Manuel Alejandro Rayran Cortés*, junio de 2018
El pasado 8 y 9 de junio, las naciones agrupadas en el G7 -Estados Unidos, Canadá, Italia, Alemania, Japón, Gran Bretaña y Francia- se reunieron en la región de Charlevoix (Canadá) para su cuadragésima cuarta cumbre diplomática, la cual estuvo impregnada por la discordia y la discrepancia en temas económicos y políticos entre los países miembros, constatando así el resquebrajamiento del orden mundial y la caducidad de esta organización en el actual contexto de las potencias emergentes.
La cumbre económica del G-7 de este año se caracterizó por estar atiborrada de tensiones originadas por el presidente estadounidense, Donald Trump, debido a que éste emprendió una guerra económica en contra de sus aliados históricos al aumentarles los aranceles en las importaciones de acero y aluminio, política alentada por su asesor económico Lawrence Kudlow, quien se hace llamar un defensor acérrimo del libre comercio.
Según el mandatario estadounidense su actuación hostil se debe a dos razones: la primera, los chinos y sus aliados occidentales aplican prácticas desleales que afectan la economía de los Estados Unidos, los primeros con el incumplimiento de los derechos de propiedad intelectual y los segundos con los altos aranceles sobre los productos del gigante del norte; y la segunda, el republicano dice estar cansado que su país sea el mayor financiador del actual estructura internacional.

Con respecto a su primera razón, el presidente Trump olvida que su país también violó las normas de propiedad intelectual hace años, cuando las fábricas de textiles estadounidenses en el siglo XIX buscaron desesperadamente la tecnología de Gran Bretaña, robaron diseños e introdujeron de manera ilegal a artesanos británicos con el objetivo de fortalecer sus industrias y competir con este país. Con respecto al tema arancelario también el mandatario republicano omite que durante años, Estados Unidos ha utilizado subsidios de producción y exportación (caso del algodón) y el dumping que realiza con otros socios comerciales como India, China, Brasil, entre otros, violando así la normatividad de la Organización Mundial del Comercio que el mismo Washington, en sus acuerdos comerciales, exige a otros países cumplir.
Acto seguido, la inconformidad de Trump por el alto costo que paga Estados Unidos por mantener el actual orden internacional evidencia que Washington no está dispuesto a continuar financiando a sus aliados y que éstos deben tomar también algunas responsabilidades económicas. Lo anterior, demuestra que la situación económica del gigante del norte no es buena y que en estos momentos debe ser estratégico al momento de utilizar sus recursos financieros, políticos y sociales para recuperarse y así poder afrontar los nuevos desafíos producidos por China e India.

Esta nueva redistribución de compromisos y tareas, que Trump hace de manera hostil, ha resquebrajado el orden internacional, aumentado la inestabilidad en el sistema internacional y permitiendo un mayor espacio de juego a China y Rusia para que tengan más protagonismo en el escenario político y económico. Por esta razón, en estos momentos Alemania, Francia, Gran Bretaña, entre otros socios de Estados Unidos deben de redefinir sus objetivos, estrategias, tácticas y alianzas para mantenerse vivos con los nuevos cambios mundiales.
Por otro lado, las divisiones dentro del G-7, o mejor como lo dijo el mismo republicano Trump el G6+1, también muestra que esta organización de países está caducada, pues los Estados miembros ya no tienen la misma vigorosidad política y económica para afrontar los nuevos desafíos y ésta institución no tiene la capacidad para incluir a las naciones emergentes que tienen la capacidad para delinear el sistema internacional. Para poner un ejemplo, la actual situación económica de Italia no es la misma de hace unos cuarenta años, ya que este país fue superado por países emergentes como la India en temas como el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y los bajos niveles de desempleo, pues mientras que para 2017 Italia tuvo un PIB de 1.921 billones de dólares, con un crecimiento del 1,5% y un desempleo de 11,4%, el PIB de la India fue de 2.439 billones de dólares, su crecimiento de 6,7% y un desempleo de 8,8%.

Asimismo, esta división del G6+1 y la solicitud de Trump de incluir a Rusia a la organización es una clara manifestación que esta organización, entre otras como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, exigen a gritos una reforma democrática a la gobernanza internacional. En estos años del siglo XXI, que se han caracterizado por el mayor protagonismo de las sociedades y los actores no estatales gracias al desarrollo de la tecnología, por el surgimiento de países emergentes y por la resurrección de China, se ha demostrado que los países que delinearon el sistema internacional durante los siglos XIX y XX ya no tienen las mismas capacidades para mantener su estructura y por el contrario ahora tienen que negociar con estas nuevas naciones.
Es así que, los choques evidenciados en la cumbre económica del G7 no fueron solo caprichos del presidente Donald Trump, por el contrario, son pugnas agudas dentro de un sistema internacional resquebrajado por los cambios profundos como la transición de poder, la alteración en la jerarquía y la metamorfosis del liderazgo político y económico que está llevando a cabo China y los países emergentes, así como también una evidencia más que los países occidentales pierden cada vez más campo de acción por su división.
*Magíster en Ciencia Política Orientada en Relaciones Internacionales con especialidad en Diplomacia y Resolución de Conflictos. @AlejandroRayran