Reinaldo Spitaletta, El Espectador, Bogotá, febrero 15 de 2007

Las agresiones verbales del presidente Uribe contra miembros del Polo Democrático, además de desnudarle su defecto de estadista desequilibrado, tal vez hagan parte de una estrategia calculada para opacar otros aspectos clave en la política colombiana.

Una de ellas –ya comentada en pasada columna- es la farsa de la desmovilización paramilitar. El mismo Salvatore Mancuso, que tiene por qué saberlo, reveló por los días en que el mandatario acusaba a sus contradictores de “terroristas en traje de civil”, que más de cinco mil paramilitares se estaban rearmando. La noticia naufragó entre la palabrería uribista.

Y un asunto más grave, que ha pasado de agache en medio del pataleo presidencial, es la situación de salud en Colombia y lo que, según estudiosos del tema, se agudizará con la firma del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.

Ya lo había advertido, recientemente, el Nobel de Economía estadounidense Joseph Stiglitz. Al referirse al TLC, afirmó que el tratado (que no es “justo ni libre ni necesario”, según dijo) hará más difícil el acceso de los colombianos a las medicinas. “Uno de los problemas es que dentro de estos tratados no hay mucho de comercio como tal. Hay más que todo protecciones de inversiones y estatutos de propiedad intelectual que harán más difícil para los colombianos el acceso a medicinas que pueden salvar sus vidas”.

Cuando el progreso no es para todos en un país; cuando la mayoría se halla desamparada; cuando muchos “compatriotas” se acuestan sin comer; cuando las inequidades son cada vez mayores, pese al crecimiento de la economía, entonces se atraviesa por una situación de espanto. Y, bueno, ya se sabe que tales cuadros de desolación poco importan a las élites en el poder.

Lo peor está por venir con la suscripción del TLC. Por ejemplo, la Encuesta Nacional de Situación Nutricional publicó cifras de catástrofe: 17 de cada cien niños colombianos tienen desnutrición crónica y 50 de cada cien menores de cinco años están en riesgo de anemia, mientras 12 ya la padecen.

Al preguntarle a familias campesinas si alguno de sus miembros se acostaba sin comer, el 58.2 por ciento contestó que sí. Poco importará la radiografía (muchos colombianos son más hueso que carne) a los promotores del modelo neoliberal –entre ellos el Presidente Uribe-, generador de miserias sin cuento. Ah, y obvio: también el nefasto modelito ha enriquecido a los potentados.

Volvamos con la comida. Jean Ziegler, relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación, dice: “la experiencia indica que cuando hay un acuerdo de libre comercio entre países con economías asimétricas, el hambre crece siempre. El libre comercio es bueno cuando se trata de economías de un mismo nivel de desarrollo, de lo contrario, se convierte en un serio peligro para la seguridad alimentaria y nutricional, por la quiebra de los productores locales”.

De ese modo, el TLC también es una amenaza para la nutrición de la población más desvalida de un país como Colombia, que sin todavía haber entrado en vigencia el tratado, ya presenta altos índices de desnutrición.

Y qué tal el rubro de salud y medicamentos. Más de once millones de colombianos están por fuera de los sistemas de salud y carecen de posibilidades para adquirir medicinas. El TLC, que otorga gabelas a las transnacionales de la química farmacéutica, aumentará los costos para los colombianos, al tiempo que multiplicará las ganancias de aquéllas.

Según un análisis realizado por el Estudio Misión Salud-Ifarma 2006, las concesiones otorgadas a las multinacionales mediante el TLC, incrementarán los precios de los medicamentos hasta un cincuenta por ciento y marchitará la industria de los “genéricos”.

Con el TLC, que no está concebido en condiciones de igualdad, crecerá la hipoteca del país frente a los Estados Unidos. Así que una tarea prioritaria del pueblo colombiano es la de defender sus patrimonios de biodiversidad, oponerse a la biopiratería y al patentamiento de sus plantas.

Esas sí son amenazas contra la soberanía de la nación y contra la gente. Lo advierten no propiamente izquierdistas, ni “terroristas en traje de civil”. El Congreso colombiano, si realmente quiere asumir una actitud patriótica, deberá presentar repulsa al TLC, que no es “ni justo ni libre”, y cuya suscripción en los términos en que está redactado conducirá al pueblo colombiano a ser más flaco, más pobre y más humillado.

Deja un comentario