{"id":10108,"date":"2016-04-25T12:20:38","date_gmt":"2016-04-25T12:20:38","guid":{"rendered":"https:\/\/moir.org.co\/web\/versalles-o-el-cosmos\/"},"modified":"2016-04-25T12:20:38","modified_gmt":"2016-04-25T12:20:38","slug":"versalles-o-el-cosmos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/moir.com.co\/web\/versalles-o-el-cosmos\/","title":{"rendered":"Versalles o el cosmos"},"content":{"rendered":"<p>En un viaje reciente al pa\u00eds galo, he escuchado una an\u00e9cdota que ha llamado poderosamente mi atenci\u00f3n. Sucedi\u00f3 cuando el dux de G\u00e9nova, Francesco Maria Imperiale Lercari, visit\u00f3 Versalles en 1685 para inclinarse ante Luis XIV y expresarle su &#8220;extr\u00eame regret de lui avoir d\u00e9plu&#8221; (su &#8220;gran arrepentimiento por haberle disgustado&#8221;). La peque\u00f1a rep\u00fablica de G\u00e9nova ven\u00eda apoyando a Espa\u00f1a facilit\u00e1ndonos galeras y, en t\u00e9rminos generales, ven\u00eda mostrando una actitud muy insolente hacia Francia. Como consecuencia de ello, en mayo de 1684, una flota de guerra comandada por Duquesne hab\u00eda castigado a G\u00e9nova bombarde\u00e1ndola durante seis d\u00edas y, como colof\u00f3n, los franceses acabaron exigiendo que los embajadores de G\u00e9nova fuesen a Par\u00eds a pedir disculpas. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, concretamente el 15 de mayo de 1685, el mismo dux se person\u00f3 ante el Rey Sol quien, en la c\u00faspide de su gloria, le recibi\u00f3 en el grandioso Versalles. Se cuenta que, ya tras las disculpas, en la magn\u00edfica galer\u00eda de espejos, Luis XIV pregunt\u00f3 al dux: &#8220;\u00bfQu\u00e9 es para usted lo m\u00e1s asombroso de Versalles?&#8221;, a lo que el dux respondi\u00f3 escuetamente en su dialecto genov\u00e9s: &#8220;Mi chi&#8221;, esto es, &#8220;el hecho de verme aqu\u00ed&#8221;.<\/p>\n<p>Pues bien, esta an\u00e9cdota me hace pensar que, de manera similar a aquel dux, el Homo Sapiens puede asombrarse hoy cuando considera su lugar en este colosal Versalles que es el universo. Sobre todo en esta \u00e9poca extraordinaria que nos ha tocado vivir cuando potentes telescopios, tanto en tierra como en el espacio, nos permiten observar todas las maravillas que decoran el cosmos. Y no se trata solo de la contemplaci\u00f3n de objetos y fen\u00f3menos inconexos, sino que en el curso del \u00faltimo siglo hemos podido elaborar una narraci\u00f3n detallada y muy bien hilada de la fascinante historia del universo.<\/p>\n<p>Esta historia ha podido ser reconstruida gracias a la exploraci\u00f3n de los dos infinitos de Pascal. Tan importante y reveladora es la investigaci\u00f3n de lo infinitamente grande como la de lo infinitamente peque\u00f1o. En los a\u00f1os 1920, Hubble descubri\u00f3 el movimiento de alejamiento que tiene lugar entre las galaxias, lo que pronto llev\u00f3 a la concepci\u00f3n del Big Bang, y sabemos as\u00ed que nuestra historia comenz\u00f3 hace 13.800 millones de a\u00f1os. Y, casi simult\u00e1neamente, tambi\u00e9n durante las primeras d\u00e9cadas del siglo XX se establecieron las bases de la f\u00edsica cu\u00e1ntica y de las part\u00edculas elementales, unos conceptos indispensables para describir los primeros instantes del universo.<\/p>\n<p>En un principio, el universo no era m\u00e1s que un plasma de quarks y electrones. Pero al cabo de tan s\u00f3lo un milisegundo, los quarks ya se hab\u00edan agrupado para formar protones y neutrones. A medida que el universo se expande, tambi\u00e9n se enfr\u00eda y otras part\u00edculas m\u00e1s complejas llegan a ser estables. Los tres primeros minutos del universo fueron extremadamente importantes pues en ese tiempo se pudieron sintetizar, mediante reacciones nucleares, los primeros n\u00facleos at\u00f3micos: los protones y los neutrones se combinaron para formar n\u00facleos de deuterio, helio y, en menor abundancia, berilio y litio. <\/p>\n<p>Un acontecimiento sumamente importante sucedi\u00f3 al cabo de 300.000 a\u00f1os, cuando la temperatura del universo hab\u00eda descendido a unos 3.000 grados. En ese momento, los electrones que hab\u00edan permanecido libres quedan atrapados por los n\u00facleos at\u00f3micos constituyendo as\u00ed los primeros \u00e1tomos. En este proceso de combinaci\u00f3n (denominado por los astr\u00f3nomos &#8220;recombinaci\u00f3n&#8221; de manera impropia) se libera un gran destello de radiaci\u00f3n que ha dejado ese eco que hoy observamos como una radiaci\u00f3n de fondo en toda la b\u00f3veda celeste.