Jesús María Gereda Chacón, Cúcuta, marzo de 2021

Como preámbulo al bicentenario de la Constitución de Cúcuta y a la discusión sobre la autodeterminación y soberanía de los pueblos en el marco de la formación de las naciones, una vez alcanzada la independencia, el hombre de las leyes esboza, lo que sería un principio universal de convivencia, que mas tarde fue adoptado como norma del derecho internacional

ANTECEDENTES

La derrota del Páramo de Cachirí, decidió la suerte de la primera República. La noticia conocida en Santa Fe el 5 de marzo de 1816 causó pánico y desconcierto, tanto que Camilo Torres, presidente de las Provincias Unidas, renunció, dejó como encargado del gobierno a José Fernández Madrid y como general en jefe de las tropas republicanas a Manuel de Serviez. Éste militar francés, ante el estado lamentable en que encontró el ejército granadino y el avance inexorable de la reconquista española por el pacificador Morillo, resolvió retirarse a los llanos de Casanare, buscando mantener viva la llama de la libertad.

 

La retirada se inició el 5 de mayo de 1816 con los restos del ejército neogranadino al mando de Serviez y Santander, después de soportar la lluvia incesante, vadear ríos desbordados por la época invernal, las deserciones, el hambre, las enfermedades, y el acoso implacable del ejército español, llegaron el 1 de julio a la población de Chire un reducido número (56 infantes y 150 jinetes) de la tropa republicana que había emprendido el repliegue.  Allí los recibió una fuerza al mando del general Rafael Urdaneta, uno de los grupos que actuaban en los llanos de Casanare.

 

Pablo Morillo había logrado la pacificación de la mayor parte del territorio de la Nueva Granada, la única región libre de españoles era Casanare. Allí grupos de patriotas actuaban independientemente, descoordinados y con múltiples jefes lo que impedía acciones contundentes contra los españoles. De los tres grupos independientes que actuaban en la región, una columna la dirigía el coronel venezolano Miguel Valdés, que comandaba el ejército de Oriente con sede en Guasdualito (Venezuela), el segundo por el coronel casanareño Nepomuceno Moreno, gobernador de Casanare y el tercero por el general venezolano Rafael Urdaneta.

 

El coronel Valdés, consciente del caos que la división causaba en las tropas, propuso una reunión de todos los jefes que operaban en el llano y colocó como sitio de encuentro la población de Arauca, último pueblo de la Nueva Granada, en la frontera con Venezuela.  Urdaneta y Serviez, encargaron a Santander que acudió a la reunión el 16 de julio, donde la junta acordó nombrar al doctor Fernando Serrano, exgobernador de Pamplona, como Presidente, de ministro secretario general a Francisco Javier Yáñez, consejeros a los generales Rafael Urdaneta y Manuel de Serviez y sorpresivamente al coronel Francisco de Paula Santander como general en jefe del ejército. De esta forma Arauca se convirtió, por breve tiempo, en capital provisional de la Nueva Granada.

 

El nuevo gobierno se instaló en Guasdualito y por una serie de acontecimientos e intrigas en el seno del ejército y de los jefes, la mayoría de ellos venezolanos, el León de Apure, José Antonio Páez, se declaró jefe civil y militar de la región, incluyendo la provincia de Casanare y sus primeras medidas fueron decretar la cesación en sus funciones de presidente a Fernando Serrano y de comandante del ejército y consejeros a Santander y los generales Urdaneta y Serviez. Los tres militares fueron nombrados en las nuevas divisiones del ejército.

 

Francisco de Paula Santander participó en la campaña del Apure, durante el año 1816 y solicitó pasaporte para unirse al general Manuel Carlos Piar, Páez le concedió el permiso, pero en su camino se encontró en la Villa del Pao con Simón Bolívar el 2 de abril de 1817, Bolívar como jefe supremo de Venezuela y Santander con el empleo de coronel.

 

La guerra se intensificó en los años 17 y 18 entre los patriotas dirigidos por Bolívar y los españoles por el general Morillo, en lo que se llamó la campaña del Centro, o de Guayana, con triunfos y derrotas para los patriotas, que impidieron el objetivo de Bolívar, que era la toma de Caracas. Francisco de P. Santander estuvo presente en todas las acciones, incluso el día que un reducto español le hizo el atentado a Bolívar, en el Rincón de los Toros, cuando sudaba en su hamaca unas fiebres palúdicas y él y Santander salieron ilesos del sitio.

 

Bolívar recibió informaciones de la situación que vivía Casanare y resolvió cambiar de táctica militar. ¨Pensó en seguida en la invasión a la Nueva Granada a través del territorio de Casanare y buscó y eligió cuidadosamente el candidato ideal para la organización del ejército al recientemente ascendido general de división Francisco de Paula Santander. Comunicó esta decisión a Páez y al comandante general de armas de la provincia, ordenó a todas las autoridades que se pusieran bajo su mando y pusieran a disposición los medios necesarios para armar, vestir, organizar, disciplinar y aumentar el ejército.

