Álvaro Morales Sánchez, Santa Marta, diciembre 2 de 2016
Capítulo I. La Hidroeléctrica Don Diego
En medio de las discusiones públicas acerca de los reparos del expresidente Uribe, el exprocurador Ordóñez y otros personajes al nuevo texto del acuerdo firmado entre Santos y las Farc, los anuncios del gobierno de que tramitaría en el Congreso su implementación -como sucedió ya con la primera votación sobre el texto global del acuerdo-, pasó casi inadvertida en los medios de comunicación la noticia de que los indígenas del Resguardo Kogi-Malayo-Arhuaco y las comunidades campesinas residentes en las inmediaciones del Río Don Diego en la Sierra Nevada de Santa Marta se movilizaron el pasado sábado 26 de noviembre por varias horas en la Troncal del Caribe para protestar contra el proyecto de construcción de una hidroeléctrica en esa zona situada a 60 kilómetros de Santa Marta. Quien haya leído la noticia se podrá percatar de que esta no es una situación nueva. El proyecto de construcción de una hidroeléctrica en el río Don Diego tiene ya cinco años de haber sido propuesto por la compañía antioqueña Elemental SAS, en asocio con I-Consult SAS.
Y el hecho de que el Ministro de Ambiente haya asegurado a la prensa que ni en su despacho, ni en la ANLA, ni en Corpamag existe ninguna solicitud de licencia ambiental para este Proyecto, no quiere decir que el mismo no exista. Lo que se conoce por boca de los dirigentes indígenas y campesinos que promueven las marchas de rechazo al proyecto, es que desde finales de 2011 se viene adelantando un proceso de información y de consultas sobre el tema, actividades en las que han participado autoridades de la Alcaldía del Distrito de Santa Marta, la Gobernación del Magdalena, la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo, Corpamag y las comunidades indígenas, según afirma el periodista Alejandro Arias en un extenso Informe publicado el 2 de Noviembre pasado en su periódico “Sumario”.
Es muy preocupante el hecho de que el gobierno nacional trate de restarle importancia al hecho evidente de que sí se han adelantado gestiones conducentes a preparar las condiciones para obtener licencia ambiental a este Proyecto, que atenta contra uno de los sistemas biodiversos más importantes del mundo, un gran complejo biogeográfico que abarca cerca de 17.000 kilómetros cuadrados, que posee todos los pisos térmicos y los picos nevados más altos del mundo al borde de un litoral marítimo, alberga un número considerable de cuencas hidrográficas (36), de las cuales se abastecen los departamentos del Magdalena, Cesar y Guajira y es el hogar de un sinnúmero de especies animales y vegetales, varias de ellas en vía de extinción. La Sierra Nevada de Santa Marta es también el hogar de cuatro grupos indígenas que la habitan y protegen y defienden allí sus ancestrales tradiciones, los kogui, arhuacos, wiwas y kankuamos; existen igualmente en sus territorios varias comunidades de colonos que cultivan los fértiles suelos de la parte baja de la Sierra.
Los efectos negativos que traería la ejecución del proyecto hidroeléctrico en el río Don Diego son de gran magnitud y se sumarían a los perjuicios que ya se han venido causando a la biodiversidad de este tesoro biogeográfico que tenemos frente a nosotros los habitantes de esta región, pero que por muchas razones tiene reconocimiento e importancia mundial. Extraigo del documento del periodista Arias algunas de las conclusiones en relación con los efectos del proyecto:
“Si bien linealmente se puede calcular un rango de acción del proyecto, como es planteado a través del diseño de la vía, el túnel y la línea de alta tensión, los efectos sobre la fauna, la flora y el paisaje no son lineales, pues el rango de sus impactos se irá ampliando, en la medida que las acciones antrópicas, afectan zonas naturales y permitan el acceso a zonas antes inaccesibles o con condiciones topográficas adversas. La adecuación de un carreteable que actualmente presenta 11 km, favorecería el acceso a la Sierra Nevada 11 km más, sin contar las posibilidades de rango de acción a la redonda, las cuales son casi que imposibles de cuantificar; a los 11 km se le puede sumar el nuevo tramo propuesto, el cual está proyectado hasta el lugar en donde quieren instalar la zona de máquinas, y que corresponde a más de 7 km, de los cuales, aproximadamente más de 5 km están ubicados sobre el margen del río Don Diego, en zona de protección de ronda hídrica, con alto riesgo de derrumbes y volcamientos, producto de la topografía de la zona. Es de anotar, que la cobertura vegetal de este tramo, no presenta alteraciones considerables, más allá del uso local que se hace de la tierra.” Dos cosas claves hay aquí : efectos negativos sobre fauna, flora y paisaje, y alto riesgo de derrumbes y volcamientos.
