Mientras los productores de fríjol de la cordillera metense esperaban que la audiencia con el Ministro de agricultura se concretara, luego de haber sido solicitada hace más de tres meses – no ha valido ni la intercesión de la Secretaría de Desarrollo Agroeconómico del Meta- desde el ministerio se conoció una resolución, la 183, dizque para resolverles, según el boato con que acostumbran a cacarear esta medidas desde el gobierno.
En la mentada resolución se reconoce que: “desde el año 2012, con la entrada en vigencia de los tratados de libre comercio con EE UU y Canadá y con las importaciones de china y Perú, se aumentó la oferta en el mercado nacional de un volumen promedio de más de 30 mil toneladas de fríjol con un precio inferior de 6% al del fríjol nacional … “ lo cual “… afecta el precio nacional … que enfrenta una caída de 41%…”; es decir se reconoce el problema, debidamente cuantificado: Según esto, sobre un precio de 500.000 pesos la carga de 125 kilos, el menoscabo es de 205.000 pesos.
Con unas cuentas tan claras y una confesión excepcional sobre la causal de la debacle, cualquier persona medianamente sensata deduciría que la medida para contrarrestar el desafuero sería proporcional al daño causado. Veamos: “El valor del apoyo será de 100.000 pesos moneda corriente por tonelada vendida…”, Lo cual ocurrirá luego de cumplir con requisitos que en un berenjenal de condicionamientos, obligados a plasmar contra reloj, para unos productores, 120.000 reconocidos por el ministerio, quienes están localizados en apartadas regiones, seguramente sin mayor información y con un sistema de comercialización informal que dejará a la inmensa mayoría por fuera de este apoyo.
Los Campesinos pierden, a causa de la política errónea reconocida por el ministerio, 205.000 pesos por carga y se le indemniza con 12.500 pesos; Si les descuentan el 4×1000 y el costo de las transferencias electrónicas, qué le queda a un productor que haya vendido 1 tonelada, de tan míseros apoyos?… súmele los viajes, las cuentas de cobro, “los gastos a que haya lugar” de la bolsa Mercantil de Colombia, seguramente la conclusión es que “sale más caro el caldo que los huevos”. No cuadran las cuentas, Esa resolución parece una ofensa con alevosía y premeditación contra el campesinado frijolero.
Definitivamente la realidad de los burócratas del ministerio no es la misma de las víctimas de la mala política agraria, en este caso campesinos abandonados por más de dos décadas de neoliberalismo rampante. No se diga después que los campesinos son inducidos por agitadores profesionales a rebelarse y sumarse al paro nacional agrario en gestación.