{"id":15454,"date":"2018-07-18T14:28:45","date_gmt":"2018-07-18T14:28:45","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/?p=15454"},"modified":"2018-07-18T14:28:45","modified_gmt":"2018-07-18T14:28:45","slug":"la-amistad-y-la-fuerza-bruta-bien-noveladas-un-recorrido-por-de-ratones-y-hombres-de-john-steinbeck","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/la-amistad-y-la-fuerza-bruta-bien-noveladas-un-recorrido-por-de-ratones-y-hombres-de-john-steinbeck\/","title":{"rendered":"La amistad y la fuerza bruta bien noveladas. (Un recorrido por De ratones y hombres, de John Steinbeck)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Reinaldo Spitaletta, julio de 2018<\/strong><\/p>\n<p>Ser filocomunista, o, con un poco m\u00e1s de distancia ideol\u00f3gica, simpatizante comunista, o, en todo caso, alguien que respalda las luchas sociales, es, en Estados Unidos, un signo inequ\u00edvoco de pertenecer al odio. No es bien visto \u2014o al menos en otros d\u00edas as\u00ed era\u2014 quien se preocupe por las lizas de los trabajadores o de los olvidados de la fortuna. As\u00ed le suceder\u00e1 a John Steinbeck, Nobel de Literatura en 1962, por haber incluido en varios de sus libros de ficci\u00f3n los pesares y desventuras de los cosecheros, de los braceros, de aquellos desamparados que eran v\u00edctimas del voraz mercado capitalista y de los bancos. En su m\u00e1xima creaci\u00f3n, bueno, esta afirmaci\u00f3n puede ser discutible, <em>Las uvas de la ira<\/em>, basada en las peripecias de los <em>okies<\/em> que en la Gran Depresi\u00f3n de fines de los veinte y comienzos de los treinta se van a California en busca de alguna esperanza de sobrevivencia, Steinbeck cuestiona al establecimiento y en cierto modo, sin sutilezas, asume cari\u00f1os por los derrotados y por las gestas sociales de los desvalidos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Steinbeck, nacido en 1902, en Monterrey, California, es un escritor que en sus tem\u00e1ticas asume desde las historias de piratas, la ocupaci\u00f3n alemana en alg\u00fan pa\u00eds n\u00f3rdico, la guerra, los amores contrariados como puede darse en <em>Al este del Ed\u00e9n<\/em> y otros \u00e1mbitos en los que est\u00e1n los trabajadores de conserver\u00edas y los desilusionados ante malas cosechas. En su extenso repertorio de ficciones, que incluye un \u00fanico libro de cuentos (<em>El valle largo<\/em>, con joyas como <em>Los cri<\/em>santemos y <em>La serpiente<\/em>), el autor de <em>La perla<\/em>, volver\u00e1 por sus fueros de mostrar las pobrezas y aspiraciones de trabajadores de ranchos, trashumantes, que en los tiempos del <em>Crack <\/em>econ\u00f3mico, se desplazan en b\u00fasqueda de empleo. Y as\u00ed concibe una de sus m\u00e1s intensas y bien logradas novelas: <em>De ratones y hombres<\/em>, tambi\u00e9n traducida como <em>La fuerza bruta<\/em>, de 1937.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La breve novela, que tambi\u00e9n goza de adaptaciones teatrales y cinematogr\u00e1ficas, es un canto muy afinado a la amistad, la solidaridad y los afectos entre dos hombres: uno con un severo retraso mental, Lennie Small (que por lo dem\u00e1s es un gigant\u00f3n) y George Milton, inteligente, pero sin casi ninguna ilustraci\u00f3n. Ambos, que parecen inseparables, se mantendr\u00e1n hasta el fin en medio de peripecias, sue\u00f1os, frustraciones y una relaci\u00f3n incondicional de protecci\u00f3n mutua, aunque, por supuesto, el que lleva la batuta del rumbo de las cosas es George.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como casi todas las obras del autor, \u00e9sta tambi\u00e9n tiene un inicio geogr\u00e1fico, con descripciones del valle de Salinas, con sauces y sicomoros que tendr\u00e1n relevancia en la novela, con hojarascas que crujen ante las pisadas de las lagartijas y conejos que se asoman por entre los matorrales. Y de pronto, en el atardecer, aparecen las siluetas de dos hombres, uno tras del otro, y aqu\u00ed el narrador los ir\u00e1 describiendo de una manera tan precisa y necesaria, que solo con unas pinceladas y sugerencias el lector puede saber algo o mucho del car\u00e1cter de cada uno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y casi de inmediato, tras una cinematogr\u00e1fica toma del paisaje, comienzan los di\u00e1logos, recurso clave en toda la novela y que el autor maneja con sapiencia y exactitud, sin barroquismos, sin excesos. La medida correcta y necesaria para dar cuenta de situaciones, modos de hablar, aspiraciones y maneras de actuar de los protagonistas. Los ratones, aunque a\u00fan m\u00e1s los conejos, son suertes de s\u00edmbolos sobre la vida y la muerte en las manos y en los sue\u00f1os de Lennie. La novela, de urdimbre perfecta, va tejiendo diversos nudos y amarres que un lector atento ver\u00e1 desde el principio, sin saber hacia d\u00f3nde conducen, en qu\u00e9 otro r\u00edo desembocar\u00e1 la impetuosa corriente de acontecimientos que rodean a los dos hombres o que ellos mismos generan.