Ponencia presentada en el Seminario pre–congreso del POLO DEMOCRÁTICO ALTERNATIVO celebrado el domingo 1º de febrero en Medellín, por Jorge Gómez, secretario regional del MOIR, en representación de los treinta y dos delegados de Antioquia, elegidos para el II Congreso de Unidad y para el Congreso de Jóvenes, por las listas 111 y 66 que encabezaron Rodrigo Saldarriaga y Milena Hinestroza, por la lista indígena nacional que encabezó Fabiola Piñacué y por la nacional que encabezó Jorge Enrique Robledo.
1. Acerca de la naturaleza del POLO DEMOCRÁTICO ALTERNATIVO
Afirmar que el Ideario de Unidad es el primero y el más importante de los elementos que permiten su unidad y que al tiempo es lo que lo caracteriza, parecería ser una afirmación demasiado obvia, pero la repetición de ese aserto se hace necesaria cuando desde distintos flancos se viene cuestionando su importancia, su peso específico en la vida de la organización, e incluso su utilidad.
Hay que empezar por decir que quienes estamos afiliados al POLO, lo estamos fundamentalmente porque sus propósitos, expresados en ese Ideario, coinciden con los nuestros. Pues si los objetivos para los cuales fue creado el POLO fuesen distintos a los acordados en el Ideario de Unidad, no militaríamos en él.
Y sin lugar a dudas los grandes pilares de ese Ideario son la obtención para Colombia de un estado democrático en el sentido popular de la palabra y la conquista de la plena soberanía nacional. Lo que quiere decir que, de el actual Estado, cuya naturaleza está descrita en la Constitución de 1991, defendemos lo que se ha denominado la faceta de “Estado Social de Derecho”, la parte garantista, es decir, el recetario de derechos en ella incluidos, siempre y cuando estén acompañados de mecanismos ciertos y efectivos para que cobren vida.
Tener en el papel un listado de derechos “fundamentales”, cuya materialización choca con las disposiciones, también constitucionales, que garantizan el enriquecimiento de un puñado de monopolios nacionales y extranjeros, a costa de la negación de esos mismos “fundamentales”, no pasa de ser un gran engaño para la población.
Y desde luego que en ese propósito también defendemos, como uno de los medios útiles para el logro de esos objetivos, la separación real de poderes, la existencia de pesos y contrapesos. No sobra repetir aquí que cuando hablamos de esto, insistimos en que esos pesos y contrapesos sean REALES, es decir, no meras frases vacías, o saludos a la bandera como se dice coloquialmente.
Defender la democracia a secas, “la democracia sin apellidos” como lo sugieren algunos de los que nos recomiendan no ser tan radicales, no marca diferencia alguna con quienes detentan el poder en Colombia. En eso el Ideario de Unidad es preciso, sabio y categórico, señala cuales son los derechos que el Estado colombiano debe o, mejor, tiene que garantizar como su razón de ser, como su esencia. En síntesis, dice que clase de democracia es por la que luchamos.
Por esa razón, nuestro propósito al crear una organización política para acceder al poder, es el de transformar este Estado, o si se prefiere de otra forma, hacer que sea en verdad un Estado democrático. No olvidemos que toda democracia, por perfecta que sea, tiene que tomar determinaciones y trazar políticas en todos los campos de la vida de los ciudadanos, decisiones que en el fondo lo único que hacen es dirimir conflictos de intereses entre los propios ciudadanos o, para ser más precisos, entre las clases sociales que conforman la sociedad. Y cuando prevalecen los intereses de un sector sobre los de otro, el sector al que se le privilegió su aspiración gritará jubiloso: ¡Viva esta democracia!, pero el sector para el cual la decisión fue adversa, gritará: ¡Abajo esta dictadura!.
Del Estado colombiano podemos afirmar que sólo nos sirven los enunciados constitucionales que dicen defender derechos fundamentales, individuales o colectivos, cuyo listado, si lo comparamos con los defendidos por el POLO, y establecidos en el Ideario, es bastante incompleto. Amén de las exigencias, también teóricas, de garantías políticas y de controles al despotismo. Estas disposiciones constitucionales las tendremos que reescribir, y las que faltan, que son bastantes, las tendremos que construir una vez conquistado el poder, con la observación de que esto no será posible, ni siquiera remotamente, sin la obtención de la plena soberanía nacional.
Una conclusión lógica de las anteriores afirmaciones es que nos debemos dedicar a la difusión de nuestro proyecto, a que la mayoría de los colombianos, que son en últimas sus destinatarios y beneficiarios, se apropien de él y a concitar la más grande alianza posible con sectores políticos y sociales, pero sobre todo con la propia población, y lograr la fuerza social suficiente para que nuestras razones prevalezcan.
