Este viejo orden se pudre en un olor de basura amontonada,
De cáscaras de naranja a la lluvia y al sol,

De comida botada en la cara de los hambrientos,

De orina y excrementos que amarillean en las calles.

Da asco salir, ir al trabajo, estudiar, pasear, holgazanear;

Da asco ver al moscardón peludo pasar sus patas;

Da asco comer y aguantar hambre, reír y llorar;

Da asco tener que oír la repugnante cháchara de los dueños del mundo.

Este viejo orden pudriéndose remoza sus perfiles de sibilina crueldad

Y entre un consejo artero y un concierto de bombas aplasta y manipula,

Y entre un millón de muertos de hambre un filántropo de paño inglés

Y entre una fila de banqueros y una fila de políticos sin entrañas,

Una fila de hombres armados y desalmados camuflados y descamuflados.

Me da asco ese horizonte de espesas suciedades,

Mas

¿No crecen pueblos prietos de hombres y mujeres?

¿No andan pueblos triturando la mugrosa costra del mundo?

Pero es apenas el comienzo,

Apenas unas paladas en esos muladares,

Apenas el barrunto del camino a seguir,

Apenas inseguros pasos,

Apenas las primeras lecturas.

Apenas el comienzo,

Pues no tendremos, y no podríamos tenerlos,

Héroes broncíneos, Hércules en Áugeas,

Sino columnas de millones de pequeñas hormigas.

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