Norman Alarcón Rodas, Barranquilla, octubre 29 de 2020
Cuando el Homo sapiens escaló la cumbre de la evolución humana, lo hizo al inventar o descubrir los primeros instrumentos de producción, a la sazón los de piedra y huesos de animales labrados, con lo cual desató las fuerzas productivas sociales que, desde entonces, no han dejado de crecer. Federico Engels lo explica magistralmente en El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. La lucha por la producción es una constante en el devenir histórico, tan determinante que en las épocas en que sufre estancamiento por relaciones sociales de producción que la estorban, se suceden cambios sustanciales en la sociedad para continuar el proceso de avance de las nuevas fuerzas productivas.
Así han sucedido las transformaciones en la historia de la humanidad pasando del comunismo primitivo al esclavismo, de este al feudalismo, que supuso un retroceso histórico de alrededor de un milenio, y continuando con el modo de producción capitalista, en el que nos encontramos desde hace algunos siglos. El capitalismo desencadenó un desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas con la Revolución Industrial y el apogeo de las ciencias naturales y sociales.
La actual economía de mercado presenta unos países altamente desarrollados, como Estados Unidos, Europa, Japón, Corea del Sur, China, Rusia; algunos de desarrollo intermedio y otros, la gran mayoría, en unas condiciones de atraso que generan desigualdad, pobreza y pésima calidad de vida. Colombia está en una situación deplorable que muestra el fracaso, no solo de los gobiernos de los últimos treinta años de apertura y libre comercio, sino también de los anteriores, que nunca se propusieron un pacto de país que siguiera el ejemplo de los primeros, consistente en el desarrollo de la industria, tanto la pesada como la ligera, de una agricultura moderna que necesitaba una reforma agraria integral y de una educación avanzada, universal y gratuita al servicio del progreso nacional.
La médula de la cuestión estriba en combinar la producción nacional de riqueza con la soberanía y la autodeterminación nacionales. No puede seguir siendo el modelo fracasado de copiar al revés lo de las naciones exitosas que estas nos vienen imponiendo hace más de un siglo, desde los aciagos acontecimientos de la pérdida de Panamá en 1903 por la intrusión norteamericana. Es un hecho incontrovertible el estancamiento de la producción nacional: el sector agrario de capa caída y el gobierno importando más de catorce millones de toneladas de alimentos antes producidos por nuestros campesinos, empresarios nacionales e indígenas, con lo cual se ha perdido buena parte de la seguridad alimentaria de los colombianos. Según estudiosos del tema, al sector industrial le ha ido peor. Además de la quiebra de miles de empresarios nacionales, buena parte de las factorías que subsisten han pasado a ser propiedad de inversionistas foráneos. Y toda la economía ha caído en manos del insaciable e improductivo sector financiero, que es el que mantiene las más altas tasas de ganancias mientras las mayorías nacionales, en medio de la pandemia del coronavirus, se hunden en la pobreza, el desempleo, la informalidad, la descomposición social y una de las primeras desigualdades del planeta. No es sino mirar las cifras del DANE.
Volvamos al comienzo. Las leyes del desarrollo social se pueden demorar para tener sus plenos desenvolvimientos, pero cuando los obstáculos se convierten en trabas con todas las consecuencias descritas, se hace indispensable construir un pacto, un acuerdo nacional de país que ponga en primer lugar el interés de todos los colombianos en la producción de bienes y servicios para satisfacer las necesidades propias, lo cual crearía los empleos productivos y con ellos una demanda creciente y dinámica que le abriría el paso a un círculo virtuoso. Para que este proceso se haga realidad, la nación ha de conquistar la soberanía nacional. Solo así podremos controlar nuestros asuntos internos y tener relaciones con todos los países del orbe en pie de igualdad y beneficio recíproco.
Nuestro país reúne condiciones favorables: importantes recursos naturales, todos los climas, gran biodiversidad, dos océanos, grandes ríos y humedales y gente laboriosa para emprender el camino del bienestar social. Todo esto está asociado con la agenda hacia el 2022, lo que hay que mirar con los detalles del caso porque la oportunidad es única.