No tiene sentido alguno entonces que lancemos la propuesta de hacer una alianza con sectores cuyo proyecto político es diametralmente opuesto al nuestro, para la obtención del gobierno, gobierno que en manos del POLO deberá ser uno de los mecanismos para empujar el cambio indispensable para satisfacer las necesidades de la mayoría de los colombianos y que, al tiempo, y de manera rotunda, no puede estar orientado a resolverle la vida a uno que otro dirigente del POLO.
Nos acusan de no aceptar alianzas, incluso nos acusan de propiciar la reelección de Uribe al negarnos a una alianza con Vargas Lleras o con César Gaviria. Nosotros sabemos que Uribe se quiere reelegir, pero más que reelegirse él ha insistido en que lo indispensable a reelegir son la “seguridad democrática” y la “confianza inversionista”. Para los verdaderos dueños del poder, el nombre del inquilino de la Casa de Nariño pasa a segundo plano mientras sea eficiente en la preservación de sus privilegios.
Reiteremos, sí buscamos y aceptamos alianzas, es más, las hemos propiciado. Para muestra un botón: con César Gaviria adelantamos la recolección de firmas para tratar de impedir el recorte de las transferencias para salud, educación y agua potable. Esa fue una alianza en la que el que falló fue el aliado, que no recaudó el número de firmas a que se había comprometido, y esa fue la principal razón por la que el objeto de la alianza no se alcanzó.
Pero si se trata de una alianza política para la obtención del primer cargo público de la nación, desde luego no será con iguales pero sí debe ser al menos con parecidos y, categóricamente, jamás con antípodas. La alianza con fuerzas uribistas “democráticas” es impensable, entre otras cosas porque los dos adjetivos son excluyentes. Si se es uribista se renuncia a la democracia que perseguimos, y si se es demócrata, en el sentido que nosotros los polistas entendemos el término, se debe renunciar al uribismo.
Pero para ponerlo en otros términos: una alianza como la que nos están proponiendo resulta ser, como lo ha señalado de manera precisa Jorge Robledo, autodestructiva, es decir suicida, pues significa renunciar a la naturaleza polista. Y es enviar un mensaje liquidacionista a los millones de colombianos que ya empiezan a vislumbrar en el POLO la esperanza de transformación de sus miserables condiciones de vida.
¡Tanto sacrificio, tanto esfuerzo, para terminar de peones de estribo del liberalismo neoliberal! Vale la pena traer a colación aquí la frase que alguna vez utilizó un ex alcalde bogotano, cuando se le preguntó a quién prefería como presidente de Colombia, si a Horacio Serpa o a Andrés Pastrana, a lo cual respondió textualmente: “A uno no lo pueden poner a escoger entre si se quiere morir de sida o de hepatitis b”. Hoy lo que nos están proponiendo es que con tal de que no sea Uribe, que viva el uribismo.
2. Acerca de la coyuntura actual y la táctica electoral
Quizá la mayor fuente de error para la propuesta de alianzas que se le viene sugiriendo al POLO, es la consideración de que Uribe es invencible. Nada más equivocado. En primer lugar, porque la vida social y en particular la política es increíblemente dinámica, cambiante. Pero sobre todo, porque la vulnerabilidad de Uribe, y desde luego de su proyecto, es cada vez más evidente.
Aparte de la creciente indignación que suscita el descubrimiento de la barbarie de los procedimientos del Ejército, los mal denominados falsos positivos, siguen vivitas y coleando la yidispolítica, la parapolítica, y los escándalos de corrupción, mucho mayores que los que se presentaron en la época en la que Turbay dijo haberlos reducido a su justa proporción. Y no es de menor cuantía la responsabilidad que le cabe al gobierno en la monumental tumbada de centenares de miles de colombianos en el truculento episodio de las pirámides.
Todo lo anterior es apenas la cuota inicial de lo que le sube pierna arriba al gobierno ante el advenimiento de los efectos de la crisis económica en curso. Caída dramática de los precios de las materias primas, restricción descomunal del crédito y del flujo de capitales, incluidos los especulativos, que producirá un grave desequilibrio de nuestra balanza de pagos. Caída sin precedentes en los recaudos tributarios, que afectará hasta la caja menor del clientelismo populista neoliberal (léase Familias en acción, Jóvenes en acción, Familias guardabosques), para no mencionar la inversión en salud, educación, saneamiento básico y todo tipo de obras públicas.
