En días pasados la prestigiosa revista científica Nature, que se publica desde 1869, informaba sobre el descubrimiento de un fósil que tiene que ver con la evolución de los primates y, por lo tanto, del hombre. El novedoso ancestro fue hallado por un campesino en una cantera cerca de Jingzhou no muy lejos del legendario río Yangtsé, el más largo de China y Asia y, el tercero en longitud después del Amazonas y del Nilo.
El esqueleto corresponde a un primate diminuto que vivió hace 55 millones de años, durante el Eoceno. En vida el animal debía tener una longitud de unos siete centímetros y un peso comprendido entre 20 a 30 gramos, es decir, mucho más pequeño que el primate más pequeño conocido en la actualidad: el lémur ratón de Berthe de la isla de Madagascar, con una longitud corporal, sin incluir la cola, de 10 centímetros y un peso de 30 gramos.
El Eoceno es el periodo geológico de la Tierra que aconteció hace unos 60 millones de años durante el cual se forman los Alpes y los Himalayas; se diferencian los modernos órdenes de mamíferos; abundan los insectos polinizadores; el planeta está sometido a un gran calentamiento debido a la acumulación de metano en la atmósfera, un gas con un efecto invernadero más potente que el del dióxido de carbono; las masas continentales se mueven hacia las posiciones actuales; la Tierra está cubierta de exuberantes selvas tropicales y las palmeras crecen mucho más allá de la actual Alaska.
El ‘padre’ de todos los primates ha sido bautizado con el nombre científico de Archicebus achilles. Archicebus quiere decir “primer mono con cola larga” y achilles es una referencia a Aquiles, el legendario héroe griego, y por la particular anatomía del tobillo del fósil. Archicebus era de vida arborícola, activo durante el día (debía poseer visión cromática) e insectívoro. Es siete millones de años más antiguo que otros fósiles de este tipo encontrados en Alemania y Estados Unidos y muy importante para comprender la divergencia entre el linaje que condujo a los antropoides (monos, simios y seres humanos) y el que derivó hacia los tarsios o tarseros, pequeños primates de grandes ojos, pies alargados, generalmente insectívoros, solitarios y de costumbres nocturnas. Con este fósil se demuestra que los primeros primates se originaron en territorio asiático; luego llegaron a África hace 38 millones de años, donde ocurrieron los eventos evolutivos que llevaron al surgimiento, entre otros, del Homo sapiens.
El fósil de Archicebus fue sometido en Grenoble (Francia), durante diez años, a las más avanzadas técnicas de rayos X para desentrañar minuciosamente cada uno de sus delicados rasgos anatómicos. El paleontólogo Xijun Ni, director de la investigación y miembro del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados de la Academia de Ciencias China, afirma: “Con Archicebus es la primera vez que disponemos de un retrato razonablemente completo de un primate cercano a la divergencia entre tarsios y antropoides. Y eso representa un gran avance en nuestros esfuerzos de elaborar un mapa que contenga las fases más primitivas de la evolución de humanos y primates”.
Este y todos los demás fósiles demuestran que no somos el producto de una creación celestial e intencional, sino que nuestra historia es el resultado de largos procesos terrenales cincelados por la acción ininterrumpida de la omnipresente fuerza de la selección natural, cuyo estudio, como lo previera Darwin, “proyectará mucha luz sobre el origen del hombre y sobre su historia”.