{"id":10264,"date":"2016-07-19T14:00:09","date_gmt":"2016-07-19T14:00:09","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/cuando-la-tierra-dejo-de-ser-el-centro-del-universo\/"},"modified":"2016-07-19T14:00:09","modified_gmt":"2016-07-19T14:00:09","slug":"cuando-la-tierra-dejo-de-ser-el-centro-del-universo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/cuando-la-tierra-dejo-de-ser-el-centro-del-universo\/","title":{"rendered":"Cuando la Tierra dej\u00f3 de ser el centro del Universo"},"content":{"rendered":"<p>Se cumplen 500 a\u00f1os de la publicaci\u00f3n de la teor\u00eda helioc\u00e9ntrica de Cop\u00e9rnico. Revolucion\u00f3 la visi\u00f3n del hombre respecto a su lugar en el Cosmos.<\/p>\n<p>Hace 500 a\u00f1os, Nicol\u00e1s Cop\u00e9rnico, un desconocido canon de la catedral de la ciudad de Frombork, en la actual Polonia, distribuy\u00f3 un peque\u00f1o op\u00fasculo manuscrito entre su c\u00edrculo m\u00e1s pr\u00f3ximo. El texto conten\u00eda, sin aparato matem\u00e1tico, un programa helioc\u00e9ntrico que culminar\u00eda con su magnum opus, &#8220;De revolutionibus&#8221;, que apareci\u00f3 cuando Cop\u00e9rnico se hallaba ya en su lecho de muerte, en 1543. Sin saberlo, su trabajo contribuir\u00eda de manera esencial a cambiar la visi\u00f3n del hombre respecto a su posici\u00f3n en el universo, a pesar de la censura a la que eventualmente se enfrentar\u00eda. En el proceso la teor\u00eda copernicana ser\u00eda una de las piedras angulares sobre las que se edificar\u00eda la revoluci\u00f3n cient\u00edfica, cuyos efectos hoy en d\u00eda son tan patentes.<\/p>\n<p>El &#8220;programa de investigaci\u00f3n&#8221; helioc\u00e9ntrico que expuso en el &#8220;Commentariolus&#8221;, nombre que dio a su manuscrito, se bas\u00f3 en siete axiomas o principios, entre los que destacaban dos ideas totalmente fuera de la visi\u00f3n del hombre medieval: que el movimiento nocturno aparente de las estrellas era debido a la rotaci\u00f3n de la Tierra y que el ciclo anual del Sol se produc\u00eda porque nuestro planeta gira alrededor de aquel. <\/p>\n<p>Muy poco tiempo despu\u00e9s de la distribuci\u00f3n del \u00abCommentariolus\u00bb, Mart\u00edn Lutero, un te\u00f3logo y fraile agustino, clav\u00f3 en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg sus 95 tesis contra las indulgencias, iniciando la reforma del cristianismo. Se sumi\u00f3 as\u00ed el continente en numerosos conflictos que contribuyeron a un nuevo reparto de poder, proceso que supuso el cambio de la fisonom\u00eda pol\u00edtica y econ\u00f3mica de Europa. As\u00ed, la reforma protestante y el subsecuente proceso de contrarreforma favorecieron la aparici\u00f3n de cierta fractura cultural en Europa, a la que no ser\u00eda ajena la teor\u00eda helioc\u00e9ntrica. <\/p>\n<p>Justamente desde el protestantismo vendr\u00eda una de las primeras respuestas al programa de Cop\u00e9rnico. Lutero reaccion\u00f3 muy negativamente a la interpretaci\u00f3n helioc\u00e9ntrica de Cop\u00e9rnico, bas\u00e1ndose en las escrituras cristianas, hasta el punto de denigrarlo, aunque sin nombrarlo, en un comentario formulado en 1539. <\/p>\n<p>La azarosa publicaci\u00f3n de &#8216;De revolutionibus&#8217;<\/p>\n<p>Cop\u00e9rnico trabaj\u00f3 durante varias d\u00e9cadas en su gran obra. Aunque pudo terminarla hacia 1530, no se decid\u00eda a publicarla, a pesar de existir cierta expectativa en determinados c\u00edrculos. As\u00ed, Johann