LOS HECHOS

 Como se recordará, el general José Antonio Páez, dio un golpe de cuartel y   destituyó al presidente y demás funcionarios del gobierno que actuaban a nombre de la Nueva Granada. Lo mismo hizo con todas las autoridades de Casanare, sustituyendo sus instituciones, nombrando autoridades venezolanas y anexando el territorio al gobierno provisional de Venezuela.

 

Francisco de Paula Santander, que  sufrió en carne propia, la destitución del cargo de comandante general del ejército, del último reducto libre de la Nueva Granada y que, por su convencimiento de ver independientes los pueblos de América española, aceptó estar bajo su mando y  hacer la campaña del Apure, una vez, nombrado por Bolívar como jefe de la vanguardia del ejército libertador de la Nueva Granada y al enterarse de la situación de Casanare dirigió a Páez una carta donde plantea su desacuerdo con las determinaciones del general

 

“Casanare ha pertenecido a una confederación que tenía sus leyes, sus instituciones y sus funcionarios. Sin el acuerdo de todos los pueblos que las criaron no pueden ser abolidas, ni destruidas, so pena de incurrir en la misma tiranía que ejercieron los españoles… ..”

 

Es el reclamo del granadino que ve como se arrasa con la autonomía de una provincia, con la voluntad de pertenecer y participar de un gobierno al cual lo unen vínculos de historia, de sangre, de costumbres, de pasado común.

 

Continúa la carta: “La fuerza no da derecho alguno para destruir el sistema establecido por la espontánea y libre voluntad de los hombres” …

 

Es otro de los principios que expone el Hombre de las Leyes la fuerza en ningún caso da derecho para invadir o atropellar a un país. Es un principio que cobra vigencia y que defienden los patriotas y los pueblos libres del planeta.

 

Y continuando con la carta se pregunta “¿Por qué, pues se nombraron funcionarios nuevos, y se le obliga a obedecer leyes que no ha establecido? ¿Perteneció Casanare alguna vez a Venezuela? ¿Y aunque quiera ella pertenecer, hay razón y justicia para que por si sola tome un partido sin escuchar la opinión de sus hermanas (Las Provincias de la Nueva granada) con quienes ha formado siempre un solo cuerpo? O yo me engaño en los principios recibidos entre los pueblos libres, o sostener nuestros derechos no es criminalidad.”

 

Los pueblos están obligados a obedecer y respetar las leyes que ellos mismos han formulado y que son el producto de acuerdos, pero no leyes extrañas, de otro país, leyes extranjeras que afectan sus derechos, su soberanía.

 

El documento continua  “Yo   entiendo que cuando se habla y se trata de libertar la Nueva Granada no se trata de  ir a echar a los españoles e imponer a aquel pueblo un nuevo yugo, obligándole con las armas a recibir la ley que a título de mas fuerte se le impone, y la constitución que él no haya concurrido a formar: entiendo que liberar la Nueva Granada es romper las cadenas con que la tienen aprisionada, restituir sus pueblos al goce de sus primitivos derechos, dejarlos Yo en aptitud de reformar los defectos de su sistema y de abrazar un partido que no perjudique a la libertad general de la América; en su palabra, formar con un acuerdo la gran nación Granadina Venezolana. Si otra cosa se piensa hacer por los que pueden conducir los ejércitos a aquel país, no habría diferencia entre esa conquista y la que hicieron los españoles del siglo XVI en aquel mismo continente”

 

De nada sirve liberarse de un imperio, o una potencia, para caer en las garras de otra así aparezca como salvadora, Es la autodeterminación, el respeto por sus leyes, costumbres y pasado común lo que hace verdaderamente libres a los pueblos.

 

En el libro Francisco de Paula Santander: Iconografía, publicada por el Banco Santander en 1984, cuyos autores Carlos Lemos Simonds y Jaime Ardila al comentar la carta al general Páez afirman:

 

“Pero, sin incurrir en comparaciones desmesuradas, hay que convenir que ese pliego a Páez tiene sustancia, Ahí aparecen elementos fundamentales de derecho internacional que hoy se postulan en todos los foros del mundo: la libre autodeterminación de los pueblos, el rechazo de la fuerza como generadora de derechos, el principio del uti possidetis jure, y el de que toda organización constitucional debe ser el producto del concierto ciudadano y no de la imposición”

 

Y aclara además que la carta de Santander es un documento que tiene actualidad porque es un tema que sigue vigente y lo puede suscribir cualquier asamblea, donde se trate de derechos de los pueblos en el mundo, pero que en esa época se trató al ilustre granadino como localista o parroquial.

 

Por último, rematan con la frase que ilustra la incomprensión a los planteamientos del organizador de la República:

 

“Bolívar en la resolana del Caribe concibió a América como debería ser. Los sueños son irreprochables. La realidad defectuosa y siempre criticable. A Santander, aún hoy se le censura haber adivinado, por entre las brumas del delirio, la realidad tozuda. Su crimen político fue haber tenido razón”

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