“El área del proyecto está muy cercana a las inmediaciones del río Buritaca, lo que también se constituye en una amenaza potencial para este río, no solo en términos de alteraciones a los componentes biológicos y culturales, sino también a las posibilidades de accesibilidad a otras zonas de la Sierra, como por ejemplo la creación de nuevas rutas a Ciudad Perdida o potencializar la visita de otros lugares de la zona, muchos de ellos sagrados, todos de importancia biológica en el funcionamiento del ecosistema, particularmente los ríos de la vertiente norte de la Sierra, que aún no han sido objeto de un aprovechamiento masivo a través de estructuras rígidas.
Desafortunadamente, gran parte del turismo que se realiza en la Sierra es desordenado, con lo cual, una carretera de más de 18 km, es la puerta de entrada hacia las zonas altas de los ríos Don Diego y Buritaca principalmente, en un escenario en donde la Sierra Nevada se debate continuamente entre las alarmas para su cuidado y las ideas de ecodesarrollo como el ecoturismo y las minihidroeléctricas.”.Otros dos elementos claves: afectación de otras fuentes hídricas, y construcción de una carretera que abre camino de depredación de las zonas altas de importantes acuíferos.
“El solo montaje de la infraestructura proyectado en dos años y medio trae consigo un impacto enorme, la casa de máquinas, la tubería, el túnel y toda la maquinaría así como los insumos y adecuaciones a realizar, afectarían de manera directa e inmediata el paisaje, la fauna y la flora. En primera instancia la drástica alteración del paisaje por remoción de cobertura vegetal para el inicio de las obras de adecuación vial, con lo que inicia un proceso de fragmentación del paisaje (las carreteras son uno de los inicios de fragmentación e impiden el paso de grupos de fauna, comportándose como barreras para ciertos grupos y como fuente de mortandad para otros). El tránsito constante y el ruido permanente generado por el mismo, se constituye indudablemente en otro factor de alteración del comportamiento de fauna, afectando principalmente ciclos reproductivos indispensables para el mantenimiento de las poblaciones y la funcionalidad de los ecosistemas. Grupos de herpetos, anfibios y aves se pueden ver afectados drásticamente debido al ruido generado por el tránsito continuo en las labores de construcción y en las labores posteriores de operación del proyecto.” Aquí hay ejemplos concretos de las alteraciones que se producirían en la fauna si se llega a ejecutar este proyecto.
“Para el material removido sugieren cinco depósitos en terrazas, los cuales están planteados en áreas ubicadas en las rondas hídricas, sin embargo, las condiciones geográficas de la Sierra potencializan el riesgo de avenidas torrenciales en zonas de fuertes lluvias sujeta a derrumbes. Los depósitos se podrían convertir en insumos para ser arrastrados por el río ante un evento de lluvia de fuertes magnitudes, con lo que se podría generar una tragedia a los habitantes de las inmediaciones del río Don Diego, sin contar con impactos a fauna y flora, que ante tragedias de estas magnitudes, jamás pueden ser cuantificados.” Y los efectos no sólo perjudican el paisaje, la fauna y la flora, también son inconmensurables los daños que se causarían a las comunidades habitantes de esta región y las zonas circundantes.
Lo anterior es una abreviación del resumen que sobre los efectos del proyecto consigna el periodista Alejandro Arias en su informe, cuyo texto completo se puede leer en este vínculo: http:alejandroaria2.blogspot.com.co/2016/11/informe-especial-hidroelectrica-rio-don.html?m=1
Capítulo II. La Guerra por el Agua
El tema del aprovechamiento del potencial hídrico de la Sierra Nevada de Santa Marta va más allá de un debate en torno a la conveniencia o inconveniencia de un proyecto hidroeléctrico y de sus posibles efectos negativos sobre el medio ambiente, el paisaje, la fauna, la flora, las comunidades residentes etc. Para decir una verdad de Perogrullo, el almendrón de este asunto es el agua. Y no es cosa de poca monta. Lo que está en juego aquí es el inicio (¿o la continuación?) de un proceso de aprovechamiento de las poderosas reservas de agua que guarda este enorme complejo montañoso. ¿Quién nos asegura que tras el cuestionado proyecto hidroeléctrico no están diversos buitres transnacionales? Sí, aquellos que comercian con el agua con el criterio impuesto por la OMC y los organismos que trazan línea mundial sobre la globalización y su principal motor, el libre comercio, de que el agua es uno más de sus “commodities”, o sea, materias primas consideradas como bienes transables en el mercado de valores. Es muy posible que tales buitres hayan cubicado ya, con sofisticados sistemas satelitales, las reservas acuíferas de la Sierra Nevada de Santa Marta, y se apresten a iniciar el proceso de despojo de éste, nuestro preciado recurso. No puede ser mera coincidencia que el área donde se propone el proyecto hidroeléctrico del río Don Diego esté ubicada a pocos kilómetros de la línea costera que da acceso a un mar de aguas profundas donde pueden recalar enormes embarcaciones portadoras de grandes contenedores para albergar las aguas de la Sierra y transportarla a los países industrializados que ya han comenzado a agotar sus recursos hídricos con la enorme demanda que supone su cada vez más acelerado proceso industrial: “La Industria consume entre el 20 y 25 por ciento de los suministros de agua dulce del mundo y su demanda está aumentando dramáticamente. Muchas de las industrias de más rápido crecimiento son intensivas en el uso del agua. Por ejemplo, en sólo Estados Unidos, la industria de los computadores pronto usará más de 396.ooo millones de galones de agua cada año”, aseguraban Maude Barlow y Tony Clarke, autores de “Blue Gold: The Corporate Theft of the World’s Water” (Oro Azul: El robo corporativo de agua del mundo) trabajo presentado en la Conferencia del Agua para la Vida realizada en Nueva York en septiembre de 2003.
