José Arlex Arias, Cartagena, febrero 12 de 2018

Todos los años, la élite política y económica se reúne en Davos –Suiza–, en el Foro Económico Mundial, en el cual los potentados evalúan cómo van sus negocios y toman determinaciones que afectan a los trabajadores y a la población menos favorecida. En una de sus columnas en El Espectador, denominada “Depresión post – Davos”, Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001, sostiene: “El mundo está plagado de problemas prácticamente insolubles. La desigualdad está en aumento, especialmente en las economías avanzadas… los CEO de todo el mundo empiezan la mayoría de sus discursos afirmando la importancia de los valores… pero al final de sus discursos este año, cualquier ilusión que pudiera quedar sobre los valores se hizo añicos. El riesgo que más parecía preocupar a estos CEO es la reacción populista contra el tipo de globalización que ellos han moldeado –y de la que se han beneficiado enormemente–… no sorprende que estas élites económicas apenas entiendan hasta qué punto este sistema les ha fallado a grandes segmentos de la población, haciendo que los ingresos reales de la mayoría de los hogares quedaran estancados o que el porcentaje de ingresos de la fuerza laboral disminuyera sustancialmente”.

 

Paralelo a este evento, Oxfam, que es una confederación internacional de organizaciones que trabaja en 90 países, y cuyo propósito es “hacer campaña por un futuro más justo”, reveló que el 82% de la riqueza mundial generada durante 2017 fue a los bolsillos del 1% más rico de la población, mientras el 50% más pobre –3.700 millones de personas– no recibió nada de dicho crecimiento. Sobre Colombia afirmó que es el segundo país más desigual en la distribución del ingreso en América y el Caribe. El 1% más rico de la población concentra el 20% del ingreso. Estos datos fueron confirmados por la Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe –CEPAL–, que agrega que “el 1% más rico de esta región concentra el 37% de la riqueza, mientras el 50% más pobre solo accede al 3,5% de la riqueza total de la región. De la riqueza que se generó aquí en 2017, el 95% se la embolsó el 10% más rico de la población. Mientras, los 300 millones de personas más pobres perdieron 22.000 millones de dólares de activos durante el mismo periodo de tiempo”.

 

Estos son los resultados de un modelo neoliberal excluyente, que cada año concentra aún más la riqueza, despoja a la población de sus derechos, le arrebata el patrimonio a las naciones, profundiza la corrupción, genera ejércitos de personas luchando por un empleo mal remunerado, destruye las industrias y el sector agrario en beneficio de las multinacionales y derrumba las fronteras de los países mediante tratados internacionales, con el objetivo de adueñarse de su mercado interno. Y estos potentados se reúnen, según Stiglitz, para tomar medidas sobre “la reacción populista contra este tipo de globalización que ellos han moldeado”; ese es el “coco castrochavista” con el que nos quieren asustar para evitar que propiciemos una transformación de Colombia y sigamos así, resignados a vivir en la miseria que decidieron para nosotros, mientras los mismos con las mismas siguen concentrando la riqueza en sus bolsillos. ¡Basta ya: no más de los mismos con las mismas!

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