Quiero en primer lugar, agradecer en nombre del MOIR, cuya militancia en su totalidad se encuentra afiliada al POLO DEMOCRÁTICO ALTERNATIVO, a la ASOCIACIÓN DE INSTITUTORES DE ANTIOQUIA – ADIDA, a su Junta Directiva, y a su Presidente, Compañero Over Dorado Cardona, el homenaje que hoy le hacen a nuestro entrañable camarada FROYLAN.
Créanme que no olvidaremos nunca este gesto, que reivindica y rinde tributo al nombre de un combatiente inolvidable, para nosotros y para el pueblo antioqueño y colombiano.
Humilde hijo de la provincia del norte de Antioquia, rebelde desde su juventud, FROYLÁN llegó a las filas de la clase obrera en la desaparecida, como efecto de la apertura económica, Fábrica de Paños Vicuña-Santa Fé. Desde luego allí ayudó al fortalecimiento del sindicato, y participó al menos de una huelga.
Con posterioridad se vinculó al magisterio, y allí también, desde el primer día de trabajo, militó en el sindicato, que inicialmente se llamaba PROAS, organización en torno a la cuál estaban afiliados los profesores de enseñanza secundaria. Fue entusiasta promotor de la afortunada fusión entre PROAS y ADIDA, y activista respetado y reconocido por amigos y detractores de sus banderas partidarias.
Hoy en este acto, en el que se perpetúa su nombre, colocándoselo a este recinto, se hace también un pequeño acto de justicia. En realidad nunca pudimos, ni nostoros, ni las autoridades judiciales, establecer si su asesinato tuvo relación directa o indirecta con la actividad sindical y revolucionaria.
Pero de lo que no nos queda la menor duda, es que su existencia fue fructifera, entregada al servicio de los desposeídos, desprovista de ambiciones personales, y sobre todo, de combate sin cuartel contra los opresores.
Eso sólo, sería motivo para rendirle un homenaje permanente. Cómo hacen de falta en la Colombia de hoy, paradigmas de vida de hombres con la calidad de FROYLAN, hoy cuando lo que prima es que “todo se vale”, que “el fin justifica los medios”, cuándo lo que causa admiración es la avivatada, la trampa “bien hecha”, el enriquecimiento a toda costa, pero especialmente a costa de la pobreza de muchos, el aprovechamiento de las ventajas que da ser hijo de Presidente de la República, la mentira, el chantaje, la compra – venta de conciencias.
Hoy, cuando todo es mercancía, empezando por la patria, concepto que se utiliza para cometer las peores tropelías, desde comprar votos para reformar la constitución en provecho personal, pasando por espiar a opositores y magistrados, y hasta para asesinar jóvenes con el propósito de inflar las cifras de éxito de la “seguridad democrática”, y por el único delito de ser pobres.
Todo como mercancía, incluso la Patria, que no sólo se utiliza como símbolo, como señuelo, como engaño para levantar falsos nacionalismos, con la mano en el pecho y al compás de las notas marciales del himno nacional, al tiempo que se la vende o regala de manera infame a las multinacionales con el espejismo de la “confianza inversionista”.
Hoy si que necesitamos froylanes. Malditos quienes lo asesinaron. No sólo porque no se justifica de manera alguna quitarle la vida a mansalva a un ser inerme, cualquiera que sea su condición, sino porque nos privaron en esta hora crucial para la vida del pueblo colombiano de un combatiente de primera línea, y un ejemplo para muchos dirigentes que se duermen sobre los laureles de su cargo gremial y se terminan conviertiendo en una especies de monjes del sindicalismo, al incurrir en una vida rutinaria y sosa.
FROYLAN fue asesinado en ejercicio de su cargo como integrante del Comité Ejecutivo de la Subdirectiva CUT, y todos los que lo conocimos podemos testimoniar que su actividad sindical y política fué siempre incansable, con cargo o sin él.
No faltaba, y es más, estimulaba los grupos de estudio, tanto de temas pedagógicos, legales, gremiales o políticos. Dinámico en las reuniones de organismos partidario. Juicioso rindiendo cuenta de las tareas a las que se comprometía.
Se apasionaba con las luchas de las masas. Se le veía al frente de los habitantes del norte del Valle de Aburrá luchando contra los peajes, o de los de Belén y Laureles contra valorización. Activo en las marchas y protestas, a las que asistía con una especie de devoción que cuánta falta nos hacee. No iba a ellas como un turista o un transeúnte más. Una marcha la asumía como lo que debe ser para un dirigente calificado de la izquierda: como una responsabilidad.
No asistía a las citas de las movilizaciones populares con el criterio de ir por cumplir, para que lo vieran y no lo sacaran del cargo directivo de la CUT. Lo hacía con pasión revolucionaria, echándose al hombro no sólo el megáfono, sino toda suerte de actividades de coordinación y obrando con gran iniciativa.
Nunca he dejado de lamentar que me enteré de su muerte cuando me encontraba fuera del país, y unos dos días después de que ya había sido sepultado, pues si alguien merecía ser acompañado hasta su última morada, homenajes permanentes y prolongar en la memoria de las generaciones presentes y futuras su ejemplo de vida, ese alguien es FROYLAN.
FROYLAN el infaltable, FROYLAN el incansable, FROYLAN el amigo leal, FROYLAN el temperamental, FROYLAN el del chiste a flor de labio, FROYLAN el comunista,
Hagan conmigo el ejercicio de tratar de ubicar a FROYLAN entre los vivos en estos días, y estoy seguro que lo verían con su figura un poco pasada de kilos, con su dinamismo a veces pasado de revoluciones, con su espíritu en ocasiones pasado de optimismo, con su carácter eventualmente pasado de indignación, con su humor por momentos pasado de color, pero con una posición de clase proletaria en el punto exacto. En el que ojalá la tuviésemos todos los que nos reclamamos revolucionarios.
Lo hubiésemos visto este pasado primero de mayo trepado en el planchón del sonido agitando las consignas, vestido con la camiseta amarilla del POLO, haciendo salir de su boca, con una fuerza infinita proveniente de sus convicciones revolucionarias, y enviándolas hasta los más remotos confines, todas las expresiones de su ira contra la injusticia y de su solidaridad sin límites con los desposeídos y humillados.
Hagamos todos los homenajes que podamos a su memoria, pero nunca olvidemos que el único que vale la pena, el único que es carne y no retórica, el único que le llamaría la atención a FROYLAN si le fuese dado escoger algún tipo de homnaje, es aquel que se le rinde siguiendo el ejemplo de su vida al servicio de la profunda transforamción de nuestra sociedad.
Y si lo queremos homenajear, de verdad verdad, debemos estar hoy al frente de las batallas del pueblo colombiano contra la reelección de Uribe, por exigir la reversa de toda la política neoliberal, por la defensa de nuestro mercado interno y los derechos de los trabajadores.
En síntesis y en últimas, al frente y consecuentes con la brega por conquistar el poder para las clases sociales y sectores de clase a los que les sirva una sociedad de nueva democracia, basada en el ejercicio inclaudicable de nuestra la soberanía nacional y diseñada para el logro de la felicidad y la prosperidad de las inmensas mayorías de los colombianos.