Impresionante lucha protagonizaron los campesinos de Boyacá, Cundinamarca y Nariño, cultivadores de papa – tubérculo americano otrora mitigador del hambre de Europa – ante el mal gobierno rural.

Cansados de solicitar protección ante las importaciones y la intervención gubernamental para paliar los altos costos de fertilizantes y demás insumos que el modelo tecnológico de “revolución verde” les ha impuesto, salieron a las carreteras de Colombia y cubiertos de valor y de sus ancestrales ruanas, obligaron al gobierno representado por un ministro de agricultura quien cual monigote repetía la monserga: “mientras se obstruyan las carretas, el gobierno no negocia” y negoció.

Alegóricamente desde el puente de Boyacá, donde en 1819 se dio la batalla con que los ejércitos al mando de Bolívar dieron al traste con el poderío español, los campesinos enruanados demostraron entereza para asestar un golpe a quienes desde sus escritorios neoliberales pretenden imponer un régimen colonial a Colombia haciéndola depender de comida importada.

Pudieron más la fuerza de la protesta que los reparos del ministro ante la avalancha de campesinos quienes no cejaron ante la represión violenta de que fueron objeto y no retrocedieron hasta tanto no les garantizaron una negociación que en la coyuntura mitigue sus dolencias.

Cafeteros, cacaoteros, arroceros, paperos afectados por una misma causa: el libre comercio, las importaciones masivas resultante de los TLC, no han soportado en silencio una política diseñada para acabarlos; la revaluación del peso, sin control por parte del gobierno, la ausencia de investigación y apoyo técnico, la connivencia culposa con el contrabando y el desplome de los precios de sus productos, sin que el consumidor sea beneficiado de tanta desgracia de campesinos y agricultores, termina rebosando la taza y compeliendo a los labriegos a protestar masiva y decididamente para continuar en su labor productiva.

Firmados los acuerdos la tarea es luchar porque se cumplan; Porque este gobierno firma pero no cumple o lo hace a medias. Se abre paso coordinar las luchas originadas en los mismos males: la política agraria hija de la globalización; la necesidad de constituir un gran movimiento nacional por la dignidad agraria que separadamente ya cobró la cabeza de un ministro cuyas poses, los agricultores se encargaron de desenmascarar y su sainete terminó como debía ser, con su salida con más pena que gloría ante una lucha de los rurales que firme se le opusieron; vendrán más logros hijos de la unidad.

eudoroalvarez@gmail.com

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