Albrecht Widmannstetter, secretario del Papa Clemente VII, imparti\u00f3 una serie de explicaciones sobre la teor\u00eda helioc\u00e9ntrica en 1533 a distintos miembros de la curia romana y el mismo pont\u00edfice le regal\u00f3 un valioso manuscrito griego en agradecimiento. Tras el fallecimiento de Clemente, Widmannstetter pas\u00f3 a ser secretario del cardenal Sch\u00f6nberg, procurador general de la orden de Santo Domingo, quien en 1536 apremi\u00f3 por carta a Cop\u00e9rnico para que publicase su trabajo, incluso afirmando que \u00e9l se har\u00eda cargo de los gastos. Pero el impulso final que decidi\u00f3 la impresi\u00f3n no vino del lado cat\u00f3lico, sino de un joven e impulsivo profesor protestante: Georg Joachim Rheticus.<\/p>\n<p>Rheticus estudi\u00f3 el texto junto a Cop\u00e9rnico durante dos a\u00f1os. En 1540, le permiti\u00f3 que publicase un resumen bajo el t\u00edtulo &#8220;Narratio prima de libris revolutionum Copernici&#8221;. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde le entreg\u00f3 el manuscrito corregido, en su versi\u00f3n final, con objeto de que se imprimiese en la ciudad de N\u00faremberg, famosa por la calidad de sus textos astron\u00f3micos. Rheticus, con un criterio equivocado, confi\u00f3 la supervisi\u00f3n del proceso a Andreas Osiander, te\u00f3logo y editor protestante. <\/p>\n<p>En abril de 1541 Osiander escribi\u00f3 a Cop\u00e9rnico y a Rheticus sugiriendo que tal vez fuera mejor presentar los movimientos de traslaci\u00f3n y rotaci\u00f3n la Tierra como una hip\u00f3tesis y no como un hecho comprobado, con objeto de acallar a los ortodoxos, tanto desde el punto de vista teol\u00f3gico como acad\u00e9mico, aunque no se conoce la respuesta del astr\u00f3nomo. Sin embargo, al igual que Lutero pocos a\u00f1os antes, el reformador religioso Philipp Melanchthon mostr\u00f3 su oposici\u00f3n y Rheticus se vio obligado a solicitar por carta al Duque Alberto de Prusia que interviniese para evitar las objeciones de estos dos l\u00edderes del movimiento religioso protestante.<\/p>\n<p>El heliocentrismo y su legado<\/p>\n<p>Tras su impresi\u00f3n, los primeros ejemplares de &#8220;De revolutionibus&#8221;, alcanzaron a Cop\u00e9rnico el mismo d\u00eda que \u00e9l muri\u00f3. De llegar a leer las primeras p\u00e1ginas, tal vez lamentase c\u00f3mo se consum\u00f3 el proceso, ya que Andreas Osiander cambi\u00f3 ligeramente el t\u00edtulo inicial motu proprio. No solo eso, su temeridad lleg\u00f3 hasta el extremo de insertar un aviso al lector afirmando que el resultado del trabajo no era la b\u00fasqueda de la verdad, sino un artificio matem\u00e1tico para calcular las posiciones de los planetas de manera m\u00e1s sencilla. \u00bfQu\u00e9 razones se ocultaban detr\u00e1s de este proceder tan inaceptable? Y, sobre todo, \u00bfqu\u00e9 relevancia tuvo y tiene la obra de Cop\u00e9rnico?<\/p>\n<p>&#8220;De revolutionibus&#8221; fund\u00f3 la cosmolog\u00eda moderna, negando la centralidad de la Tierra, expandi\u00f3 el tama\u00f1o del Universo y situ\u00f3 al Sol muy cerca del centro de aqu\u00e9l. Estos conceptos se opon\u00edan al saber de los sabios y a la experiencia m\u00e1s directa del hombre com\u00fan, pero sobre todo a la doctrina eclesi\u00e1stica de los doctores de la Iglesia. Era pues un salto en el vac\u00edo, que requiri\u00f3 un gran esfuerzo intelectual para su concepci\u00f3n. Un riesgo para su carrera profesional, pero tambi\u00e9n personal: otros, entre los que se encuentran Giordano Bruno y Galileo Galilei, sufrir\u00edan d\u00e9cadas despu\u00e9s presiones, juicios, encarcelamientos y hasta el ajusticiamiento en la hoguera en el caso del primero.