Las afirmaciones y predicciones de estos investigadores, formuladas hace trece años están tomando cuerpo hoy en forma realmente aterradora. Las condiciones de uso del agua detectadas entonces, son hoy mucho más preocupantes. Barlow y Clarke dijeron además en 2003: “Sin embargo, es el riego, que es el mayor consumo de agua real, el que se lleva del 65 a 70 por ciento de toda el agua utilizada por los seres humanos. Crecientes cantidades de agua de riego se utilizan para la agricultura industrial. Estas prácticas de la agricultura corporativa basadas en agua son subvencionadas por los gobiernos y sus contribuyentes, y esto crea un fuerte desincentivo para que la granja cambie a las prácticas de conservación tales como riego por goteo. Junto con el crecimiento de la población y el aumento per cápita del consumo de agua, la contaminación masiva de sistemas de agua superficial de todo el mundo ha puesto una gran presión sobre las restantes fuentes de agua limpia y fresca. La deforestación global, la destrucción de humedales, el vertido de pesticidas y fertilizantes en las vías navegables y el calentamiento global, están todos cobrando un peaje terrible en los frágiles sistemas de agua de la tierra. El mundo se está quedando sin agua dulce. Para el año 2025, habrá 2,600 millones más de habitantes en la Tierra. Unos dos tercios de esas personas vivirán en condiciones de escasez de agua, y la tercera parte restante vivirán con escasez de agua absoluta. La demanda de agua superará la disponibilidad en un 56 por ciento”.(http://www.yesmagazine.org/issues/w…)
La Guerra por el Agua, como se titula el artículo que recoge las principales consideraciones de los autores citados, está hoy convirtiéndose en una realidad: “La falta de agua causada por el cambio climático ya es un problema global: afecta a ciudades en América Latina, África, Oriente Medio, norte de África y sur de Asia. Y los cortes drásticos del suministro de agua no solo son un problema para la producción de alimentos y la generación de energía, sino que también son culpables de la escalada de violencia en países como Irak, Siria o Yemen”, escribe el columnista Nafeez Ahmed en el portal Middle East Eye. Es emblemático el caso boliviano, en el año 2000, cuando los pobladores de Cochabamba se levantaron contra el gobierno de Hugo Bánzer Suárez y, tras violentas arremetidas represivas, derrotaron con valientes movilizaciones masivas, la imposición del control del agua por la multinacional Bechtel, que les había subido las tarifas de suministro del preciado líquido a sumas exorbitantes, imposibles de pagar. Con esta “Guerra del Agua” inauguró el pueblo boliviano el siglo XXI.
No sería de extrañar que los nuevos filibusteros mundiales estén preparando sus naves corsarias para entrar a saco en los ricos acuíferos de importantes complejos biogeográficos como la Sierra Nevada de Santa Marta. El proceso de control del agua por las grandes transnacionales comenzó hace ya varios años en el mundo; en Colombia se inició en 1994 con la incursión de Aguas de Barcelona (grupo AGBAR controlado por la gigante multinacional Suez, con sede en Francia) en Cartagena, y en pocos años se extendió a Barranquilla, Puerto Colombia, Santa Marta, Galapa y otras cuantas poblaciones de nuestro país. Esa ha sido la fase del manejo de nuestras aguas por operadores extranjeros, en la feria de privatizaciones inaugurada desde 1990 por el padre del modelo neoliberal en Colombia, César Gaviria Trujillo. La fase siguiente será el despojo de nuestras aguas para llevarla a los países industrializados.
Para enfrentar esta nueva fase en la actual versión de la Guerra por el Agua, no basta con la movilización de las comunidades indígenas y campesinas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Es todo el pueblo samario, es la Región Caribe, y en últimas el pueblo colombiano, el que debe movilizarse, preparándose para una larga batalla de resistencia contra los piratas que vendrán por nuestros recursos hídricos, no simplemente para administrarlos aquí y obtener pingües ganancias, sino para llevárselos de nuestro suelo y condenarnos al suplicio de morir de sed junto a las fuentes de agua.
Y en esa batalla será preciso enfrentar también a los gobiernos venales que entregan el país al capital extranjero. O decidirnos de una vez por todas a cambiar estos gobiernos vendepatrias por una alternativa que defienda nuestra soberanía, derrote el modelo neoliberal, defienda la producción y el trabajo nacionales y establezca las bases de una Nueva Democracia.