Una mañana soleada, con los calores a que nos tiene acostumbrada la naturaleza en Neiva se dio lugar una de las diversas manifestaciones con que productores de arroz le reclamaban al gobierno por abandonarlos a su suerte facilitando la importación legal e ilegal del grano, en la marcha se encontraban juntos pero no revueltos reconocidos cultivadores, gente prestante de la región, en sus poderosas camionetas diesel acompañando la protesta y al lado los pequeños arroceros a pie portando pancartas y cartulinas con las que ilustraban a los absortos transeúntes sobre sus peticiones; a pesar de lo cotidiano que se han tornado estas concentraciones por la cantidad de sectores sociales en crisis, llamaba particularmente la atención una señora de edad elegantemente vestida con su collar de perlas marinas al cuello protegiéndose con una fina sombrilla de seda y paciente caminando entre los manifestantes, al acercarnos pudimos identificarla como la hija de un viejo terrateniente fallecido proveniente de un municipio vecino propietaria de lujosos apartamentos en la zona más exclusiva de la ciudad, con disponibilidad de tierra y maquinaria suficiente para la siembra de grandes áreas con riego, sin poder contener la curiosidad nos le acercamos y la saludamos, le agradecimos su presencia y acto seguido le preguntamos ¿doña Dilia, usted que hace aquí? Y ella con el desparpajo que caracteriza a quien ha gozado toda la vida de la independencia suficiente para decir lo que piensa y lo que siente sin ningún temor ni pelos en la lengua nos espetó: estoy aburrida de perder plata mijo.
Las Dilias se multiplican a lo largo y ancho de la geografía nacional, ahora que se avecina el proceso de elección de congresistas y presidente de la nación los afectados por el régimen de apertura y libre comercio deberían pasar su cuenta de cobro excluyendo de toda opción a quienes alegremente se han avenido a esta política y luego de echarnos el brazo encima del hombro, prometernos solución a nuestros problemas sin que nunca lo cumplan u ofrecernos participación en la cada vez más delgada fronda burocrática, terminan aprobando con pelos y señales las leyes que afectan el porvenir de todos; si prosiguen apoyando la dirigencia que ha tenido el país no pueden esperar más que andar por el camino que muchos ya comienzan a transitar: la ruina provocada por la desleal competencia de economías subsidiadas y protegidas por gobiernos que si son responsables.