La discusión prosigue: el campo colombiano lo hacemos crecer a lo “Carimagua” o por el contrario propiciamos un desarrollo de manera democrática.
Desde el gobierno Uribe, la propuesta es “Carimagua o modelo Malayo”, con monarquía incluida. Santos ha cuidado celosamente uno de los “huevitos” de Uribe y en cuanto al campo, desde sus propuestas de gobierno, involucradas en el plan de desarrollo, ha sobrepasado a su maestro y no solo traza el crecimiento rural por la vía de los grandes consorcios agroindustriales y forestales, apuntalados desde el capital financiero, sino que acaba de dar la orden a su bancada en el congreso, de hundir los proyectos que prohíben la extranjerización de las tierras en Colombia, así provengan de parlamentarios de la U o del partido Conservador, obviamente incluyendo al POLO.
Mientras colma de garantías a la “Fazenda”, cicatea las medidas de apoyo a los campesinos de la Bonga, cerca de por medio. Poco le importa que el coeficiente de Gini, en cuanto a tierras, en Colombia sea de 0.81 (1 es la desigualdad total). Poco importan los indicadores internacionales sobre inequidad que nos dan medalla de bronce a nivel global.
El ministro Restrepo, califica de mal modo los proyectos que prohíben la extranjerización y la gran prensa (controlada por el grupo Aval y los Santodomingo) editorializa sobre la inconveniencia de los intentos de frenar la entrega de tierras a extranjeros. Estos “formadores” de opinión están alegando en causa propia; recordemos que ambos grupos o sus allegados apuntalan sus intereses y propiedades en una de las últimas posibilidades de agrandar la frontera agrícola en Colombia y en el mundo: la Orinoquia.
Las cartas están puestas: de un lado quienes han gozado de la tierra y sus desigualdades, reforzados con las multinacionales. En el otro bando, colombianos que sin mediar diferencias de bandería política están del lado de la nación y propenden por un uso de la tierra por colombianos y con un modelo democrático para la misma. La SAC y Salvación Agropecuaria en orillas opuestas. Quienes viven de los agricultores enfrentados a quienes vivimos de la agricultura.
Se apoderaron del petróleo y el gas; vienen por las tierras: las cuales proyectan convertir en inmensos palmares, cañadulzales y bosque artificiales, así lo que nos falte sea comida, de la cual se lucran importándola. Es la seguridad alimentaria confundida con la seguridad de sus bolsillos.