Se ha filtrado un estudio de Planeación Nacional que resume así los posibles resultados del TLC para Colombia: 1) incremento del 11,9% en las importaciones, 2) aumento del 6,4% en las exportaciones, 3) incremento de la productividad 0,48%, 4) aumento del bienestar 0,79% y 5) reducción anual de los ingresos aduaneros entre 590 y 300 millones de dólares.
Además, en un interesante artículo de Alejandro Gaviria (El Espectador, mayo 16/04), economista neoliberal y uno de los asesores del actual gobierno, leemos que, según estudio de la Universidad de los Andes, el empleo apenas aumentará en 80.000 puestos de trabajo en los primeros seis años del TLC.
La primera inquietud es si se justifica correr los enormes riesgos de esa aventura para resultados comerciales tan magros y que además significan un déficit estructural y creciente de las balanzas cambiaria y comercial.
La segunda inquietud se refiere a nuestra capacidad para afrontar: a) un régimen de patentes diseñado para encarecer más los medicamentos, b) igualdad de condiciones en las compras del Estado colombiano para los proponentes norteamericanos y c) la eliminación de las barreras protectoras nacionales para nuestras endebles empresas de telecomunicaciones y nuestro raquítico sector financiero.
La tercera inquietud, y no la menor, es si nuestra Hacienda, ya bien desfondada, puede renunciar a la mitad de la renta de aduanas.
En México y Chile la reducción de esa renta se compensó con IVA general al 18%. Eso ocasionaría en Colombia un cataclismo social por la naturaleza regresiva del IVA, una intolerable contracción del mercado nacional y un incremento adicional e indeseable de la concentración del ingreso.
Adicionalmente, si se menguan de tal manera los ingresos aduaneros, el déficit de tesorería será cada vez más inmanejable y al desaparecer los instrumentos arancelarios, se renuncia a toda posibilidad de promover el establecimiento de nuevas industrias o el mantenimiento de las antiguas.
Las conclusiones de Planeación Nacional y de Alejandro Gaviria, hacen pensar que el TLC es un parto de los montes, que la criatura anunciada con tan grandes aspavientos no producirá el inmenso crecimiento de las exportaciones que se requiere para eliminar el desempleo en Colombia y que el TLC no incrementa las exportaciones de minerales, hidrocarburos y café, que ya llegan con cero arancel a los Estados Unidos. ¡ Y estos tres rubros son algo así como el 60% de nuestras exportaciones!
preguntarnos qué futuro pueden tener los productos Pero el ratoncito del TLC no es inofensivo, porque hay que industriales de un país cuya economía es 790 veces más pequeña que la de los Estados Unidos. Peca de ingenuo optimismo el Ministro Botero cuando dice que somos 146 veces menos grandes que ese país y se equivoca Analdex cuando cita mal al Ministro y dice que la gran potencia es 126 veces más grande que nosotros.
El PNB gringo equivale al 30% del producto mundial. Las exportaciones anuales de Colombia son iguales a las que realizan los Estados Unidos en media semana. Nuestro PNB equivale al 1.26% del de los Estados Unidos.
El entusiasmo por el TLC a todas luces es exagerado y su negociación apresurada entre el Departamento de Comercio y tres países disímiles que lo único que tienen en común es la miseria, no augura nada diferente a confusión, improvisación y equivocaciones, de muy buena fe como corresponde a la colección de señores y señoritas con títulos extranjeros que van a representar a los países andinos sin la menor experiencia empresarial, sin mayor conocimiento de nuestros problemas y obnubilados por una obsecuente adhesión ideológica a los intereses de la contraparte.