La conmemoración del Día Internacional de la Mujer, hoy 8 de marzo, no es un evento comercial, así se quiera popularizar como tal. El 8 de Marzo es el día de la Mujer Trabajadora y tiene sus raíces en la lucha revolucionaría del proletariado mundial, en las reivindicaciones que las obreras norteamericanas, rusas, inglesas, francesas, suecas, y en general de las obreras que vivían el avance voraz del capitalismo durante la primera mitad del siglo XX y el período de entreguerras.

Sin embargo, la fuerza luchadora de la mujer revolucionaria no se inicia con el advenimiento del capitalismo. Basta recordar la resistencia de las mujeres esclavas latinoamericanas, quienes preferían abortar sus hijos antes que verlos nacer esclavos; o aquellas que envenenaban las comidas de los colonos para que pensaran que los demonios invocados por los hombres eran quienes traían la muerte a las casas señoriales (hechos que influyeron en la independencia de Haití). O las mujeres que participaron activamente en la independencia nacional, mujeres valiosas todas e indispensables, pues aunque no figuren como imágenes centrales en la historia patria, sin ellas la independencia nacional hubiese sido apenas un intento: la Cacica Gaitana, Policarpa Salavarrieta, Teresa Olaya, Fausta García, Simona Duque de Alzate, Manuela Sáenz y las demás que participaron en la justa libertaría.

Merece especial honor María Cano, una mujer de inquebrantable espíritu y valentía innegable, quien participó a inicios de siglo XX en la organización del movimiento obrero colombiano y quien entregó lo mejor de su vida a la lucha de los trabajadores patrios sin miramientos y sin esperar nada a cambio.
En este día es indispensable reconocer el papel de la lucha de la mujer codo a codo con los compañeros revolucionarios, quienes han decidido, como lo hizo María Cano, entregar lo mejor de sus vidas a la tarea de transformar las condiciones de este país. ¡Que el imperialismo no nos llame a engaños! Es demagogia luchar por la igualdad de género en una sociedad donde no existe igualdad entre los seres humanos.

En el mundo donde el capital financiero y el imperialismo voraz explotan pueblos enteros y acaban con sueños de patrias democráticas, la tarea principal de las mujeres es construir unidad con todos los sectores del pueblo, entregar lo más valioso y los más amado de sus vidas (tal cual Teresa Olaya entregó sus hijos a la justa libertaria, o Manuela Saenz dedicó sus destrezas a cohesionar el ejército libertador, o La Cacica y la Pola dieron su vida por el ideal nacional), y echar sobre sus hombros la tarea de “sostener la mitad del cielo”.

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