Nadie puede tapar la profundidad de la crisis económica y social a la que ha llegado el país como producto de las políticas de libre comercio impuestas por el Consenso de Washington desde hace más de veinte años. Ninguna nación puede progresar sin un desarrollo industrial sostenido, en Colombia la participación de la industria en el PIB se desplomó del 20 al 10 por ciento en estas dos décadas de neoliberalismo (Eduardo Sarmiento 1 de septiembre de 2012), además no hace parte de las cinco locomotoras de JM Santos.
Según indicadores oficiales en la Costa Atlántica la pobreza muldimensional, con nueva metodología del Dane, en esta región es de 41.8 por ciento, cuando la media nacional es de 34.1 % (El Heraldo, 24 de febrero 2012). La pobreza en Barranquilla es de 34.7% y la desnutrición crónica es del 15% con 100.000 niños afectados. (El Tiempo.com 28 de febrero 2012). El desempleo y la informalidad juntos suman más del 70 por ciento.
Los únicos que se han beneficiado con este cuadro dantesco de pocas pinceladas son las compañías trasnacionales, el capital financiero internacional (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, BID) que tienen hipotecado nuestro país y unos cuantos personajes que han desligado su suerte personal de la suerte de la nación.
Hace pocos días representantes de la usura internacional (BID), junto con el Findeter, organizaron en Barranquilla el Foro Internacional de Ciudades Sostenibles y Competitivas, que incluye también a Manizales, Pereira y Bucaramanga. Presentaron las bases del plan de acción de las cuatro ciudades. Para Barranquilla engloba los planes maestros de espacio público, portuario, movilidad metropolitana y regional, acreditación y desarrollo oferta educativa con énfasis en bilingüismo y saneamiento y drenaje. Las fuentes de financiación son a través del Findeter con 600 millones de dólares y otros cuatro billones con la banca extranjera. La alcaldía de Barranquilla se presentó como líder en sostenibilidad fiscal, económica y social y en seguridad ciudadana. Según la alcaldesa Elsa Noguera, el BID y Findeter se fijaron en Barranquilla porque “hay terreno ganado en institucionalidad y finanzas públicas, además de dinámica en empleo y desarrollo humano”.
La situación descrita por la burgomaestre de la capital del Atlántico contrasta con la realidad comentada líneas arriba, además que el supuesto “milagro financiero” del cuatrenio de Alejando Char se ha venido desmoronando según análisis de expertos en la materia que demuestran los huecos fiscales y las vigencias futuras excepcionales que dejó que hacen necesario un inmenso endeudamiento para financiar el Plan de Desarrollo 2012-2015. Coinciden los planes maestros que le trae el BID a Barranquilla con los programas de la valorización II que trata de imponerle la administración a la ciudadanía que en gran parte se ha declarado en desobediencia civil.
Nada bueno hay que esperar de los principales causantes de la indignante crisis que padecemos en el país y en la Costa Atlántica. Es al revés, se requiere un replanteamiento a fondo de las políticas económicas y sociales que enderecen el rumbo teniendo como norte la defensa de la soberanía, la producción agraria e industrial, el trabajo decente y forjar una auténtica democracia para las mayorías laboriosas y empresarios no monopolistas.