Un cuadro dantesco es el que se ve venir: más desempleo, más empobrecimiento, más desigualdad, más dependencia, más sufrimiento. El resultado inevitable será más resistencia. Si el año 2008 ya mostró importantes destellos de lucha popular, Minga Indígena, paro de corteros, huelgas de Asonal, Dian, Notariado, el 2009 será mucho más auspicioso en el sentido de la lucha y la movilización, y el 2010, el año de la presunta reelección, ni qué decir.
Aparte de esto, la coalición uribista está fracturada de manera irremediable. Vargas Lleras, Marta Lucía Ramírez, los conservadores y otras vertientes dicen acompañar a Uribe únicamente hasta el 7 de agosto de 2010. Los grandes poderes piden a gritos que Uribe propicie un recambio, como el que cínicamente recetaba Alfonso López Michelsen como fórmula para preservar la “democracia”: “que el pueblo vea caras distintas en los carros oficiales”. Se han pronunciado en ese sentido la Andi, el episcopado católico, el periódico El Colombiano, y hasta el mismísimo gobierno norteamericano de Obama, con el anuncio de su Secretaria de Estado de que no habrá TLC mientras Uribe siga ahí.
“Más claro no canta un gallo”, para parodiar al ministro del Interior, hoy ministro Delegatario en funciones presidenciales. Quienes están en dificultades son Uribe y su pandilla, y buscan afanosamente un reemplazo. La labor del POLO no puede ser ayudarlos a salir del atolladero. Nuestro deber es levantar más alto que nunca nuestras banderas, presentar a los colombianos una alternativa verdadera de transformación, y complicarle la vida a quienes se la han hecho insoportable a millones de compatriotas.
3. Acerca de la condena al terrorismo y el debate sobre la combinación de las formas de lucha
Por otro lado nos vienen planteando un nuevo debate sobre la combinación de las formas de lucha y la condena al terrorismo. No voy a citar aquí textualmente todo lo acordado sobre la materia. Consideramos que lo establecido en el Ideario de Unidad y en los Estatutos sobre la materia es más que suficiente para dejar el asunto liquidado. Anotando solamente una cosa adicional, y es que sí se pueden combinar formas de lucha, siempre y cuando se excluya la lucha armada, y que el combinador por excelencia de las formas de lucha, armadas legales, armadas ilegales, y todas las demás imaginables, se llama Álvaro Uribe Vélez. El POLO puede combinar la lucha electoral con la lucha jurídica (referendos por ejemplo), la lucha teórica, la cultural, la gremial, la cívica, la sindical, y una larga lista de etcéteras.
Pero sí queremos hacer una observación, a nuestro juicio pertinente. ¿Para qué tanta bulla acerca de un tema que está claro? Es como tratar de derribar una puerta abierta, o como el ingenuo y demente Caballero de La Mancha arremetiendo contra molinos de viento idealizados cual perversos gigantes, sólo que aquí la cosa es demencial pero no ingenua.
Es sabido que el uribismo ha tratado por todos los medios de estigmatizar al POLO, buscando que la población lo identifique como una formación política afecta o cómplice de los desmanes de la insurgencia armada. También es sabido que el antiterrorismo de Uribe es un mero pretexto para impulsar toda la política plutocrática y antinacional que caracteriza su proyecto, y esta afirmación se fundamenta en los nexos probados de sus compadres con organizaciones que actúan de manera que les cabe el calificativo de terroristas, y en lo clave que ha sido el apoyo de este tipo de organizaciones para su causa y el logro de sus objetivos. “Seguridad democrática como fundamento de la confianza inversionista”. Hay que reconocer que es franco: eso lo que quiere decir es: fortalecer el aparato militar, para garantizar el saqueo de la nación. Lo que pasa es que lo dice con otras palabras, pero para un buen entendedor…
A estas alturas, es bueno volver a preguntar, pero ya de manera más precisa: ¿Si es necesario hacerle la segunda voz a la prima voce de Álvaro Uribe en esta materia? El POLO ha rechazado repetidamente el terrorismo, la extorsión, el secuestro y ha ratificado con insistencia que la lucha armada no hace parte de nuestro mosaico de formas de lucha. ¿Debe el Polo llamar a sus afiliados a inscribirse en la red de informantes, o a ponerse el camuflado para combatir la insurgencia?¿Es eso lo que nos piden como requisito para terminar con toda clase de calumnias y desinformaciones contra nuestra actividad política?
¿Qué buscan quienes dicen que el POLO no ha sido suficientemente enfático contra las repudiables acciones terroristas, o que incluso ha cohonestado con ellas? ¿Acaso quieren hacerle carantoñas a Uribe?¿Temen no salir en la foto?¿Creen que pueden arañar un pequeño segmento de las amañadas encuestas con semejantes actitudes?
