Aurelio Suárez Montoya, Bogotá, agosto 1 de 2008

Compañeras y compañeros.

A nombre del Comité Ejecutivo Central del MOIR y su secretario general, camarada Héctor Valencia, se me ha encomendado expresar las siguientes palabras al cumplirse catorce años del fallecimiento del fundador de nuestro partido, camarada Francisco Mosquera.

En todas las ocasiones en las cuales se hace esta conmemoración se ha vuelto una constante observar que los acertados criterios del camarada Mosquera, los ejes de su posición ideológica y política, los fundamentos del Partido, reverdecen con el paso del tiempo. Y no es del caso resaltar en ellas una suerte de aura premonitoria, sino de registrar que su punto de vista revolucionario, expuesto por más de tres décadas a durísimas batallas en el campo de Marte de las ideas, tanto contra las derechas como contra los oportunismos de diversas vertientes, implacablemente adquiere mayor vigencia.

Cuando se escucha que la ideología revolucionaria es el arma principal de la clase obrera no pocos encuentran en ese aserto un enunciado de cajón o una entelequia. ¿No es esto acaso lo que ha permitido al MOIR, que no se ha comprometido jamás con ninguna política colaboracionista o aventurera, desarrollar una posición de izquierda consecuente, ligarse a luchas de diversos estamentos de la población y empeñarse en la forja de la unidad en defensa de los intereses y soberanía de la nación, como en la actualidad lo hacemos como integrantes del Polo Democrático Alternativo? ¿No ha sido su norte contender por la conformación de un Frente Único, estrategia central del cambio hacia una nueva democracia que hoy impulsan las fuerzas aglutinadas en el PDA, para presentarse ante cuarenta y cinco millones de colombianos como el inicio del fin de la pesadilla que por casi dos siglos de atraso y neocolonialismo ha atormentado al país y en especial a sus laboriosas mayorías, excluidas del campo y la ciudad?

El meollo está en demostrar que la propuesta estratégica de la izquierda democrática, fundada en el Ideario de Unidad, inspirado en los principios de Soberanía y Democracia, por los cuales Mosquera consumió buena parte de su existencia, es aquí y ahora la única respuesta eficaz y válida para contener el autoritarismo en la cresta de la ola. En una época, como la del 18 Brumario, cuando el pueblo “de malhumor pusilánime” gusta “de dejar que los voceadores más chillones ahoguen su miedo interior”, cuando las “acometidas del uribismo contra las demás ramas del Estado”, en busca de “la aplicación de su nefaria política sin sujeción a reglas, leyes o control alguno”, como bien la ha descrito nuestro secretario general, camarada Héctor Valencia, no son meras intentonas sino que tienen el propósito irrefrenable de consolidar el poder dictatorial de la plutocracia al servicio del capital financiero imperialista. Por la agudeza que está tomando la contradicción, por los funestos fines que se persiguen y por los perversos métodos a los que se recurre para imponerlos, no hay indicio alguno de que quepan soluciones paliativas ni placebos políticos como lo que denominan “centro”. La máxima política, prestada por Mosquera de la ciencia médica, cuando tocó a rebato contra la política neoliberal, Contraria contrariis curantur (“Las cosas se curan por medio de las contrarias”) está al orden del día. La felicidad de los colombianos no se alcanzará tomando el árbol por las ramas.

No obstante, falta hacer la mayor parte de la tarea. Hay que acompañar la razón con la fuerza. Aquí también Mosquera dejó establecidos criterios básicos para hacer esta conjunción. En el reportaje del libro “Colombia: tres vías al socialismo”, cuando el MOIR empezaba a esforzarse por vincular a las masas a los primeros contingentes venidos del estudiantado y de la intelectualidad, expresó: “El proceso de la revolución es ir desarrollando luchas, desde las más simples y aisladas hasta las más elevadas y coordinadas. En ese proceso, las masas van adquiriendo conciencia y los revolucionarios se van fusionando a las masas. Pero no es posible para los intelectuales revolucionarios y marxistas vincularse a las masas si menosprecian sus problemas y las luchas que éstas adelantan porque les parezcan insignificantes”. ¡Cuán adecuada y pertinente resulta esta lección ahora que el imperialismo enfrenta un periodo crítico, el mayor en cuatro décadas, de declive en medio del declive, y que en Colombia, por añadidura, los contrafuertes de la política uribista, Seguridad Democrática y Confianza-Inversionista, a las que su artífice acaba de renovarles la fe, agravarán aquí las secuelas de la crisis económica global! No puede olvidarse, como ya se está viendo con la inicua y despiadada carestía de los bienes básicos por todo el orbe, que el capitalismo, y con más crudeza en su fase superior imperialista, resuelve estas crisis trasladando sus costos a los pueblos, con mayor grado de explotación del trabajo, con la concentración en más pocas manos del capital, con el monopolio, que, como anotó Lenin, “aumenta y agrava el caos propio de la producción capitalista”, con el predominio de los “genios” de “las maquinaciones financieras”.

El reto en estas circunstancias no es sólo que los moiristas actuemos en consecuencia. Urge también que las fuerzas y sectores, relacionados política y gremialmente, en especial en el movimiento obrero y social, acompañen este cometido. El MOIR se apresta para nuevas batallas y determinantes tareas políticas, y para ello está afinando las fuerzas, un requisito indispensable para cumplirlas a cabalidad. Si para este momento, lleno de tantas contradicciones, se buscara alguna cita de Mosquera que sirviera de aliento de la campaña, en todas ellas, sobre el valor, sobre el alma de los partidos, sobre la podredumbre de la sociedad que anuncia los saltos cualitativos o sobre las que zahieren a los oportunismos de cualquier índole, cabrían unas u otras y todas al tiempo. Por lo dicho y por lo que está por delante, reivindiquemos en este acto aquella con la que definió la esencia de los moiristas, puesta como lema por el Comité Central del MOIR, en su última sesión; aquí y siempre: ¡ Somos los fogoneros de la revolución!

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