José Arlex Arias, Cartagena, junio 18 de 2018

El imperialismo norteamericano existe; además, tiene las instituciones con las que sienta sus reales en sus neocolonias, las cuales actúan como sus brazos ideológico, económico y armado. La Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico –OCDE–, según Wikipedia: “es la sucesora de la Organización Europea para la Cooperación Económica, resultado del Plan Marshall y de la Conferencia de Cooperación Económica Europea, que existió entre 1948 y 1960. Su objetivo era garantizar la puesta en marcha de un programa de recuperación conjunta y supervisar la distribución de la ayuda a los países devastados en la Segunda Guerra Mundial. Nació cuando veinte países, tanto de América del Norte como de Europa, se adhirieron a la «Convención de la OCDE», llevada a cabo en París el 14 de diciembre de 1960. Estos países se comprometen a aplicar los principios de liberalización, no discriminación, trato nacional y trato equivalente. El principal requisito para ser país miembro de la OCDE es liberalizar progresivamente los movimientos de capitales y de servicios“. Por eso es “el tanque del pensamiento neoliberal”, a través del cual los Estados Unidos y otras grandes potencias se reparten los mercados del mundo.

 

Para ingresar a la OCDE se paga una franquicia según una escala proporcional a las economías, por ello Colombia aportaría a partir del 30 de mayo, fecha en la que el presidente Santos firmó el Tratado, entre 4 a 5 millones de euros anuales. Colombia le paga al Fondo Monetario Internacional una cuota de US$2.862,3 millones; al BID, US$2,76 millones; US$529.427 a la Organización Mundial del Comercio (OMC); y US$8,65 millones a la Organización de las Naciones Unidas. El presidente Santos reconoció que “como parte del proceso de adhesión, Colombia se ha sometido a varias evaluaciones de 23 comités de la OCDE, y ha realizado grandes reformas para alinear su legislación, políticas y prácticas con los estándares de la OCDE en cuestiones, entre otras, laborales, del sistema judicial, gobernanza corporativa de las empresas públicas, lucha contra el cohecho y ámbito del comercio, y ha introducido nuevas políticas sobre productos químicos industriales y gestión de residuos“. Está claro que todas las reformas van en la vía de acentuar el modelo neoliberal.

 

Para que el país quede más hundido, al lado de su “mejor amigo que le cobra aranceles por el acero y el aluminio”, Santos se comprometió con el brazo armado de los gringos, es decir, la Organización del Tratado del Atlántico Norte –OTAN–, que “es una alianza militar intergubernamental basada en el Tratado de Washington firmado el 4 de abril de 1949. La OTAN constituye un sistema de defensa, en la cual los Estados miembros acuerdan defender a cualquiera de sus miembros si son atacados por una potencia. El gasto militar combinado de la OTAN supera el 76% del gasto militar mundial” (Wikipedia). Así, Colombia se convierte en “cabeza de playa” para el ingreso de la OTAN a Suramérica y por eso, mediante una ley –con la oposición de algunos demócratas–, se decidió enviar soldados a participar en los conflictos que desarrolle Estados Unidos, a través de la OTAN; de aquí proviene el gran interés de EEUU en el proceso de paz en Colombia, el cual es irreversible. ¡Ni Duque ni Petro rechazaron la vinculación de Colombia a estos tratados!

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