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay un hondo conocimiento de la espacialidad, de los movimientos de los personajes, del rancho y sus labores. En la medida que se avanza en la lectura, la novela crece en belleza y sentimentalidad. \u201cVamos a tener conejos de muchos colores\u201d, le dice el grandull\u00f3n a su protector George. Hay, en medio de los trabajos, de la organizaci\u00f3n de rudeza de los mismos en la granja dedicada a la siembra de cebada, una presencia perturbadora, la de una mujer que es la esposa del hijo del due\u00f1o, llamado Curley. Y que se torna en un elemento de quiebre de la obra, una aparici\u00f3n que disocia la aparente calma de los hombres del lugar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si bien sobre el tontarr\u00f3n forzudo se ciernen sospechas, miradas extra\u00f1as, comportamientos que parecen raros sobre todo al patr\u00f3n, es George el que est\u00e1 atento a no dejar que se desvele entre los trabajadores el problema mental de su amigo. Curley es un provocador, un sujeto engre\u00eddo que busca camorra y que gusta de la pelea. Y en ese sentido, est\u00e1 siempre en actitud de molestar a Lennie, cuya presencia desbordante en lo f\u00edsico no arredra al hijo del due\u00f1o del rancho.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wp-caption alignnone\"><img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" class=\"\" src=\"https:\/\/spitaletta.files.wordpress.com\/2018\/07\/libros-steinbeck.jpg?w=800\" border=\"0\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Museo de Steinbeck, en Salinas, California.<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En medio de aquel lugar de trabajos de fuerza, en la que una mujer de vestido rojo es una frecuente tentaci\u00f3n, hay un personaje extraordinario, Slim el mulero, un canchero, el l\u00edder de la rancher\u00eda, dotado de sapiencia y de los dones de la serenidad. Y, en medio de los trabajadores, est\u00e1 el viejo Candy que es due\u00f1o de un perro viejo y es cuando va a aparecer una pistola <em>Luger<\/em>, todo como parte del montaje que, con habilidad de orfebre, va disponiendo el narrador. No hay nada gratuito en esta obra de enormes intensidades y tensiones que pueden conducir al lector a un nerviosismo permanente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Todo lo que en esta novela aparece tendr\u00e1 un uso, un destino, una funci\u00f3n, como suele pasar en el teatro y sus escenograf\u00edas, con sus utiler\u00edas nada gratuitas. El drama va in crescendo, aumenta con dosis calculadas de suspenso, con la muerte siempre al acecho. Un torrente de tristezas se va conformando en la medida en que avanzan los hechos, en que las situaciones se conjugan para conducir a un desenlace de dolores y desprendimientos indetenibles. La fuerza de los sucesos, que est\u00e1n hilada con sutileza, ser\u00e1 incontenible, como un volc\u00e1n en erupci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En medio de las diversas conexiones entre los personajes, el narrador muestra con detalles precisos las condiciones de trabajo en el rancho, las maneras de salirse de la rutina con algunos juegos y reuniones, pero, ante todo, la explotaci\u00f3n de la mano de obra, con largas jornadas. Y, en medio de estas circunstancias, se va dibujando la fuerza desaforada de Lennie, un tipo que, pese a sus limitaciones de pensamiento, manifiesta una ternura inusitada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La novela est\u00e1 llena de tristuras, de sue\u00f1os truncos, de derrotas. Hay una conexi\u00f3n existencial, vital, o, de otra forma, mortal, entre un perro viejo y el destino final de Lennie. Y, por otra parte, una adecuada medida de la acci\u00f3n y la