<\/p>\n<p>El universo estaba entonces constituido principalmente por \u00e1tomos de hidr\u00f3geno que formaban unas grandes nubes, y al cabo de 700.000 a\u00f1os la densidad en algunas zonas de estas nubes fue suficientemente alta para que se formasen mol\u00e9culas de hidr\u00f3geno. Son estas nubes las que dan lugar a las galaxias y, en las regiones m\u00e1s densas de \u00e9stas, a la primera generaci\u00f3n de estrellas. <\/p>\n<p>La m\u00e1xima producci\u00f3n de estrellas tiene lugar al cabo de unos 3.000 millones de a\u00f1os tras el Big Bang. Los n\u00facleos estelares act\u00faan como gigantescos reactores nucleares que van formando elementos qu\u00edmicos progresivamente m\u00e1s pesados, entre ellos el carbono, que resultar\u00e1 indispensable para la emergencia ulterior de la vida.<\/p>\n<p>Con estas primeras estrellas tambi\u00e9n se inicia un inmenso y sorprendente ciclo c\u00f3smico. Tras vivir su vida transformando el hidr\u00f3geno en su interior, una vez que acaban su energ\u00eda nuclear, las estrellas mueren espectacularmente, entre grandes explosiones y eyecciones que parecen fuegos c\u00f3smicos de artificio. En esos procesos, devuelven parte de su materia al espacio interestelar y en las nubes de ese espacio pueden formarse nuevas generaciones de estrellas. Las estrellas van as\u00ed naciendo, viviendo, muriendo y volviendo a nacer. En el proceso se forman muchos astros portentosos: planetas, cometas, nebulosas planetarias, supernovas, estrellas de neutrones, agujeros negros, y un largo etc\u00e9tera. Es un ciclo maravilloso y que nos deja absolutamente perplejos cuando consideramos la sabidur\u00eda que la naturaleza demuestra tambi\u00e9n en estas escalas colosales.<\/p>\n<p>En este universo sin centro, que no tiene ning\u00fan lugar privilegiado, existe una galaxia espiral m\u00e1s bien corriente, a la que denominamos V\u00eda L\u00e1ctea, y en una de sus regiones perif\u00e9ricas existe una estrella peque\u00f1a y anodina que se form\u00f3 hace unos 4.600 millones de a\u00f1os rodeada por ocho planetas. En el tercero de ellos, un peque\u00f1o planeta rocoso, se dieron en un momento toda una serie de condiciones que propiciaron la emergencia de la vida. A pesar de que hay innumerables exoplanetas orbitando en torno a otras estrellas, y a pesar de que todo parece indicar que la vida deber\u00eda ser un fen\u00f3meno bastante generalizado en el universo, la terrestre es la \u00fanica forma de vida que conocemos. Es parte de la paradoja enunciada por el f\u00edsico Enrico Fermi en los a\u00f1os 1950: si la vida extraterrestre es tan frecuente que ha podido permitir la formaci\u00f3n de otras civilizaciones, entonces, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n esas civilizaciones? \u00bfPor qu\u00e9 no encontramos ning\u00fan indicio de su existencia? \u00bfEstamos realmente solos? Puede que las civilizaciones tras vivir \u00e9pocas de abundancia se autoexterminen por medio de guerras o, simplemente, agotando los recursos que son imprescindibles para mantener su desarrollo. Pero tambi\u00e9n puede que, al fin y al cabo, la vida sea un fen\u00f3meno raro. As\u00ed es y ha sido, al menos, en el caso de la Tierra, pues tan s\u00f3lo un peque\u00f1o porcentaje de la materia est\u00e1 animado de vida y esto ha sido as\u00ed durante un lapso relativamente corto en la historia del planeta. <\/p>\n<p>\u00c9ste es nuestro lugar en el universo: el Homo Sapiens es un fen\u00f3meno aparentemente excepcional que nos sorprende por su insignificancia en el contexto c\u00f3smico. Pero en esta peque\u00f1ez yo encuentro un significado enorme, pues estas diminutas criaturas viviendo sobre una min\u00fascula mota de polvo han sido capaces de encontrar la manera de explorar la estructura \u00edntima de la materia y de la vida, de enviar sondas espaciales a otros planetas, de narrar la historia de nuestro universo. Pero, sobre todo, en la peque\u00f1ez del ser humano, en sus sentidos y en su inteligencia, en su sorprendente aptitud de autoconsciencia, es donde el universo adquiere toda su importancia y todo su incre\u00edble esplendor. Parafraseando a Sagan podemos afirmar que este peque\u00f1o cerebro del Homo Sapiens es el medio que ha encontrado el universo para pensarse a s\u00ed mismo y as\u00ed poder estudiarse, y admirarse de todas sus maravillas.<\/p>\n<p>Como el dux de G\u00e9nova en Versalles, el Homo Sapiens en el cosmos no puede sino sentirse perplejo por su presencia aqu\u00ed y, como aqu\u00e9l, no podemos sino decirnos &#8220;lo m\u00e1s asombroso de universo es el hecho de vernos aqu\u00ed&#8221;.<\/p>\n<p>*Rafael Bachiller es astr\u00f3nomo, director del Observatorio Astron\u00f3mico Nacional (IGN) y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En un viaje reciente al pa\u00eds galo, he escuchado una an\u00e9cdota que ha llamado poderosamente mi atenci\u00f3n. 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