Al Polo no le pueden exigir eficacia en el combate contra el terrorismo a la manera de Uribe. Somos algo muy distinto. No estamos con Uribe en sus políticas y programas antinacionales y que afectan gravemente a los más amplios sectores de la producción y el trabajo, y tampoco estamos con su farisaica lucha antiterrorista. La principal acción antiterrorista del POLO es reunir alrededor de su programa a la población, y movilizarla para lograr que estos puntos de vista se conviertan en la guía de la nación mediante una lucha paciente, civilizada y pacífica, pero firme, radical e insobornable en sus objetivos de transformar profundamente a Colombia.
4. ¿Se puede ser del POLO y no acatar las decisiones adoptadas de forma democrática y estatutaria?¿En el POLO se tienen derechos pero no deberes?
La vida de las organizaciones, no sólo de las políticas, tiene un rasgo que contradice el individualismo absoluto. No se puede pertenecer a una de ellas sin renunciar a algún grado de autonomía, y máxime si esto se hace de manera consciente y voluntaria.
Para que una organización exista y pueda funcionar eficientemente en la búsqueda de los objetivos para los cuales se creó, requiere de unas normas de funcionamiento, de “un manual de convivencia” como lo llaman ahora en las instituciones educativas, o de cualquier acuerdo que permita tomar decisiones y que una vez adoptadas sean ejecutadas por todos sus integrantes de manera sincronizada, o al menos armonizada, que es un grado menor de sintonía, pero al fin y al cabo de sintonía con la decisión. Es más, sería hasta aceptable que quien no está de acuerdo con una decisión, al menos no la sabotee y adopte una cierta actitud “neutral”.
Pero en el POLO ha venido sucediendo que personas y corrientes que no consideran correcta una decisión adoptada por mayoría, y de acuerdo con los estatutos, obren en contrario alegando su condición de “hombres libres”. Nosotros creemos que lo que decide una organización a la que pertenecemos nos obliga. Claro que por esta creencia nos han dicho que somos peores que los estereotipos de sátrapa que los medios han edificado.
Queremos hacer dos precisiones al respecto. Primero, que como corriente que hace parte del POLO, que suscribió el acuerdo fundacional, y que mantiene su estructura y sus actividades específicas, nos sometemos a las decisiones que el PDA adopte conforme a los estatutos, así no las consideremos correctas en un momento determinado. Y segundo, que solicitamos a los demás compañeros obrar, si no de manera idéntica, al menos no sabotear las determinaciones que el POLO tome. No puede hacer carrera la práctica de que en ninguna circunstancia se es minoría, que da igual ganar una votación que perderla, que no existen deberes y únicamente se reivindican los derechos.
En lo reglamentario, vamos al II Congreso con la idea de resolver el problema de funcionamiento de los organismos e instancias decisivas del POLO. Que sean respetados los órganos de dirección, que se creen y desarrollen los comités de base, que se vuelque el POLO hacia las masas sin las ataduras de acuerdos burocráticos. En síntesis, que funcionemos sujetos a las decisiones democráticas de la organización..
Para ello estamos en la más amplia disposición de acordar los mecanismos que respeten a todas las agrupaciones, cualquiera sea su tamaño e importancia. Pero, a la vez, que el respeto a las minorías, esencial en una actitud que se llame democrática, no nos conduzca a ser esclavos de alguna minoría bajo la amenaza de la división si no son aceptadas sus pretensiones.
Funcionamiento con responsabilidades individuales, decisiones colectivas y evaluación de todo lo que se decida y se ponga en práctica, mecanismos que faciliten la adopción de decisiones y, sobre todo, la puesta en práctica de las mismas. Si logramos avanzar, aunque sea un poco en ese sentido, sería satisfactorio, y ayudaría mucho al posicionamiento del POLO como la organización popular que necesita Colombia con urgencia.
VAMOS AL II CONGRESO del PDA Y AL CONGRESO DE JÓVENES A DEFENDER EL MÁS PRECIADO PATRIMONIO DEL POLO QUE ES SU UNIDAD, A LUCHAR POR MANTENER SURUMBO DE IZQUIERDA, A IMPULSAR UNA TÁCTICA ACERTADA Y A PROPONER NORMAS DE FUNCIONAMIENTO QUE GARANTICEN LOS DERECHOS DE LAS MINORÍAS, AL TIEMPO QUE PERMITAN EJECUTAR LAS DECISIONES APROBADAS DEMOCRÁTICAMENTE POR LAS MAYORÍAS.