Neiva es una ciudad calurosa y seca, por su tamaño y la población que la habita pude calificarse como una capital intermedia, es un microcosmos en el que se replican muchos de los males que aquejan a toda la Nación: deteriorada, caótica, insegura, empobrecida y el centro de una región que vive en lo fundamental de la producción agropecuaria y de la explotación de hidrocarburos; el turismo cacarean cotidianamente los medios, pero los ingresos por ese concepto no alcanzan dos dígitos del PIB regional, al igual que las actividades manufactureras; en un documento elaborado por la oficina de estudios económicos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo se destacan por encima del promedio nacional la construcción y la explotación minera, la primera concentrada en la capital y un tanto en el municipio de Pitalito, las demás poblaciones atascadas en el atraso secular e incluso algunas retrocediendo, abandonadas por una población que no encuentra opciones.

Los servicios públicos que se prestan son de cuestionable calidad, se interrumpen con relativa frecuencia y las tarifas son bastante costosas en comparación con poblaciones similares y sistemas equiparables. La delincuencia viene en ascenso en cantidad y en el aumento de la violencia empleada al momento de cometer el delito, se relaciona por supuesto con el incremento del desempleo, la deserción escolar y la recepción de población desplazada proveniente de otros departamentos y del propio.

Los niveles de natalidad en especial en las comunas más deprimidas crecen así como disminuye la edad de las gestantes que rápidamente engrosan las filas de aspirantes a familias en acción. El estado de las vías vehiculares es deplorable y contribuye al incremento del índice de accidentalidad especialmente de motos, el vehículo de mayor uso que se convirtió en jugosa fuente de ingresos para mafias que las recogen en cualquier lugar previa ampliación del microcentro y en las que se involucran los agentes de transito, la policía y los propietarios de las grúas habilitadas para estas labores, pues al planchón del vehículo fácilmente montan veinte motos que multiplicadas por los miles que hay que pagar para sacarlas de patios representan un jugoso ingreso mucho mayor que el de montar un automotor.

La sarracina contra los pobres orquestada desde la presidencia de la república encuentra así una de las diversas formas de replicarse en la provincia, no basta con la reforma tributaria, ni las excesivas ventajas a los inversionistas foráneos.

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