<\/p>\n<p>En plena Era del Descubrimiento, con las exploraciones portuguesas y espa\u00f1olas, y con la masiva llegada y publicaci\u00f3n de manuscritos griegos, con su consiguiente cr\u00edtica a la luz de los nuevos hallazgos, se produjo un cambio completo de paradigma. El Renacimiento hab\u00eda puesto al hombre y no a Dios en el centro; ahora la cosmograf\u00eda colocaba a la naturaleza en el punto focal de la realidad.<\/p>\n<p>La idea copernicana tuvo varios antecedentes. Aristarco de Samos, en el siglo III antes de nuestra era, abraz\u00f3 este concepto, pero fue mucho m\u00e1s all\u00e1. Identific\u00f3 el fuego central con el Sol, al que coloc\u00f3 en el centro del Universo, y postul\u00f3 que las estrellas son objetos similares al Sol. Pero estas revolucionarias ideas, que eran conocidas por Cop\u00e9rnico, no est\u00e1n recogidas en la versi\u00f3n impresa de \u00abDe revolutionibus\u00bb. Ni siquiera en el manuscrito que recibieron Rheticus y Osiander. Curiosamente, fue el mismo Cop\u00e9rnico quien elimin\u00f3 la referencia del heliocentrismo de Aristarco, tal vez en un ejercicio de prudente autocensura y quiz\u00e1s influido por la carta de Osiander de 1541.<\/p>\n<p>Tras su aparici\u00f3n, el pr\u00edncipe Felipe de Austria estudi\u00f3 el texto con su preceptor el obispo Juan Mart\u00ednez Sil\u00edceo por orden de su padre el emperador Carlos V. Y es que el nuevo c\u00e9sar era un apasionado de la ciencia y disfrutaba de las lecciones del cosm\u00f3grafo Alonso de Santa Cruz. El mismo pr\u00edncipe, ya reinando como Felipe II, dio mucha importancia a las matem\u00e1ticas, contrariamente a su imagen de persona oscura y en exceso religiosa.<\/p>\n<p>En el resto de Europa el heliocentrismo se abri\u00f3 paso lentamente. Entre sus defensores se encontraron Thomas Digges, Giordano Bruno, Christopher Rothmann o Jer\u00f3nimo Mu\u00f1oz antes del final de siglo. Una de las primeras aceptaciones expl\u00edcitas y p\u00fablicas vendr\u00eda de Diego de Z\u00fa\u00f1iga en 1584, aunque posteriormente se retractar\u00eda en base a postulados puramente acad\u00e9micos, sin presi\u00f3n eclesi\u00e1stica. <\/p>\n<p>La Iglesia Cat\u00f3lica mostr\u00f3 una actitud inicialmente positiva. De hecho, la reforma del calendario realizada bajo el Papa Gregorio XIII, promulgada en 1582 en Portugal, Espa\u00f1a y los estados de la pen\u00ednsula It\u00e1lica, estuvo basada en las tablas Prut\u00e9nicas de Erasmus Reingold. Esta herramienta astron\u00f3mica fue publicada en 1551 y fue la primera basada en el heliocentrismo copernicano, a pesar de asumir que solo era un &#8220;artificio matem\u00e1tico&#8221; para &#8220;salvar las apariencias&#8221;, un conveniente eufemismo que se utilizar\u00eda en numerosas ocasiones, tanto desde la Antig\u00fcedad como en el propio pr\u00f3logo de &#8220;De revolutionibus&#8221;. Al final, tras los descubrimientos realizados con el telescopio a partir de 1610 y la intervenci\u00f3n de Galileo Galilei en el terreno de la teolog\u00eda, varias obras helioc\u00e9ntricas ser\u00edan prohibidas hace justo 400 a\u00f1os, y el texto de Cop\u00e9rnico fue sometido a un interdicto hasta su &#8220;correcci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>Luces