00f3n, del mundo interior de una comunidad en la que se siente una especie de desaz\u00f3n permanente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Los adioses<\/em>, dedicada a Idea Vilari\u00f1o, poeta con la que el escritor siempre tuvo una turbulenta relaci\u00f3n de amor-odio, comienza con una imagen que seguro el lector la entender\u00e1 muchas p\u00e1ginas despu\u00e9s: \u201cQuisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entr\u00f3 en el almac\u00e9n, nada m\u00e1s que las manos; lentas, intimidadas y torpes, movi\u00e9ndose sin fe, largas y todav\u00eda sin tostar, disculp\u00e1ndose por su actuaci\u00f3n desinteresada\u201d. Y desde ah\u00ed, el almacenero inicia su historia, con su punto de vista subjetivo, con sus apreciaciones y contaminaciones, con su manera de sentir a los otros, de verlos en su decadencia sin devoluciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En esta obra, como en otras, se expresa en lo formal, aquella muy propia manera onettiana de poner dos adjetivos seguidos, como, por ejemplo, una \u201cdulce y vieja tenacidad\u201d, \u201capenas tibio, empecinado\u201d, \u201csus cortas, exactas sonrisas\u201d \u2026 Y de dar claves, amarres, sugestiones. El narrador va configurando en aquel pueblo de sierra, las partes de una tragedia, de un desmoronamiento, as\u00ed como la posible visi\u00f3n de relaciones incestuosas del hombre enfermo que se volvi\u00f3 un objetivo de los otros para imaginar por qu\u00e9 diablos tiene dos mujeres, una mayor y otra joven.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El exbasquetbolista enfermo, el que lleg\u00f3 hasta aquel sanatorio con hoteles, fiestas decembrinas, rumores, es una representaci\u00f3n no solo del fracaso sino de la inutilidad de la existencia. Y de su brevedad. Es una obra con valijas, cervezas, telegramas, cartas, mensajes cifrados, alusiones al tiempo dorado del \u00e9xito y luego a su posterior descenso en picada hacia la muerte. Y en la que se puede escuchar una canci\u00f3n francesa, <em>La Vie en Rose <\/em>(<em>Quand il me prend dans ses bras \/ Il me parle tout bas \/ Je vois la vie en rose<\/em>\u2026). Suena como una suerte de iron\u00eda. La vida, y menos en los momentos de despedidas definitivas, no es color de rosa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En todo caso, el narrador, el bolichero o tendero, nos va conduciendo a su modo, a su ama\u00f1o, a su arbitrio (y aun a su arbitrariedad, a sus envidias y malestares) y nos mete en una prisi\u00f3n en la que la fuga es imposible, y nos ata a sus formas de ver el mundo, el peque\u00f1o e intenso mundo de los adioses y los llantos contenidos. \u201cTodos los mediod\u00edas el hombre recog\u00eda sus cartas, tomaba una botella de cerveza y sal\u00eda al camino, insinuando un saludo, meti\u00e9ndose sin apuros en el insoportable calor, atray\u00e9ndome un segundo con la ruina incesante de sus hombros\u2026\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p><em>\u201c\u00c9l ya no era un hombre sino una abstracci\u00f3n\u201d.<\/em><\/p>\n<p><strong>Los adioses<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El innombrado narrador, el innombrado hombre de deportes que sal\u00eda en peri\u00f3dicos y revistas como <em>El Gr\u00e1fico<\/em>, la atm\u00f3sfera gris y anunciadora de una ca\u00edda sin soluci\u00f3n, todo en esta compacta novela en la que se nota la tremenda capacidad literaria de Onetti, nos conduce a una oscuridad que duele. Quiz\u00e1 el autor sab\u00eda que algunos lectores lo insultar\u00edan por esta forma de jugar con ellos, de manipularlos, de exigirles, de ponerlos a prueba. S\u00ed, hay una alta dosis de exigencia en enfrentar (s\u00ed, como en un combate) el texto, sus multiplicidades, su riqueza conceptual, los simbolismos. Y la capacidad de dejar subyaciendo, como en un iceberg, una gran parte de informaci\u00f3n que es invisible.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En un breve estudio titulado <em>El lector como protagonista de la novela<\/em>, que est\u00e1 como un anexo en la edici\u00f3n de Club Bruguera, 1981, el cr\u00edtico Wolfgang Luchting, dice que a \u201cOnetti todo el mundo le teme. Al menos \u00e9sta es la impresi\u00f3n que me causa la lectura del magro n\u00famero de estudios, rese\u00f1as e intentos de an\u00e1lisis de sus obras. Yo, lo admito, tambi\u00e9n tengo cierto miedo a \u201cmeterme con Onetti\u201d; es tan complicado, tan herm\u00e9tico\u2026\u201d. S\u00ed, claro. Leerlo es un reto. Una disposici\u00f3n a pelear con las palabras (siempre sin rebuscamientos, meditadas, estudiadas), con lo que insin\u00faan o bosquejan.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" class=\" \" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/http2.mlstatic.com\/juan-carlos-onetti-los-adioses-1-primera-edicion-sur-1954-D_NQ_NP_224101-MLA20275704175_042015-F.jpg?resize=308%2C407&#038;ssl=1\" alt=\"Resultado de imagen para los adioses onetti\" width=\"308\" height=\"407\" border=\"0\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De cualquier manera, la ambig\u00fcedad, como recurso, como un puente colgante entre los abismos o la arena movediza y la tierra firme, es un reto para el lector, que deber\u00e1 imaginar, discutir, volver a empezar la lectura, dar alg\u00fan rodeo, para al final poder dar la \u201cvuelta de tuerca\u201d. Con Onetti se aprende de las ondulaciones de la condici\u00f3n humana, de sus debilidades, del fracaso y de las culpas. En la \u201cimparcial noche\u201d onettiana, las palabras son el camino m\u00e1s seguro para llegar a la oscuridad de lo irremediable.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i2.wp.com\/nododigital-b2c.com\/wp-content\/uploads\/2018\/06\/ksksksksks.png?fit=750%2C422&amp;ssl=1\" alt=\"Resultado de imagen para onetti\" border=\"0\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reinaldo Spitaletta, noviembre de 2018 En una ya cl\u00e1sica entrevista que The Paris Review la hizo a William Faulkner en 1956, la periodista Jean Stein le indaga acerca del descontento de los lectores de sus novelas, que no las entienden y las deben leer dos y hasta tres veces y sobre qu\u00e9 les sugiere para [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16332,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[77],"tags":[],"class_list":["post-16331","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-artes"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/moir.com.co\/web\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/Onettilosadioses.jpg?fit=862%2C1200&ssl=1","jetpack-related-posts":[{"id":16807,"url":"https:\/\/moir.com.co\/web\/una-enigmatica-reduccion-de-pena-vista-a-una-novela-corta-y-autobiografica-de-patrick-modiano\/","url_meta":{"origin":16331,"position":0},"title":"Una enigm\u00e1tica reducci\u00f3n de pena. 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