En un mundo globalizado bajo los dictámenes del gran capital financiero monopolista parasitario, los tópicos económicos, políticos, sociales, ambientales y culturales de las naciones, quedan determinados, en buena medida, por el tema de la soberanía; ese derecho inalienable de los pueblos a disponer libremente, sin intromisión extranjera, del patrimonio material e inmaterial de la nación. Uno de los bienes más preciados de las naciones, como que tiene que ver con la conformación física de su territorio, es la tierra. Tal vez la forma más comprensible y clara del ejercicio de la soberanía, es la preservación de la propiedad de la tierra de una nación en manos de sus ciudadanos raizales. Por ese derecho, en la historia de la humanidad, desde épocas primigenias, en la formación de los estados se ha tenido como piedra de toque, la propiedad soberana de la tierra. Por ella se libraron cruentas guerras, se vivieron violentos despojos, se conformaron y deshicieron territorios…en fin se construyeron las modernas naciones, que pasaron por procesos largos y complejos para lograr su independencia. El último y más agudo, lo vivimos aún hoy con la descolonización capitalista de la era moderna.

Una de las formas actuales de revivir los viejos comportamientos colonialistas, son las pretensiones neocoloniales del gran capital, que respetando en la forma la independencia de las naciones, en la práctica ejercen control real de bienes y recursos a través del poder económico: uno de ellos, la tierra. Mecanismos refinados como los tratados de libre comercio, que contienen privilegios para los inversionistas, por encima de los intereses nacionales, han dado lugar a reacciones de los pueblos por esos privilegios inauditos. La semana pasada el pueblo panameño, pisoteado desde su independencia y conformación como nación por los inversionistas extranjeros, se levantó con furia en defensa de su soberanía sobre la tierra, para rechazar una ley propuesta por el gobierno de Martinelli, de permitir su adquisición por personas naturales o jurídicas, no panameñas.

En todos los países en desarrollo o emergentes –como llaman ahora a los más promisorios para la depredación del gran capital– hay preocupación por esta forma de dominación. En América Latina, Brasil, Argentina, Uruguay…han ido restringiendo estas formas de inversión, por considerar la tierra como un bien inalienable de la soberanía nacional. En Colombia, un proyecto de Acto Legislativo, en buena hora presentado, cuyo ponente en la Comisión Primera del Senado ha sido el senador Hernán Andrade, prohíbe la propiedad de la tierra a extranjeros. Fue aprobado en primera vuelta, con la oposición del gobierno nacional, que a través del Ministro de Agricultura, expresó su oposición; comportamiento previsible viniendo de burócratas, que como hemos explicado en anteriores oportunidades, han separado su suerte de la del resto de los ciudadanos colombianos –a ellos les va bien cuando al resto nos va mal–. Hay que estar atentos a la evolución de esta norma, por el significado que tiene para la soberanía nacional.

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