Hoy, en once departamentos e innumerables municipios colombianos, se estarán levantando de madrugada, como todos los días, más de 500.000 familias de labriegos que derivan su sustento del cultivo del café; Pero lo harán de manera diferente y con un propósito común: clamar ante el gobierno porque su actividad está agonizante.
Resultante de malos gobiernos, la caficultura pasa por la peor crisis de su historia; en el último año el precio de la carga de café se derrumbó estrepitosamente y el sustento de los cafeteros está en peligro: la ruina amenaza su actividad y su trabajo.
El presidente Santos ha dicho que el paro es “injustificado” y que persigue fines políticos; el gerente de la federación de cafeteros, inculpa a los cafeteros de estar influenciados en sus demandas, por fuerzas ilegales; el expresidente Uribe -en acto de contrición? – ha “trinado” su apoyo a los labriegos; los dirigentes de la protesta cafetera han señalado que insistirán en su propósito. El panorama de verdad es de tensión nacional y de división en la valoración de la realidad agraria.
Exasperado Santos arguye sobre grandes apoyos otorgados en créditos y Las limosnas las enrostra como soluciones; monumental pobreza argumental y desfachatez al porfiar que un instrumento de política agraria obligatorio, es paradigma de ayuda para unos productores arruinados, quienes con seguridad ya no son objeto de préstamos para una banca que gana billones mientras sus usuarios se arruinan.
Lo de la federación de cafeteros es patético: esas organizaciones “no viven de la agricultura: viven de los agricultores” y antes de defender productores piensan como quien las financia a través de ese instrumento de sumisión de cúpulas gremiales que son las cuotas parafiscales, verdaderas fuentes de supervivencia de burocracias aleladas en su propio ombligo.
Los colombianos apoyan los cafeteros; arroceros, maiceros, algodoneros, sorgueros, soyeros, plataneros, Cacaoteros, manifestaron por razones similares su indignación; esperan respuestas gubernamentales; hasta ahora solo han recibido regaños, “mejorales” y suspicacias; previsible respuesta similar a cafeteros; se abre paso algo más por hacer: unir todo tipo de afectados por un modelo económico sostenido hoy desde la “Unidad Nacional” santista, erosionada por las acciones de colombianos anhelantes de superar una crisis valiéndose de sí mismos y de quienes entiendan que en estas circunstancias, se impone una unidad que “enmiende la plana”, comprendiendo que un proyecto nacional necesariamente pasa por un agro fuerte que sirva de base firme al desarrollo de otros sectores.