Compañeras y compañeros:
Nos reunimos hoy de nuevo ante la tumba de nuestro querido fundador y guía ideológico, Francisco Mosquera, para conmemorar el noveno aniversario de su muerte.

Durante estos nueve años, superando todas las vicisitudes, hemos conseguido un paulatino fortalecimiento de la fuerza partidaria en todo el país; hemos logrado vincularnos a más sectores de masas, consiguiendo avances importantes en los cargos de representación gremial y política; hemos acrecentado nuestro conocimiento de los problemas que enfrenta la clase obrera y el pueblo colombiano, y de la situación nacional e internacional; y hemos logrado audiencia en sectores de la intelectualidad y de la burguesía nacional, consiguiendo éxitos de relativa importancia, que nos han permitido dirigir y orientar la lucha en asuntos de gran calado para el futuro del país y la revolución. Estos avances significan que logramos consolidar un equipo de cuadros de dirección, bajo la orientación del camarada Héctor Valencia, y son en sí mismos el mejor tributo que podemos rendir a la memoria de Pacho Mosquera.

Enfrentamos una coyuntura nacional e internacional cada vez más compleja. Para asegurar su hegemonía mundial Estados Unidos ha lanzado una gran ofensiva militar sobre las naciones del mundo. Atacó a Afganistán e Irak. Amenaza a Siria, Irán y Corea del Norte. Pasa por encima de la legalidad y de las instituciones internacionales. Miente sobre las verdaderas causas de su agresión y oculta cuidadosamente a los ojos de la opinión pública de su propio país la masacre infligida a los pueblos afgano e iraquí. Diez mil bajas civiles y 20.000 soldados hasta ahora en Irak, es a sus ojos un bajo precio para mantener su predominio, asegurar las fuentes de petróleo del Medio Oriente y disuadir a los demás países árabes de mantener nexos con Al Qaeda u otros grupos islámicos, desanimarlos de cuestionar a Israel como potencia regional dominante, o de persistir en posiciones de independencia. De la misma manera oculta sus propias bajas. Se refiere a sus muertos pero procura mantener en secreto la cifra de los heridos. Con las declaraciones ditirámbicas de Bush esconde que jamás supuso que los pueblos se iban a oponer a su dominación y que no tenía por tanto ningún plan estratégico para el período de ocupación colonial. Y cuando la resistencia explota y se vuelve inmanejable retrocede en medio de amenazas y a regañadientes pide el apoyo de los países del mundo, obteniendo solamente respuesta de sus aliados y de otros pocos países necesitados de su ayuda, para que envíen tropas, con la esperanza ilusa de diluir su presencia. Sus marines se sienten como blancos móviles que no saben de donde va a salir el disparo que los va a matar. Nombra un gobierno títere con los más abyectos de los colaboracionistas y las multinacionales que financiaron la campaña de Bush se relamen con los negocios por venir. No obstante el empantanamiento evidente de sus fuerzas en Afganistán e Irak, Bush continúa adelante con su programa estratégico de dominación global y se apresta a lanzar nuevos zarpazos.

En lo interno, Uribe Vélez, asesorado por la plana mayor de la panda neoliberal de los Andes, lanzó la más grande oleada de reformas desde el gobierno de Gaviria en la década de los noventa del siglo pasado. Se trata de la adecuación de toda la legislación económica y laboral del país a las nuevas necesidades del imperialismo norteamericano, que no puede permitir la supervivencia de derechos como el de organización, estabilidad, negociación, huelga, y a un salario digno. Bajo el hacha neoliberal cayeron también las pensiones no solo limitadas sino amenazadas con nuevos gravámenes. Para poder superar su propia crisis económica, el imperialismo norteamericano necesita acaparar todos los negocios rentables en los países pobres del mundo. Como gráficamente lo describió Pacho, ahora, a diferencia del pasado donde dejaba subsistir sectores de la burguesía nacional, vienen por la tela, el telar y la que teje. Como un pálido adelanto de lo que sucederá con el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, ALCA, o el Tratado Bilateral de Libre Comercio, TLC, Uribe Vélez liquida empresas estatales o las divide para convertirlas en sociedades anónimas que serán presa fácil de las multinacionales que esperan ávidas al acecho. Al mismo tiempo debilita la educación y la salud públicas preparando su privatización.

