En marzo 24 la OTAN dirigida por Estados Unidos comenzó a bombardear a Yugoslavia con el pretexto de, con fines humanitarios, impedir la agresión Serbia a dicha región. Esto significa un ataque a una nación independiente y soberana que sufre un conflicto interno, pero que no ha atacado a ningún país extranjero y no representa amenaza alguna contra Europa occidental ni Estados Unidos. Los bombardeos, todavía en curso, son un nuevo paso en el intento de fraccionar un país que ha sido un laboratorio de las políticas neoliberales del imperialismo ocasionando un empobrecimiento de la población, una desindustrialización y agudización de las contradicciones étnicas y sociales. Estados Unidos con este bombardeo quiere asegurar su liderazgo sobre la OTAN y mantener su control de los dispositivos militares básicos de esta alianza con la peregrina idea de que los pueblos de los Balcanes no pueden resolver por ellos mismos sus problemas.
Desde comienzos de la década los principales países imperialistas de occidente se obstinaron en fragmentar a Yugoslavia cuyas diversas nacionalidades se unieron contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial y convivieron pacíficamente durante más de tres décadas. La política imperialista en curso consiste en apoyar toda clase de discordias internas y crear varios países satélites, con la finalidad de controlar los estratégicos oleoductos que atraviesan la región y que llevan el petróleo del Medio Oriente a Europa Occidental. En esta década, primero, las potencias occidentales impusieron Yugoslavia la secesión de Eslovenia y Croacia, después por medio de una guerra, entre 1992 y 1995, crearon un territorio colonial en Bosnia y finalmente se está alimentando el separatismo de los albaneses en Kosovo.
Esto ha dado origen a una agudización del conflicto, a la multiplicación de los refugiados e indecibles sufrimientos para la población y a la conversión de una guerra civil en una guerra internacional de graves repercusiones.
Los colombianos no podemos ser indiferentes ante esta tragedia, los intentos por fraccionar las naciones, eliminar su soberanía y doblegarlas a los dictados del imperialismo también están en marcha en nuestra patria, los planes de recolonización se están aplicando en todas las naciones oprimidas. En Yugoslavia, después de lustros de aplicación de las recetas neoliberales, ahora se pretende avanzar en la colonización de lugares estratégicos de los Balcanes. Los pueblos del mundo deben estar alerta y tener presente que deben superar sus discordias internas en aras de la salvación nacional, ante el perentorio aviso dado en la agresión a Yugoslavia, de que no se permitirá ningún tipo de soberanía e independencia a los países. Las falacias de la intervención imperialista son evidentes en el hecho de que no ha intervenido para favorecer a los Kurdos en Turquía, a los palestinos en el Medio Oriente o a las minorías expulsadas de varios países de África, ahora son víctimas de este falso humanitarismo todos los yugoslavos. Debemos levantar nuestra voz de protesta, condenar la intervención extranjera en los asuntos internos de las naciones, llamar a los pueblos a la unidad contra el imperialismo y alertar a los colombianos sobre las verdaderas intenciones de la injerencia de los norteamericanos en los asuntos internos de Colombia.