Por más de una década el Gobierno de Estados Unidos ha adelantado campañas para desestabilizar el gobierno de Venezuela, primero en el gobierno de Hugo Chávez y actualmente bajo el Presidente Nicolás Maduro. Cables enviados desde la Embajada de Estados Unidos en Caracas, clasificados como “SECRETOS” pero revelados por Wikileaks, rebelan la estrategia detrás de la intervención de Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela. Por ejemplo, un cable del 9 de noviembre de 2006 revela “los cinco puntos de la estrategia” diseñados por el embajador de Estados Unidos en Venezuela el mes de agosto de 2004, una estrategia que incluye la organización y la financiación de grupos de oposición por intermedio de agencias como USAID (Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) y OTI (Office of Transition Initiatives). El cable afirma, por ejemplo, que “la OTI ha apoyado más de 300 sociedades civiles venezolanas con asistencia técnica, capacitación, conexiones entre ellos y con movimientos internacionales, así como apoyo financiero superior a 15 millones de dólares. De estas organizaciones, 39 se han formado desde la llegada de la OTI orientadas a la abogacía, muchas de ellas como resultado directo de los programas de la OTI y de su financiamiento.”
El cable, que se expresa en el lenguaje del apoyo a los derechos humanos y a la democracia, revela la profunda penetración de las agencias de Estados Unidos en los niveles locales, municipales y regionales de la sociedad civil venezolana con un propósito expresado explícitamente de “penetrar la base política de Chávez”, “dividir el chavismo”, “proteger vitales negocios estadounidenses”, y “aislar a Chávez internacionalmente”. Se puede encontrar el cable completo en esta dirección: http://www.cablegatesearch.net/cable.php?id=06CARACAS3356&version=1314919461.
Inmediatamente después de los últimos disturbios en Venezuela, el presidente Barack Obama y el secretario de Estado John Kerry declararon públicamente que acusaban al presidente Maduro y a su gobierno constitucional por los resultados y los actos de desestabilización premeditada. El presidente Juan Manuel Santos, que nunca se separa de los pronunciamientos oficiales de Estados Unidos, se unió al coro y criticó a Caracas. Como si fuera en el momento justo, se dio una embestida mediática contra el gobierno del presidente Maduro, elegido democráticamente. Este gigantesco montaje “noticioso” se ha llevado a cabo no solamente por los más influyentes medios escritos y televisivos como New York Times, CNN, Telemundo y Univisión, sino también por Internet, como si no fuera poco, con una alta dosis de imágenes escenificadas y sensacionalistas.
Estos pronunciamientos y una desinformación de los medios justifican, y en sí mismos constituyen, una intervención en los asuntos internos de un Estado soberano caracterizado por un gobierno constitucional y elegido democráticamente. Así mismo refleja un nivel de extrema hipocresía, dado el hecho de que el gobierno de Estados Unidos continúa apoyando regímenes no democráticos y autoritarios, como los de Arabia Saudita y Baréin, para mencionar solamente dos, y en los cuales recientemente se han aplastado en forma violenta manifestaciones civiles, pacíficas, no violentas. La historia ha mostrado en forma repetida que no existe una preocupación de principios por los derechos humanos o por la democracia que guíe la política exterior de Washington, no obstante la retórica de las relaciones públicas por lo contrario.
Es necesario anotar en conclusión que este bombardeo mediático corporativo contra el gobierno constitucional de Venezuela es contrario no solamente a la posición de muchos Estados de América Latina—tal como lo han expresado UNASUR, CELAC, CARICOM y la OEA, por ejemplo—sino también a la posición de organizaciones no gubernamentales situados en Washington, como el Consejo de Asuntos Hemisféricos: http://www.coha.org/coha-statement-on-the-ongoing-stress-in-venezuela/, todos los cuales hacen un llamamiento a respetar el gobierno de Venezuela elegido democráticamente.