Para prevenir la protesta por el rosario de reformas que ha dejado en la calle un gran número de empleados, así anuncien cada mes que de manera mágica ha descendido el índice de desempleo, fortaleció el aparato policial y militar. El puño militar que el imperialismo aplica en otros países del mundo de manera directa, aquí lo aplica a través de unas fuerzas armadas nativas puestas a su servicio. Parapetado detrás del agotamiento de la opinión pública con la guerra adelanta una serie de reformas antidemocráticas. Firma un pacto antiterrorista con las fuerzas políticas de derecha y logra que Lucho Garzón y Navarro lo avalen. La reforma política y su reglamentación por parte del Consejo Nacional Electoral prohíbe las alianzas y recorta el derecho de las minorías a estar representadas en las corporaciones públicas. El referendo tiene este mismo objetivo, además de apuntalar a Uribe y darle carta blanca para el futuro, si logra su aprobación. Y mediante un proyecto de ley que ya ha sido aprobado en cuatro debates del congreso, pretende regresar a las épocas oscuras del estatuto de seguridad de Turbay.

Precisamente fue durante el gobierno fascista de Turbay Ayala que surgió a la luz pública una contracorriente de derecha dentro de la “izquierda” colombiana que cifró su oposición al gobierno en el fortalecimiento del Estado de derecho. Pacho Mosquera escribió un editorial en el Tribuna Roja # 34, en septiembre de 1979, titulado “La vieja y la nueva democracia”, en el cual hizo claridad sobre el significado de fortalecer la vieja democracia burguesa en vez de propugnar por la nueva democracia del proletariado y nos dijo:

“Ahora nos hallamos cara a cara con una contracorriente de derecha mucho más dañina, que no distingue entre la democracia de los explotadores y la de los explotados y que cuando denuncia las torturas aboga porque la república de los torturadores funcione impecablemente, tras la estricta vigencia de la Constitución y de las leyes. El análisis del encrespamiento de la ola represiva lo desconecta por completo de las necesidades económicas que conducen al imperialismo norteamericano a incrementar el pillaje en sus neocolonias, preferencialmente las latinoamericanas. Y por ende, los portavoces de la mencionada contracorriente dejan de alertar sobre el auge inevitable del despotismo en el futuro cercano, y difunden la creencia conciliacionista y desorientadora de que los colombianos sin excepción, los hambrientos y los ahítos, gozarán de las garantías consignadas en convenios internacionales y en la codificación jurídica, a condición de que logremos discernir entre los “aciertos” y los “desaciertos” del gobierno y lo obliguemos a privarse de sus colaboradores patibularios”.

Además, escribió: “Los sectores de la oposición, que dentro de su labor proselitista se han mostrado especialmente activos en la denuncia de los atropellos y vejámenes del régimen, no atinan a señalar las razones reales que mueven a éste a rodar sin alternativa hacia la fascistización. Hablan desde luego de la concentración económica, de la moneda insana, de las estructuras injustas, de las naciones pobres y ricas y demás manifestaciones externas de la crisis; así como propenden gaseosamente por ciertos reajustes sociales. Empero, ignoran, o eluden precisar que la desastrosa injerencia de los Estados Unidos, sintetizada en la creciente y atroz explotación de los monopolios neocolonizadores, constituye el factor clave, decisivo, del hundimiento acelerado de Colombia en el pantano de una dictadura omnímoda y sangrienta. Nos tropezamos, pues, con una diferencia sustantiva, no transigible, entre tales sectores y nosotros. Como sus discursos y proclamas borran la causa básica, concreta, determinante, de la agudización de la violencia gubernamental contra las masas, ellos consideran viable, si se presiona, el retorno a un supuesto clima democrático, favorable para todos, que restaure el imperio de las normas constitucionales y exonere al Estado del acompañamiento disonante de la caverna reaccionaria y pro militarista”.

