Los líquenes son tan comunes que pasan inadvertidos; recubren los ladrillos de los parques o la corteza de los árboles, sin embargo, solo hasta ahora se explora su inmensa diversidad y potencial científico. Nuevos hallazgos convierten a Colombia en uno de los países más diversos en estos organismos.
Adonde quiera que se vaya es posible encontrarlo. Recubre las rocas de los ríos con manchas naranjas, blancas o negras y envuelve parte de la corteza de los árboles con vetas verdes oscuras o marrones.
Algunos lo llaman musgo y otros, lama, pero su nombre es liquen, un organismo del cual poco se conoce y que no es otra cosa que la unión natural de un hongo y un alga, en un proceso conocido como asociación simbiótica.
Los hongos (levaduras, mohos y setas) hacen parte de un reino distinto al de las plantas. Algunos evolucionaron para ayudar a descomponer la materia orgánica del suelo, otros para vivir como parásitos y un tercer grupo, el que más está dando sorpresas, “aprendió” a cultivar algas.
Los dos organismos que forman el liquen tienen una relación muy estrecha: el hongo se encarga de evitar la deshidratación en el alga, mientras esta sintetiza y excreta alimento para su compañero. Esto sucede mientras viven como inquilinos en la corteza del árbol sin producirle mal alguno.
Filtros naturales
En los páramos, la alta concentración de líquenes contribuye al ciclo del nitrógeno, un elemento químico vital para la fertilidad de los suelos. Además, regula el flujo del agua, por su capacidad de almacenarla en grandes cantidades en sus intrincados y esponjosos cuerpos. De ahí su importancia en el ciclo de nutrientes y en la circulación hídrica de los ecosistemas.
Se estima que existen entre 1,5 y 5,1 millones de especies de hongos en el mundo, de los cuales apenas 100.000 se han descrito; de estos unos 18.000 son líquenes. En Colombia se han registrado 1.239 macrohongos y 1.562 líquenes, pero se estima que podría haber al menos 3.600. De hecho, en la actualidad el país ocupa el quinto lugar en este tipo de biodiversidad.
Una de las personas que más los ha estudiado y descubierto en el país es la bióloga Bibiana Moncada, doctora en Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia y profesora de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Ella lideró un inventario llevado a cabo por científicos de varias instituciones académicas, entre ellos Robert Lücking, del Fiel Museum de Chicago (Estados Unidos.). Este esfuerzo fue destacado hace poco por el periódico británico The Guardian, en su columna de logros científicos destacados.
La docente se interesó en el género Sticta, del cual se creía se sabía todo y cuya particularidad son unas perforaciones en la superficie ventral del cuerpo. Al estudiar muestras del Herbario Nacional del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la un y de herbarios de otros países, la investigadora encontró que este grupo en Colombia estaba compuesto por 66 especies y no por 26 como se pensaba.
El hallazgo es significativo, pues alrededor del planeta había descritas 120 especies de Sticta, pero ahora los científicos estiman que existirían unas 500, una diversidad sorprendente para organismos aparentemente simples.
Nuevos horizontes
Otro género que despertó el interés de la doctora Moncada y del Grupo Colombiano de Liquenólogos es el Lobariella, del que se conocían solo 5 especies en el mundo y ahora ya hay 38, de las cuales
Colombia tiene 30.
El hallazgo más curioso fue el género Cora, que se pensaba era monotípico, es decir, que tenía una sola especie para el mundo. Pero ahora se sabe que en Colombia existen más de 60 solo en la región Andina.
“Esto nos hace repensar los estudios de líquenes en Colombia, campo en el que la un y la U. Distrital son abanderadas, debido a las sólidas base de datos con que cuentan”, dice la bióloga. Lo que viene es ahondar en la descripción pormenorizada de cada individuo, una tarea de largo aliento, pues, según la doctora Moncada, se calcula que solo en el país pueden haber 2.000 especies por describir.
¿Cuál es su importancia?
Los líquenes son hongos que forman metabolitos secundarios, unos compuestos orgánicos que producen y acumulan diversas reacciones químicas que son útiles en la naturaleza. Por ejemplo, en el reino vegetal permiten producir aromas que atraen o repelen a los insectos y dar color a las flores para hacerlas más atractivas.
El hombre ha utilizado estos metabolitos secundarios en medicamentos, perfumes, licores, pigmentos y hasta alucinógenos (es el caso de los alcaloides). En el mundo de los líquenes también hay un universo de virtudes químicas por descubrir; sobre todo si se tiene en cuenta que cada especie tiene una riqueza específica de metabolitos.
Otra línea de acción que aún no se explora en Colombia es el uso de líquenes como indicadores de bosques. En otros países se ha demostrado que sirven para determinar el estado en el que se encuentran estos ecosistemas.
Por ejemplo, según reportes científicos, en Tailandia han estudiado líquenes en árboles de gran altura y su presencia sobre el tronco es indicador de la antigüedad del bosque; también, la diversidad de especies sobre las hojas puede ayudar a determinar si selvas tropicales con árboles muy altos se encuentran en bosques primarios o secundarios.
Laboratorio vivo
Estudiar la historia evolutiva de los líquenes en el país es relativamente fácil gracias a la existencia de páramos, considerados los centros de biodiversidad más especiales del planeta, como el Chingaza y el Sumapaz, donde se hicieron varios hallazgos. En estos sitios se ha descubierto el 90% de las nuevas 120 especies descritas por la ciencia. No obstante, quedan por examinar otros ecosistemas.
El hallazgo de la utilidad de las sustancias liquénicas puede abrir nuevas patentes, como sucede en otros países donde se fabrican diversos productos con base en estas sustancias.
Por ahora, en algunas localidades boyacenses tiñen ruanas, sacos y otras prendas con sustancias extraídas de líquenes, las cuales tienen la particularidad de fijarse fuertemente. En Santa María, la publicación de unas guías de líquenes del municipio se presenta como el primer paso para conservar estas especies; una idea que sin duda hay que aplicar en todo el territorio nacional.