reacci\u00f3n, de las causas y sus efectos. Y, como tel\u00f3n de fondo, se despliega, con un personaje negro, el racismo y la segregaci\u00f3n. En el caso de la mujer (de u\u00f1as pintadas de rojo y \u201ccabello peinado en bucles como salchichas\u201d), como una especie de m\u00edtica Lilith, una causadora de perdiciones, como si fuera el diablo de Tolstoi, es imprescindible en la confecci\u00f3n de la tragedia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Porque, ante todo, <em>De ratones y hombres <\/em>es una evocaci\u00f3n, o una reconstrucci\u00f3n contempor\u00e1nea, bueno, de los a\u00f1os treinta del siglo XX, de las antiguas tragedias griegas. Hay un destino ineludible. Una imposibilidad para huir de lo ya trazado por los dioses de la desesperaci\u00f3n y la desesperanza. Es una novela sobre el derrumbamiento de un sue\u00f1o. Qu\u00e9 capacidad la de Steinbeck para incorporar en siete cap\u00edtulos una historia compleja de desolaci\u00f3n, fraternidad y muerte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alguien, no s\u00e9 qui\u00e9n, dijo alguna vez que esta novela es sobre aquella gente que sobra, que est\u00e1 al margen, destinada a llevar sobre sus hombros la desgracia. Es posible. A la vez, es una novela plena de humanidad, de dolorosas separaciones, de fuerza bruta que se puede deshacer en l\u00e1grimas furtivas o en la carencia elemental de una salsa de tomate.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay en ella una reflexi\u00f3n sobre la fuerza bruta; el manejo apropiado o desproporcionado de la misma; acerca de su uso que, en muchas veces, puede ser mortal. Lennie es aquel personaje dotado de desmedida fuerza, pero sin inteligencia. Es, con su estatura y su apariencia desvalida, con su ternura inconsciente, un personaje inolvidable y doloroso. Es, con palabras de su amigo George, como un ni\u00f1o, \u201csolo que es demasiado fuerte\u201d. Y esa fortaleza desaforada es la que mueve los mecanismos de relojer\u00eda de la novela.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Steinbeck, un tipo odiado por muchos y admirado por miles en su patria, el mismo que en sus \u00faltimos tiempos decidi\u00f3 viajar por su pa\u00eds acompa\u00f1ado de su perro Charley, detest\u00f3 a los cr\u00edticos, los cuales, entre otras cosas, manifestaron siempre su desprecio por este escritor. Sin embargo, en vida alcanz\u00f3 las simpat\u00edas y afectos de los trabajadores, a los que incluy\u00f3 en numerosas novelas y algunos de sus cuentos. Uno de sus cuestionadores m\u00e1s ac\u00e9rrimos ha sido el gran gur\u00fa de la cr\u00edtica en los Estados Unidos, Harold Bloom, autor de <em>El canon occidental<\/em>. \u201cEs triste, pero Steinbeck no consigui\u00f3 sacarse de la cabeza la m\u00fasica de Ernest Hemingway; uno no puede leer tres p\u00e1rrafos de Steinbeck sin pensar en un Hemingway mal escrito\u201d, dictamin\u00f3 Bloom.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A Bloom, en todo caso, lo contradicen decenas de miles de lectores, de j\u00f3venes y viejos que hoy en distintas geograf\u00edas se introducen en las atm\u00f3sferas y mundos tremendos de un escritor que retrat\u00f3 con creces y con autoridad literaria los d\u00edas m\u00e1s inh\u00f3spitos y tristes de muchos trabajadores de su pa\u00eds, en particular de aquellos que soportaron en sus hombros la crisis del capitalismo. <em>De ratones y hombres<\/em> puede ser una de las obras m\u00e1s sentidas y apote\u00f3sicas sobre la amistad. Esa misma que, pese a las circunstancias adversas, no terminar\u00e1 con el sonido de un disparo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure class=\"wp-caption alignnone\"><img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/spitaletta.files.wordpress.com\/2018\/07\/casa-steinbeck.jpg?w=800\" border=\"0\" \/><figcaption class=\"wp-caption-text\">Casa victoriana donde vivi\u00f3 el escritor John Steinbeck, en Salinas, ahora convertida en un restaurante. <em>Foto Reinaldo Spitaletta<\/em><\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reinaldo Spitaletta, julio de 2018 Ser filocomunista, o, con un poco m\u00e1s de distancia ideol\u00f3gica, simpatizante comunista, o, en todo caso, alguien que respalda las luchas sociales, es, en Estados Unidos, un signo inequ\u00edvoco de pertenecer al odio. 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