Pues bien, ahora en el gobierno fascista de Uribe Vélez surge nuevamente una contracorriente de derecha que reclamándose de izquierda o “socialista”, pretende guiar a los trabajadores y a las masas populares por el camino de la conciliación, el contrato sindical, o el sindicalismo empresarial y propositivo, con el fin de desarmarlos y entregarlos mansamente a la sumisión frente al imperialismo norteamericano y la burguesía intermediaria neoliberal. En el programa del Polo Democrático Independiente se evita cuidadosamente mencionar la dominación imperialista sobre nuestro país y los objetivos fundamentales del nuevo partido se cifran en defender el Estado social de derecho de la burguesía, la constitución del 91 y un ALCA “equitativo”. Se trata del embellecimiento y fortalecimiento de la vieja democracia burguesa. Sobre posiciones similares Mosquera escribió: “Una de dos, o estos señores conscientemente le hacen el mandado a la reacción, o su ignorancia supera las cavidades oceánicas”.

Y concluía: “La lucha contra el despotismo y la fascistización progresiva del país y por desgajarle al enemigo unas cuantas conquistas en bien del pueblo antes que suavizar las contradicciones entre la reacción y la revolución, entre la nueva y la vieja democracia, habrá de hacerlas más patentes y comprensibles para los obreros, los campesinos y demás destacamentos progresistas y patrióticos. Repudiamos la barbarie oficial y nos solidarizamos con quienes padezcan los sádicos tratamientos de los aparatos represivos, mas nada ni nadie conseguirá que el MOIR contemporice con el oportunismo. Para que se nos entienda a cabalidad: condenamos la arbitraria detención del poeta Vidales, un atropello inicuo; pero no dejamos de calificar cual imperdonable alevosía que él, concordante con su calidad de miembro del Foro de los Derechos Humanos, se sitúe junto a “los más interesados en fortalecer al gobierno, al Ejército, al Parlamento, a la entidad de justicia”. Si las masas trabajadoras no arrancan de cuajo los 50 o más años de mamertismo, ni bajan a empellones del escenario a los farsantes, ni cierran filas en derredor de sus justos intereses, antagónicos a los de la coalición bipartidista liberal-conservadora, la revolución colombiana se empantanaría paradójicamente en una coyuntura tan propicia como la presente. El MOIR, para evitar semejante peligro, va a requerir al máximo poner en juego la energía, la capacidad y la disciplina de sus cuadros y militantes, los abnegados fogoneros de la causa revolucionaria”.

En la actual situación, contra las pretensiones de la contracorriente derechista, nos compete poner en práctica los preceptos de la revolución de nueva democracia. Para ello tenemos que unir en cada momento y en cada situación a todas las clases y sectores, partidos políticos, movimientos y personas que estén dispuestos a luchar por la defensa de la soberanía nacional, contra el ALCA, contra el referendo y contra el gobierno de Uribe Vélez. No podemos quedarnos aislados condenando las debilidades y deficiencias propias de los potenciales aliados de la revolución colombiana. Tenemos que criticarlos y jalonarlos a la lucha activa, política aprobada en la Conferencia Nacional de la Mesa de los Santos. En esto estriba la importancia de la declaración firmada con la UD, el FSP, la CUT, la CTC y otros movimientos políticos y sociales, en la cual quedan incluidos todos los puntos antes mencionados. Y así no se pueda concretar nada en Bogotá con respecto a la campaña electoral, queda en pie el compromiso de defender la soberanía nacional contra el imperialismo norteamericano, impulsar la campaña de la abstención activa contra el referendo, la lucha contra el ALCA, el Paro Cívico Nacional y la marcha agropecuaria del 12 de agosto próximo.

La magnitud de la tarea que tenemos enfrente probará inexorablemente la firmeza del partido y de cada uno de sus militantes. Durante el año que hoy se inicia, décimo aniversario de su muerte, el Comité Ejecutivo Central ha determinado realizar una gran campaña de estudio del pensamiento de Francisco Mosquera, con el fin de fortalecer ideológicamente al partido y a la militancia para la situación que enfrentamos.

CAMARADA FRANCISCO MOSQUERA…PRESENTE, PRESENTE, PRESENTE…

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