Entre las muchas fábulas que los neoliberales han propalado por el mundo está la del “milagro Chileno”, así el único “milagro chileno” hubiera sido meter como tal un fracaso económico de esas proporciones y tras esa engañifa hubieran intentado pasar de contrabando su desvergonzado respaldo a la sanguinaria y corrupta dictadura que lo produjo. Desde hace rato quedó claro que la aplicación del neoliberalismo en Chile liquidó a la industria no monopolista y a la producción de cereales de ese país, disparando el desempleo a niveles nunca vistos y concentrando la riqueza en manos de las transnacionales y de la gran oligarquía intermediaria y financiera. Pero para acabar de dejar en rines a los corifeos de las falacias aperturistas y privatizadoras, es bueno que se sepa que hoy por hoy la economía chilena padece de una crisis bien similar a la colombiana, con el agravante de que acaba de salir de siete meses de racionamientos eléctricos y de apagones casi totales, entre octubre de 1998 y abril de 1999.
Según la Revista Semana del 10 de mayo de 1999, el racionamiento y los apagones chilenos ocurrieron porque así le convenía a los mezquinos intereses de Endesa, el gran monopolio que más se benefició del negociado que hizo Pinochet con la privatización de la generación, transmisión y distribución de la energía eléctrica chilena. Los apagones ocurrieron porque Endesa no amplió la producción de energía eléctrica como requería el país, porque tampoco quería pagar un mayor precio por el fluido de las otras generadoras y porque así presionaba al gobierno para que le mantuviera altas las tarifas, es decir, porque esa conducta gangsteril se la exigía su insaciable afán de lucro.
Solo cuando la presión de la opinión pública lo obligó ante el incremento de los apagones, el 26 de abril, el presidente Eduardo Frei “hizo una dura crítica por televisión a las empresas eléctricas… Frei llegó a plantear dudas sobre las bondades de las privatizaciones en el área de los servicios. ‘Se instala la imagen de que hay prontitud para obtener ganancias pero desidia e ineficiencia a la hora de entregar los servicios correspondientes’, dijo”.
Pero no obstante la barbarie implícita en la decisión de dejar sin energía a todo un país, con tal de mantener o aumentar la ganancia, el neoliberal Felipe Lamarca, presidente de la Sociedad de Fomento Fabril, no tuvo empacho en decirle a Semana que “esta actitud del presidente Frei puede ser desestimulante para los inversionistas extranjeros, que son sensibles a las posiciones estatistas. El Estado debe hacer lo que le corresponde: ser subsidiario de la salud, educación y obras públicas. Y los empresarios hacer negocios para que haya empleo y crecimiento económico; nadie va a arriesgar su capital para que el Estado le diga cómo debe administrarlo”, concluyó. Genio y figura hasta la sepultura. Si en la búsqueda de la máxima ganancia el colonialismo y el neocolonialismo han sido capaces de imponer agresiones coloniales, flotas de corsarios, esclavitud a millones de negros africanos, contrabando en todo el mundo, consumo de opio en China, desmembración de países y centenares de guerras regionales y dos mundiales, entre otras de sus hazañas, ¿por qué habría de aceptar que alguien lo censurara por dejar a Chile a oscuras?