y sombras en el mundo acad\u00e9mico<\/p>\n<p>Las reacciones en los estamentos acad\u00e9micos de los pa\u00edses protestantes fueron, sin embargo, indiferentes cuando no negativas. As\u00ed, el profesor de la universidad de Wittenberg Caspar Paucer aconsej\u00f3 en 1551 al Landgrave de Hesse que prohibiese la ense\u00f1anza del heliocentrismo, que en cualquier caso ser\u00eda condenado de manera expl\u00edcita por las universidades de Z\u00fcrich, Rostock y T\u00fcbingen. Aunque tambi\u00e9n la Sorbona en Par\u00eds seguir\u00eda la estela de las universidades protestantes. Este hecho contrasta con la universidad de Salamanca, en donde se ense\u00f1\u00f3 el heliocentrismo como m\u00e9todo de c\u00e1lculo astron\u00f3mico en la segunda mitad del siglo XVI, sin entrar en disquisiciones sobre sus implicaciones como representaci\u00f3n de la realidad.<\/p>\n<p>Ya en el XVII, aparecieron las figuras de Thomas Harriot, Galileo Galilei, Sim\u00f3n Stevin, Michael Maestlin, Johannes Kepler, Juan Cedillo D\u00edaz y Juan Bautista V\u00e9lez. Una escasa colecci\u00f3n para una interpretaci\u00f3n de la realidad destinada a cambiar el mundo. La primera gran figura que se &#8220;convirti\u00f3&#8221; al heliocentrismo fue Kepler, aunque Galilei, en sus intercambios epistolares con aqu\u00e9l, afirm\u00f3 que era un helioc\u00e9ntrico convencido mucho antes de sus escritos de 1612-1616, a\u00f1o de su primer encontronazo importante con el Santo Oficio y la consiguiente admonici\u00f3n para que no ense\u00f1ase la teor\u00eda copernicana. A partir de ese momento, la jerarqu\u00eda cat\u00f3lica cambiar\u00eda completamente su posicionamiento: pasar\u00eda de una flexibilidad utilitaria a una gran intransigencia militante. Al final ser\u00e1 la interpretaci\u00f3n de una Tierra est\u00e1tica la que perdurar\u00eda hasta el siglo XVIII en los pa\u00edses cat\u00f3licos. El uso de &#8220;De revolutionibus&#8221; se limit\u00f3 a la realizaci\u00f3n de c\u00e1lculos de efem\u00e9rides y permanecer\u00eda formalmente en el \u00edndice de los libros prohibidos por la Inquisici\u00f3n hasta el a\u00f1o 1835. <\/p>\n<p>La historia que subyace en el desarrollo del heliocentrismo iniciado con el &#8220;Commentariolus&#8221; de Cop\u00e9rnico es, en realidad, el enfrentamiento del individuo con el poder y las creencias asentadas. Un fen\u00f3meno que se repite una y otra vez, y no solo en la ciencia, como recientemente hemos visto con la teor\u00eda de la gravitaci\u00f3n de Albert Einstein y la espectacular detecci\u00f3n de las ondas que predijo hace 100 a\u00f1os. En todos los campos del saber, en cualquier actividad humana, unos pocos visionarios empujan los l\u00edmites del conocimiento y nos ofrecen nuevas v\u00edas de desarrollo y, finalmente, de bienestar.<\/p>\n<p>(*) David Barrado Navascu\u00e9s es investigador del Departamento de Astrof\u00edsica del Centro de Astrobiolog\u00eda (CSIC-INTA).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se cumplen 500 a\u00f1os de la publicaci\u00f3n de la teor\u00eda helioc\u00e9ntrica de Cop\u00e9rnico. Revolucion\u00f3 la visi\u00f3n del hombre respecto a su lugar en el Cosmos. Hace 500 a\u00f1os, Nicol\u00e1s Cop\u00e9rnico, un desconocido canon de la catedral de la ciudad de Frombork, en la actual Polonia, distribuy\u00f3 un peque\u00f1o op\u00fasculo manuscrito entre su c\u00edrculo m\u00e1s pr\u00f3ximo. 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