A la sala de reuniones de un sobrio hotel en Bogotá, fueron llegando cafeteros curtidos en el cultivo y la defensa de su oficio, paperos todavía exultantes luego de las jornadas que estremecieron carreteras de Boyacá y Cundinamarca; Cacaoteros de Santander de hablar golpeado; Cebolleros de verdad de esos que hablan en tono picante como su producto; paneleros emberracados de tener que lidiar con un fruto que sufre amenazas de toda índole; horticultores que temen la avalancha de manufacturas importadas que ya se ofrecen en los góndolas de las grandes superficies comerciales y arroceros recalentados todavía con la temperatura de las tierras cálidas en donde siembran el cereal que surte los tres “golpes” de innumerables hogares colombianos.

La preocupación es parecida en todos ellos: los bajos precios, las importaciones, el contrabando, la carencia de asistencia técnica, el crédito precario para sus actividades; las amenazas de bancos y abogados; La indignación es generalizada: el gobierno habla una cosa y hace otra, alegan; parlotea sobre el apoyo al campo y firma nuevos tratados comerciales que lo arruinan; suscribe convenios y no cumple.

Es una reunión donde el “cover” de entrada es un paro agrario en su historial; gentes de décadas de lucha acompañados de una generación de jóvenes tan dispuestos a la defensa de su territorio y sus cultivos como sus mayores. El ambiente es de alegría, pues en el pensamiento y en los sueños de todos estaba prevista esta reunión; la necesidad de ella es común y compartida. Se informa y discute sobre temas que todos dominan y confluyen en una idea que parecía preestablecida antes de la cita: “nos unimos o nos hundimos”.

La causa de los males no está en las parcelas; el origen de sus problemas es el mal gobierno, repetido; se ha impuesto al país un modelo económico anti rural; los más avezados agregan: también es contra los productores de la ciudad; todos concluyen: es excluyente y no obedece el interés de los colombianos de a pie.

Tan decididos como han estado en sus luchas aisladas pero contundentes, se acuerdan en un propósito; no debe haber más dispersión, es necesario coordinar las luchas si se quieren éxitos y decisiones gubernamentales para largo rato; en adelante, con fechas preestablecidas en la misma reunión, nace una Coordinadora nacional de movimientos agrarios; consideran que el mercado nacional es parte de su patrimonio y en su defensa la movilización social es su principal forma de lucha en respaldo de sus argumentos. En Colombia se sentirán pronto los “timbres” de tan histórica reunión.

eudoroalvarez@gmail.com

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