Gustavo Quesada, Bogotá, enero 7 de 2019

Las declaraciones del presidente Ivan Duque en su reunión con Mike Pompeo, Secretario de Estado norteamericano, del miércoles 2 de enero de 2019, en las que agradeció el apoyo de los “padres fundadores” de los Estados Unidos a la Independencia de Colombia, no solo son muestra del desconocimiento supino de la historia de Colombia, de él y de sus asesores, sino sobre todo del espíritu obsecuente y servil de nuestros gobernantes frente a los Estados Unidos.

La verdad sea dicha los “padres fundadores” de la nación norteamericana: Washington, Jefferson, Adams, Franklin, Hamilton y otros, vieron con simpatía la rebelión de América del Sur contra la monarquía absoluta de España, algunos, por supuesto no concordaron. La razón era obvia: Por una parte, la independencia de las 13 colonias y la independencia de América del Sur se movían en el mismo sentido de la historia: La creación de repúblicas y el libre comercio, es decir la extensión de la revolución burguesa al continente americano, y por otro, la apertura de los gigantescos mercados americanos, hasta ese momento cautivos del monopolio comercial español. De hecho, los “padres fundadores” toleraron los proyectos y conspiraciones de don Francisco de Miranda de 1806 (invasión a Venezuela), pero no podían hacer nada como Política Estado por tres razones esenciales: 1) La alianza con España y Francia se mantenía, puesto que estas naciones habían jugado un papel definitivo en la Independencia de las 13 colonias contra Inglaterra[1]. 2) Para la geopolítica norteamericana era de vital importancia la negociación de la Luisiana con los franceses y españoles y la negociación de la Florida con España. 3) Entre 1812 y 1815, los Estados Unidos se enfrentaron de nuevo a Inglaterra por la posesión de Canadá. Estas tres razones de política internacional hicieron que Estados Unidos se declara neutral en la guerra de Independencia de las colonias españolas de América del Sur.

Sin embargo, en diciembre de 1819 un delegado norteamericano asistió al Congreso de Angostura; en 1822 los Estados Unidos fue el primer país en reconocer la Independencia de Colombia y en 1823 el presidente James Monroe expide la famosa doctrina Monroe que fue un factor clave para impedir la invasión de la Santa Alianza a las ya prácticamente independientes naciones de América del Sur[2]. En definitiva, aunque hasta 1822 los “padres fundadores” de Norteamérica o sus sucesores no hicieron nada a favor de la Independencia de Colombia y más de una vez violaron su proclamada “neutralidad” a favor de España, esta neutralidad, el reconocimiento de 1822 y la Doctrina Monroe de 1823 inclinaron la balanza internacional a favor de la Independencia de los nuevos países de la América del Sur.

Otro aspecto digno de mencionar, en este debate, es la posición de Bolívar frente a Estados Unidos. Es innegable que Simón Bolívar fue el principal gestor político y militar de nuestra Independencia, al lado Santander en la Nueva Granada. Él fue el primer artífice de esa coalición de clases y sectores sociales que hicieron frente común contra la dominación española, incluidos los indígenas, los esclavos, los mestizos, los terratenientes esclavistas y la mayoría de la Iglesia Católica, sin cuyo concurso la victoria hubiera sido una utopía; él fue quien logró el paso de la guerra de milicianos y montoneras a la guerra racional moderna; él fue quien logró darle a los ejércitos patriotas su carácter de ejércitos populares y quien llevó la Independencia a Venezuela, Ecuador y Perú y conquistó la soberanía nacional para medio continente.

Sin embargo, Bolívar siempre vio con malos ojos las repúblicas y la democracia liberal. Su modelo de Estado la plasmó en la Constitución Boliviana de 1825 (ya anunciado desde el Congreso de Angostura), un modelo más cercano a las monarquías que a las repúblicas y que quiso imponer en los países por él mismo liberados. Igual la Confederación de los Andes o el magnífico proyecto de la Liga Anfictiónica de Panamá, propuestas que fracasaron puesto que el continente salía de una guerra de 15 años, guiado en la mayoría de los casos por el ideario liberal que se había materializado en la Revolución Francesa (1789) y en la Constitución de Filadelfia (1787), lo que suscitó una resistencia a Bolívar no solo en Colombia, con Santander, sino en el continente contra la política boliviarana. No sobra recordar los proyectos de monarquía y el protectorado inglés. Lo que Bolívar no aceptaba de los Estados Unidos era su modelo político liberal que desde su Independencia era la forma más avanzada de la revolución burguesa mundial, que había dejado atrás los modelos de monarquía constitucional y al imperio napoleónico; segundo, el gobierno de los Estados Unidos, por la voz de su presidente James Monroe, planteó la Doctrina Monroe, que se oponía a que en América del Sur se constituyeran países con modelos políticos diferentes al suyo (la democracia liberal) y que se establecieran nuevas colonias europeas en el subcontinente. Con lo primero le cerraba el paso a la Constitución Boliviana y con lo segundo a las ambiciones de la Santa Alianza y al protectorado inglés. He ahí el quid de la cuestión. El modelo de Estado.

El conflicto suscitado por toda América frente a las propuestas bolivarianas fue un factor disolvente de la unidad de Hispanoamérica. Para nosotros significó uno de los aspectos que impidió que la revolución de Independencia fuera a su vez la materialización del pensamiento de las generaciones que dieron la vida y la fortuna por una revolución democrático-burguesa.

No podemos confundir los Estados Unidos a lo largo de los siglos XVIII y XIX con los Estados Unidos de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando el capital financiero y los monopolios produjeron a un Theodore Roosevelt, su gran garrote, su Destino Manifiesto y su nueva versión de la Doctrina Monroe. Puerto Rico, Cuba y Colombia fueron de sus primeras víctimas. Ahora sí: América para los norteamericanos. En historia todo se debe ubicar en su contexto. En las primeras décadas del siglo XIX, los Estados Unidos eran la república más moderna del mundo, así su constitución fuera todavía censitaria y sobreviviera la esclavitud.

Finalmente, la obsecuencia de Ivan Duque no fue ante los “padres fundadores” de la sociedad norteamericana, fue exactamente ante sus contrarios: sus sepultureros. ¿Qué tiene que ver un Trump con un Jefferson o un Franklin? Es más: la reunión del 2 de enero de 2019, no fue, para promover la soberanía de los países hispanoamericanos y su desarrollo económico-social sino para agredir a Venezuela, que con todas sus graves dificultades y deficiencias es un país soberano y merece un tratamiento apropiado a su condición. Ivan Duque está plegado en su política internacional y latinoamericana, como en todos los demás asuntos, a las exigencias del imperio.

Notas:

[1][1] Incluso el mismo don Francisco de Miranda, nuestro gran precursor, aprendió el arte de la guerra moderna, como oficial del ejército español, luchando en EE UU contra el ejército inglés (toma de Pensacola en la Florida en 1781) y es allí donde entró de lleno en contacto con la filosofía política moderna y sobre todo con la obra de Thomas Paine, luego de haber sido acusado injustamente de espiar a favor de Inglaterra y de la orden de detención formulada por la Inquisición española.

[2] Propósito semejante tuvo la oposición de Inglaterra a este proyecto, planteado por la Santa Alianza en el Congreso de Gerona de 1822 (lo venía cocinando desde 1815). No podemos olvidar que derrotado Napoleón y vuelto Fernando VII a España, a Inglaterra ya no le interesaba la alianza con España. Por ello, a soto voce desde 1816 había autorizado la creación de la Legión Británica y hecho cuantiosos préstamos a los independentistas.

Deja un comentario