Fracasó el propósito gubernamental de cerrar la negociación del TLC el 23 de noviembre. El comunicado final de la Ronda de Washington “que se extendió por 10 días” fue lánguido y depresivo. No fijaron fecha para futuros encuentros, aunque especulan que los van a hacer y su tono contrasta con las declaraciones de los días anteriores, en las cuales señalaban que ‘pisando el acelerador’ habría un cierre seguro y satisfactorio.

Fracasaron todos los pronósticos del gobierno: a) Calcularon que al final tendría Estados Unidos algunas flexibilidades con Colombia, pero los estadounidenses se mantuvieron en las propuestas formuladas desde el primer día. b) Aseguraron que Colombia lograría con el TLC más que las preferencias del ATPDEA y Washington ofreció menos. La propaganda del gobierno de que el ATPDEA sería el piso de la negociación y que se trataba de conseguir algo más, quedó destruida. c) EEUU ofreció menos y resultó inútil todo el millonario esfuerzo, basado en la falsa idea de que el gobierno de la Casa Blanca está interesado en apoyar de alguna forma a Colombia. d) Ante el reciente dispositivo de cabildeo desplegado por el gobierno colombiano y que siempre se consideró como la artillería pesada para convencer a EEUU de que tuviera flexibilidad, dada la amistad entre Uribe y Bush, el Plan Colombia y la importancia de Colombia en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, una alta funcionaria del Departamento de Comercio (USTR) señaló por enésima vez que la negociación es comercial y que los temas políticos deben plantearse al Departamento de Estado. Con ello quedó refutado todo lo que se dijo acerca de que EEUU daría un tratamiento especial a Colombia. e) Al gobierno colombiano le falló la famosa estrategia de los ‘paquetes de intercambio’ y al final se decidió por un paquete global de intercambio, presentado a espaldas de los gremios agropecuarios y que no fue respondido por la contraparte. Las formulas “imaginativas y originales” que Colombia intentó hasta el último momento, mostraron que desde siempre Estados Unidos tuvo claros sus intereses y que no había astucia posible capaz para hacerle conejo a los mismos.

Tras 18 meses de negociación y 14 rondas, EEUU ratificó que no está dispuesto a hacer concesiones de ninguna clase; los ruegos del gobierno de Uribe sobre mayor flexibilidad se tornaron en su contra, sin que le quedara más alternativa que suspender el proceso. Todo esto lo habíamos señalado repetidamente desde RECALCA. Pero el problema no es solamente la falta de flexibilidad: también hemos advertido, en contra de los apologistas de estos acuerdos, que el tratado no puede ser equitativo por su propia naturaleza y esto es lo que se ha hecho evidente.

El fracaso del gobierno es un triunfo de la oposición y de los críticos del tratado. Las consultas populares, las gigantescas movilizaciones, el haber sacado la ‘negociación’ del secreto en que se la quería mantener y los foros, conferencias y campañas educativas han creado un ambiente de desconfianza con el tratado, el cual día a día es rechazado por nuevos sectores. De ahí que resulte cínico “por decir lo menos” que el gobierno, en trance de reelección, intente presentar el fracaso como una actitud de última hora en defensa de los intereses nacionales. Por el contrario, sabemos que la única forma de suscribirlo es con la claudicación completa del gobierno colombiano. Ahora se habla de que posiblemente habrá una ronda en diciembre. Uribe Vélez asegura que el TLC se firmará de todas maneras y llama a no pararse de la mesa, al paso que Hernando José Gómez anuncia que se intentará cerrarlo este año. En consecuencia, debemos estar alertas pues, con su persistencia en mantener la negociación, el presidente anuncia que está dispuesto a entregar aún más los intereses nacionales.

Pero hay algo más: lo que el gobierno entregó en el curso de estas negociaciones es enorme y de efectos devastadores para el país. Empezando por los temas en los que decía resistirse; por ejemplo, propiedad intelectual. Curiosamente, el Consejo Gremial Nacional señala en el comunicado de cierre de la ronda, que en propiedad intelectual EEUU se apalancó en el manifiesto deseo de Perú de concluir la negociación, sin percatarse que esta posición fue utilizada todo el tiempo EEUU aprovechando que Uribe se ‘dejó ver la gana’, así como su deseo de firmar contra viento y marea. Lo mismo aconteció en el ámbito agropecuario.

En el curso de estos meses Colombia cedió, además de la franja andina de precios, la salvaguardia agropecuaria permanente, ofreció inmensas cuotas de importación y la liberación total e inmediata de varios productos desde el primer día, sin obtener nada a cambio. Desde hacía días el equipo negociador había ofrecido la liberación inmediata del algodón, del trigo y de la cebada, ofreciendo a los algodoneros como paliativo un precio de garantía y mecanismos de compras de cosecha. Preparando la aceptación de la exigencia norteamericana de apoderarse de un día para otro del 83% del mercado del maíz, Colombia ofreció que aseguraría la compra de la cosecha interna. Los andinos se percataban entre convulsiones que la única forma de cerrar el tratado era aceptando las duras posiciones gringas que ‘entre otras cosas’ pidieron desgravar inmediatamente la soya y dejar entrar un contingente de 47.000 de cebos de origen animal que compiten con el aceite de palma.

Mas eso no es todo: el tratado no es puramente comercial y los puntos que ya estaban acordados entrañan graves peligros para el país en materia de derechos humanos y de soberanía, los cuales han sido puestos de relieve ‘entre otras’ por las decenas de acciones populares que las organizaciones populares presentaron en contra del mismo.

Está claro desde el primer día que Estados Unidos no flexibilizó y no flexibilizará sus posiciones. El gobierno uribista y todos los analistas lo sabían. El gobierno sembró entre los gremios la ilusión de que no sería así y Washington simplemente le dio con la puerta en las narices. Hasta el diario El Tiempo señaló que por la intransigencia de EEUU el gobierno se podría ver abocado a no firmar, afirmando que ‘sería una derrota que ambos gobiernos tan cercanos no lograran un acuerdo’y que si EEUU no flexibiliza sus posiciones ‘habrá pelado el cobre de siempre’. A medida que la opinión pública se ha enterado del contenido del tratado, de las desmesuradas exigencias norteamericanas y de la obsecuencia del gobierno colombiano, aumenta su impopularidad. Por ello la idea de firmar a toda costa ya no puede ser sostenida por el gobierno. Uribe Vélez parece haber decidido no pagar el costo político del tratado antes de las elecciones próximas, mientras que durante todo el año entrante la situación no es favorable para continuar las negociaciones, por las elecciones en la zona andina y en EEUU, a menos que Uribe claudique total y definitivamente.

Lo que corresponde es enterrar de una vez por todas el TLC, suspender definitivamente las negociaciones, abandonar las concesiones que se venían haciendo desechándolas en el futuro como un piso para recomenzar y hacer un juicio al gobierno sobre todas las concesiones unilaterales que hizo para agradar a los gringos.

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