Para el colombiano del común que se desplaza por las rutas terrestres, se volvió normal la inmensa congestión vehicular que le hace perder considerable tiempo, bien producto de derrumbes, caída de puentes, estrechez de las vías, frecuentes peajes, “ratoneo” para recoger pasajeros, carencia de vehículos públicos adecuados en temporadas altas, y en general, todo tipo de deficiencia en infraestructura que denota el atraso de nuestro país, a pesar de que la política de concesiones viales, que lleva más de dos décadas, ha estructurado billonarios negocios a unos cuantos “avivatos” amigos de quienes ejercen el poder. Esta congestión vehicular en la tierra es aceptada como normal y resignadamente por la mayoría de la población.

Desde hace algunos años asistimos en Colombia a una nueva película: son frecuentes las protestas de los pasajeros que viajan por vía aérea, debido al incumplimiento de horarios y cancelación de vuelos por las diferentes aerolíneas. Son horas que parecen días o días que se vuelven años los que gastan las personas viendo los tableros electrónicos y constatando cómo van aplazando la salida o llegada de los aviones. Los operadores del servicio siempre tienen un chivo expiatorio: “hay mal tiempo en Bogotá”, frase lapidaria que presagia que todo el día va a ser un verdadero suplicio. El pobre parroquiano no debe estar enterado de los intereses económicos que encierra esa disculpa, en la cual se mimetiza la política neoliberal puesta en marcha para entregar nuestro espacio aéreo a intereses internacionales, y de “ñapa” nos toca a los colombianos cancelar tributos para que les acondicionemos la infraestructura para su explotación.

Hasta los capitalistas más salvajes aceptan que un Estado sólo alcanza la soberanía el día que tenga el absoluto control de todo su territorio, que incluye su espacio marítimo y aéreo. De allí se desprende la noción de las fronteras y todo el que las trasgreda sin su autorización será un invasor. La autodeterminación es lo que lleva a sus gobiernos a hacer cumplir este principio de la soberanía. El modelo económico neoliberal busca barrer esas fronteras, pero ya que no pueden convertirse en invasores, conquistan gobiernos dóciles o títeres para aplicar dicha política y la forma de hacerlo se conoce como: “La política de Cielos Abiertos”, una especie de invasión consentida que además dejará pingües ganancias a las transnacionales y arrasará lo poco que sobrevive de la Industria de la aviación nacional, que llevaba cerca de cien años tratando de subsistir.

Dice Wikipedia que: “Los Estados Unidos comenzaron a buscar Acuerdos de Cielos Abiertos en 1979, y en 1982 ya habían firmado 23 acuerdos bilaterales, principalmente con pequeños países”. Bien, hacia 2010 se firmó el Acuerdo de Cielos Abiertos entre Colombia y Estados Unidos, que contempla que “hasta el 2012, cada país aumentará hasta 21 frecuencias en las rutas ya operadas y a partir del primer día de este año -2013- se dará total libertad a las operaciones aéreas entre los dos países”. Otra vez, David contra Goliat. Nos han vendido la idea de que terminaremos viajando casi gratis, lo que sólo es posible en la medida en que los empresarios obtengan altas utilidades. ¿De dónde las pueden obtener? Pues sólo del bolsillo de los usuarios; entonces les aseguro que de eso tan bueno no dan tanto. El “trancón” en el aire hace parte de las estrategias de los empresarios por llenar sus alforjas.

¡Bienvenido, 2013: los gringos se pasean por Colombia como Pedro por su casa!

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