Como es sabido los recursos naturales son de vital importancia para la subsistencia del ser humano, pero, hoy en día estos se han tomado como pericia en el modelo neoliberal que ha imperado en el país, por parte de los últimos gobiernos.

El boom minero, ha llevado a que las multinacionales movidas por la avaricia y el afán de ganar más utilidades, no les importa las consecuencias que sus devastadores proyectos puedan causar al medio ambiente, y a los pobladores y se han extendido por toda la geografía nacional, buscando succionar nuestros recursos minero energéticos, teniendo como casos emblemáticos lo del Quimbo en Huila, Marmato en el Tolima, la Colosa en Tolima y Caldas, Santurban en Santander, Cerro Matoso en Córdoba, la Drummond en el Cesar y el Cerrejón en la Guajira.

La Guajira, es una de las zonas de Colombia con mayor poder energético al cobijar en su subsuelo el 56% de las reservas nacionales de carbón, hace mas de 30 años, esta riqueza carbonífera es explotada por el cerrejón, la mina de carbón más grande del mundo a cielo abierto, la cual, es propiedad por partes iguales, del consorcio conformado por las multinacionales BHP Billiton, Anglo American y Xstrata. En el período que va del 1985 al 2009, exportó 444,9 millones de toneladas, generando divisas por el orden de US$18.299 millones, de los cuales, a la nación le correspondieron, sólo US $1.461 millones. Es decir, para los dueños del recurso, solo nos quedo el 7,9%. Habrase visto tal ignominia.

Estas multinacionales, ha intervenido un área de cobertura boscosa y de suelos de 12.000 hectáreas, recuperando apenas 3.000 hectáreas, de igual, manera ha destruido más de 10 arroyos y cañadas que eran tributarios del Rio Ranchería. Por otro lado, en su lucha por la posesión y el control del territorio ha desplazado a más de 30.000 guajiros, despojándolos de sus tierras y de la posibilidad de ganar la subsistencia, gentes, que vivían en los poblados aledaños al proyecto minero, como lo son entre otros, Manantial, las Casitas, Barrancones, Zarahita, Chancleta, Patilla, Roche y Tabaco; en este último, sus pobladores fueron desalojados a sangre y fuego.

En el transcurso del tiempo a la Guajira, que se caracterizaba por ser una región agrícola y comercial su vocación le fue cambiada, por la minera, como si se tratase de un acto de cambio extremo. La gran minería, ocupa el 60% del PIB departamental y solo genera el 2,9% de los empleos, según la Encuesta de Hogares del DANE en el 2005, lo que comprueba que esta actividad extractiva, tiene como característica que es intensiva en capital y baja en generación de empleo.

La Guajira hoy está sumida en una crisis social profunda, sólo basta mirar la situación de los pobladores de los municipios mineros como Barrancas, Albania, Hato Nuevo, Uribía y Manaure. Podemos observar, que un buen indicador de la salud es el de disponer de servicios públicos, en particular el acceso al agua, alcantarillado y aseo entre otros. Aquí encontramos uno de los peores índices nacionales por ejemplo, el 21.1% de la población son indígenas que apenas tienen acceso a servicios de acueducto, el 11.8% a alcantarillado y el 13.2% a recolección de basuras. Pero, si miramos, el factor de la calidad del aprovisionamiento del agua, encontramos que para la población indígena el 35.7% lo toman de jagüeyes, el 19.3% de pozos con bomba, un 13.4% de ríos o quebradas y apenas un 11.4% de acueducto público en la población indígena. En tanto, que la población denominada no indígena su aprovisionamiento para el 83.1% es de acueducto público. En materia educativa tenemos que la población indígena, presenta un analfabetismo del orden del 39.9% y el 7.0% para la población no indígena. Si comparamos esa cifra con los indicadores para la costa atlántica, donde el analfabetismo llega al 11.7% podemos concluir que esta zona tiene problemas muy serios en el tema educativo.

El cerrejón en su afán de seguir aumentando sus ganancias, emprendió un proyecto (P-500 como es conocido), que se basa en llevar la producción de 30 a 60 millones de toneladas; para ello, deben abrir dos tajos nuevos, el Este y el Oeste, los cuales, se encuentran debajo del lecho natural del Rio Ranchería, por lo que pretendía trasladar el río en 26,2 kilómetros. Sin importarles que gran parte de la Guajira sea desértica y ese rio es la principal fuente de agua dulce de esta región, sin olvidarnos, que el rio para los wayuu es la mayor representatividad de la vida.

Como los pueblos en su accionar son sabios, pues van encontrando la contra a sus desventuras, los guajiros, después de un dilatado proceso de organización y resistencias, donde primero aparecen los diversos actores que le hacen resistencia a la gran minería del Cerrejón, posteriormente, comienzan a brotar los gérmenes organizativos y las primeras luchas, aunque estas en principio fueron dispersas desarticuladas y reivindicativas, para finalmente, entrar a una fase de articulación y conformación de organización de mayor amplitud.

En ese marco se constituyó el Comité Cívico de la Guajira en Defensa del Rio Ranchería, el Manantial de Cañaverales y la Regalías, quien dirigió y articuló la lucha por la defensa del río. Las principales vertebras de la dorsal del comité son el Sindicato de los Trabajadores de la Industria del Carbón, SINTRACARBON, la Federación de Comunidades Desplazadas por la Gran Mineria de la Guajira, FECODEMIGUA, la Organización Fuerza de Mujeres Wayuu, la Asociación de Autoridades y Cabildos Indígenas del Sur de la Guajira, AACSIWASUG, la Universidad de la Guajira, la MANE GUAJIRA, entre otras organizaciones.

Se constituyó en la mayor propuesta de unidad del pueblo guajiro en toda su historia, donde supo conjugar los intereses de los trabajadores, indígenas, las negritudes, campesinos, estudiantes, dirigencia política, gremial y sindical cansados del estancamiento de este pueblo y el perjuicio que tenemos y tendríamos a costa de los caprichos de esta multinacional. Emprendimos esta lucha sabiendo que la pelea no era fácil, no permitiremos que terminen de dañar WOUNMAINKAT (madre tierra), por tal razón se da la creación de este comité. El cual fue fundamental ya que nos permitió unificar fuerzas de todos los sectores políticos, sociales y culturales de esta región; tanta fue la fuerza alcanzada en los foros, los debates en el senado, la cámara y las marchas que se logró que este conflicto se visibilizara en todo el país y en el exterior.

Fueron muchas las voces de protesta en contra de este nefasto propósito que tiene el cerrejón, que día tras día el comité fue tomando fuerza, hasta el punto de arrinconar al gobierno hasta llevar al Ministro del Interior, Fernando Carrillo Flórez, de que no existía posibilidad de aprobar la desviación del río Ranchería en la Guajira sin que se surta un proceso claro y ampliamente participativo del pueblo wayuu en el proceso de consulta previa. El senador del Polo Democrático Alternativo, el senador Jorge Robledo jugó un gran papel en esta lucha ya que denuncio el proyecto P-500 en el congreso por las irregularidades cometidas en una falsa consulta donde engañaban a los wayuu para que le aprobaran el desvío del río.

La Mane juega un importante papel, no sólo, por su emotividad y la vitalidad que le imprimió al comité, sino, porque hombro a hombro, desarrolló con el resto de organizaciones un proceso de organización del resto del movimiento estudiantil y de igual manera, llevó a cabo una labor educativa a indígenas, negritudes y a los trabajadores. Toda una gesta de aprendizaje y de vínculo con las bases del pueblo guajiro.

Deja un comentario