Bastante mal le ha ido a Colombia desde la presidencia de César Gaviria, con la que empezaron las peores políticas económicas y sociales de la historia del país. Y así de mala o peor ha sido la suerte de las regiones, como bien lo muestran los sufrimientos de tantos caldenses. Ahora, cuando existe la amenaza de que reelijan al presidente-candidato para que los mismos sigan con las mismas, y se avecina la elección del alcalde de Manizales, deben recordarse ciertos hechos que lesionaron en materia grave el interés público local.

A Manizales le correspondió el dudoso honor de encabezar las privatizaciones. Por ello, y en una decisión semiclandestina, la mayoría de la empresa de aseo “que funcionaba bastante bien, como los otros servicios que ofrecían las Empresas Públicas Municipales” se les entregó a menos precio a unos cuantos que luego le vendieron sus acciones, con grandes ganancias para ellos, al capital extranjero. Y no hubo ningún aporte especial que “justificara” la privatización, ni de capital ni de tecnología por parte de los agraciados, pero estos sí están exportando unas utilidades que podrían haberse quedado en la ciudad y haber sido menores si no le hubieran dado pie al sarcasmo de que es más barato enviar las basuras por Servientrega que entregárselas a los del negocio de las basuras.

La telefónica de la ciudad, que tenía un excelente cubrimiento y uno de los mejores niveles tecnológicos del mundo -sí, del mundo- también se privatizó a menos precio: Porvenir compró sus acciones a 943 pesos cada una y, un mes después, Empresas Públicas de Medellín (EPM) compró las suyas a 2.229 pesos. Como se advirtió, resultó ser paja que los socios privados aportarían grandes recursos y altas tecnologías, pues lo poco nuevo que se ha hecho se ha pagado con unas utilidades salidas de las enormes alzas en las tarifas locales. Para empeorar las cosas, la alcaldía de Manizales, mediante un acuerdo de accionistas que clama al cielo, le regaló a EPM el privilegio de mandar en la empresa, a pesar de que esta apenas tiene en ella el 36,88 por ciento de las acciones, ocho por ciento menos que la capital de Caldas. Y ahora que EPM se dispone a unir todas las telefónicas que controla en Colombia en una sola y privatizada, a Manizales se le convertirán en humo sus acciones, se quedará sin representación en la junta directiva y será atendida por una oficina de quinta categoría.

También se quedó EPM con el control de la Central Hidroeléctrica de Caldas (Chec), la principal empresa del departamento. En esta pérdida tuvieron que ver las políticas nacionales de privatización “aprobadas de manera unánime por los congresistas de Caldas de ese momento”, así como el grave error local de haber firmado el muy leonino TPA con Termodorada. Pero lo que en definitiva desposeyó a la región de la dirección de la empresa fue que los uribistas actuaron con el pretexto de que no importa quién tenga el control de las empresas que operan en el departamento.

Si el mismo alcalde que ferió la empresa de aseo fracasó en su intento de privatizar el acueducto de Manizales, esta vez por la vía de cederle su administración a alguien que solo aportaba su cédula de ciudadanía y el ser vocero de algunos empresarios, fue porque la ciudadanía derrotó tamaño despropósito.

También cuenta en el debe de los que han mandado en la región el cierre del Hospital de Caldas, caso que por su inusitada gravedad constituye una descomunal vergüenza para los responsables. Y asimismo fue fallida la gestión de la mal llamada “autopista del café”, pues se aceptó con errores tan grandes que sirven para enseñar cómo no deben diseñarse las vías, con la mayoría de los peajes en Caldas y cercando a Manizales pero con la parte más costosa de las obras por fuera del departamento, con gabelas de escándalo para el consorcio beneficiado con la privatización y con un cierre financiero que solo existió en el papel y que explica la lentitud de las obras.

Aunque podrían darse más razones, con estas bastan para llamar a votar para alcalde de Manizales por Julio Restrepo, quien siempre se ha opuesto a los neoliberales de todas las vertientes que tanto daño le han hecho a la ciudad y al país.

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