Me sorprende que todavía no haya merecido comentarios el muy importante artículo del doctor Juan Manuel Santos, del 16 de noviembre, sobre el Alca y el TLC, que el país debe analizar con detenimiento y sin prejuicios. El ex ministro afirma que los negociadores gringos van «a la yugular» y que por lo mismo, hay que tener mucho cuidado en la negociación de los tratados comerciales con la superpotencia.

Me parece, entonces, que nadie puede mortificarse si los yanquis van «por todo», porque ellos promueven los intereses de los Estados Unidos, no los nuestros. Lo grave es no entender esa posición. Por eso quienes aborrecen cualquier trato con ese país están despistados. Pero también lo están quienes consideran que lo que es bueno para los Estados Unidos es bueno, sin duda alguna, para los demás países.

Nuestros negociadores, según dicen algunos exportadores, son más bien ingenuos e inexpertos. Eso no me consta. Lo que sí observo es que son muy amables con la contraparte y que mientras Mr. Zoellick va, como es su obligación, a la yugular, nosotros respondemos con sonrisas. Y lo que es peor, aceptando que el TLC hay que negociarlo en diez meses y que debe estar listo para el 2005. Además se nos impuso un marco «andino», contradictorio y confuso, que oscurece y dificulta la negociación, sin la menor repulsa de nuestro gobierno.

Ninguna persona avezada se compromete a negociar algo de la mayor importancia apremiado por un corto e inexorable plazo. Aceptar la imposición de términos para tener que acabar diciendo sí es algo muy parecido a lo que hacen las novias urgidas.

Para el futuro de Colombia no hay tema más importante que el del Alca o el TLC. Afortunadamente, es fácil, a través de The New York Times, obtener abundante información sobre estos asuntos.

Observo que después de la reunión de Doha, Colombia desertó del «grupo de los 22» exportadores agrícolas, manifestando inequívocamente su simpatía por los Estados Unidos, opuestos a las salvaguardias de los productos del campo. Emitir esta señal equivale a renunciar de antemano a varios ases.

Luego hemos visto que Brasil y Argentina han dicho al Alca: «sí, pero…», como corresponde a quienes quieren negociar, mientras Colombia dice inequívocamente que está ansiosa de suscribir un TLC. Así Brasil está jugando con sus cartas entre la manga mientras nosotros las ponemos sobre la mesa.

No tengo especial simpatía por Brasil y pienso que su presidente ha resultado mejor en la retórica que en los hechos, pero no puedo desconocer que está jugando mejor que nosotros. Hasta ahora ha conseguido diluir el Alca porque no está dispuesto a aceptar las exigencias gringas en materia de patentes, propiedad intelectual, contratación pública y resolución de conflictos. Estos temas los ha trasladado a la Organización Mundial del Comercio, lo que equivale a dejarlos para las calendas griegas, de la misma manera como los Estados Unidos chutan el tema de los subsidios agrícolas a la misma OMC. Eso es negociar bien, reservándose cartas y protegiendo los sectores más vulnerables de la economía.

Un Alca sin esos constreñimientos podría ser benéfico si cada país lo negocia pensando (como los gringos) exclusivamente en sus intereses, con pasos meditados y medidos.

En cambio, negociar apresuradamente, impelidos por la fe ciega en el libre comercio, puede ser una demostración de idealismo y altruismo, atributos ajenos a la vida de los negocios.

Un TLC donde nos abramos de patas en diez meses de frenética improvisación podría llegar a ser «the last nail in the coffin». Colombia es un país muy débil y vulnerable y no puede dar su brazo a torcer en materia de patentes y de propiedad intelectual, para no hablar de otros puntos.

Si nuestro sector Salud es cada vez menos viable con el precio actual de los fármacos, imaginemos el escenario evocado por Asinfar con un incremento promedio del orden del 60% en los medicamentos patentados. Pero nuestro ministro de Comercio no sólo acepta el esquema actual en materia de propiedad intelectual para los medicamentos (lo que podría debilitar nuestra capacidad negociadora), sino que se enfrenta a su colega de Protección Social, que considera que ya se cedió quizá más de la cuenta. Y también al Ministro de Agricultura, preocupado por las exigencias sobre semillas modificadas genéticamente y patentes sobre organismos vivos. En cambio, en Australia, país rico, se rechaza tajantemente cualquier negociación con los Estados Unidos que implique incrementar el precio de los medicamentos Finalmente, en comercio exterior todos deben ir a la yugular, porque en ese terreno no existen contemplaciones ni tratamientos de favor.

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