Cualquiera que, con el propósito de obtener información sobre las moléculas, hubiera consultado un manual de química o de física escrito hacia finales del siglo XIX, se habría encontrado en muchos casos con declaraciones más bien escépticas en cuanto a su existencia real. Algunos autores fueron tan lejos que llegaron a negar que fuese alguna vez posible averiguar la cuestión experimentalmente. Ahora, escasamente después de una década, ¡cómo han cambiado las cosas! La existencia de las moléculas puede considerarse hoy firmemente establecida. La causa de este cambio radical debe buscarse en los estudios experimentales realizados en nuestro aún joven siglo XX. Las brillantes investigaciones de [Ernest] Rutherford sobre los rayos α y varios trabajos sobre la suspensión de pequeñas partículas en líquidos y gases proporcionan la comprobación experimental de la concepción atomística de la materia.
La prueba moderna de la existencia de moléculas se basa, por un lado, en los fenómenos que nos ofrecen información directa sobre la estructura discontinua (discreta) de la materia. Por otro, en el <
Entre las pruebas mencionadas, destaca en primer lugar el gran descubrimiento de Rutherford (1902-1909) de que muchas sustancias radiactivas emiten pequeñas partículas que, tras perder velocidad, chocando por ejemplo contra las paredes del recipiente que las contiene, muestran las mismas propiedades que el gas helio. En este sentido, se ha demostrado experimentalmente que el helio está formado por unas pequeñas partículas discretas, las moléculas. De hecho, Rutherford fue capaz de contar el número de partículas α o moléculas de helio contenidas en un centímetro cúbico de gas helio a 0 grados centígrados y a la presión de una atmósfera (1908).
El segundo tipo de pruebas de la existencia de las moléculas comprende un conjunto de investigaciones sobre la variación de la concentración con el nivel, observada en las suspensiones coloidales, y sobre los fenómenos de difusión con los que se relaciona, el movimiento browniano y la absorción de luz en tales sistemas.
Por fin, las investigaciones modernas acerca de la conducción de la electricidad a través de los gases y de los llamados rayos α han mostrado de forma concluyente que las cargas eléctricas, al igual que la materia, son de naturaleza atómica, es decir, compuestas en el límite por partículas de carga elemental, cuya masa es aproximadamente tan solo 1/700 del átomo de hidrógeno. En fecha muy reciente [Robert Andrews] Millikan y [Erich] Regenter han conseguido, por métodos totalmente distintos, aislar un electrón y estudiarlo directamente.
Vemos, por tanto, que el trabajo científico del decenio pasado ha arrojado las pruebas más convincentes de la existencia de las moléculas. No solo ha quedado fuera de toda duda la estructura atómica de la materia, sino que también se ha encontrado el modo de estudiar un átomo individual. Ahora podemos contar y pesar directamente los átomos. ¿Qué escéptico puede pedir más?
*Premio Nobel de Química en 1926.