Luego de la enorme manifestación de cafeteros a Manizales que mereció primera plana en las páginas del periódico el Tiempo, de al menos dos debates, uno en la Plenaria del Senado y otro en la Comisión Quinta de la misma corporación con la presencia de los Ministros de Agricultura y Hacienda y la dirección de la Federación de Cafeteros en la que se presentaron las cifras que confirman la gravedad de la crisis sobre la que hay innumerables testimonios de los propios agricultores: altos costos de los insumos, bajo precio del grano, caída de la producción; pese a todos estas evidencias, los funcionarios del gobierno insisten en negar la realidad y por el contrario con un cinismo sin limite, afirman que hay una bonanza que solo existe en su interesada opinión.
La displicencia con que los dueños del poder manejan las angustias de los productores del campo, contrasta con la diligencia que actúan cuando se trata de resolver los obstáculos que se le presentan a las compañías Multinacionales en su propósito de saquear nuestros abundantes recursos naturales, especialmente cuando la decisión depende de los más altos niveles del gobierno: licencias sin el cumplimiento de todos los requisitos legales y a pesar de los daños ambientales, tropas para atropellar el reclamo de las comunidades afectadas; mientras a los caficultores les pretenden aumentar la contribución cafetera que es un impuesto encubierto, a los inversionistas extranjeros y sus socios nacionales les reducen el impuesto de renta y otros gravámenes como el giro de sus utilidades al exterior; mientras los agricultores deben lidiar con unas trochas abandonadas e intransitables a los grandes negocios se les construye la infraestructura que requieran a cargo del erario público como las vías a la Altillanura; los subsidios que se otorgan a través del sistema financiero público como AIS o ICR en el agro son entregados a grandes proyectos o amigos del gobierno mientras los pequeños productores y empresarios nacionales deben acudir a la usura para financiar sus actividades.
A pesar de la indiferencia y la intimidación, los cafeteros reunidos en Ibagué han decidido que no se quedaran callados ni paralizados y acordaron realizar el próximo martes 9 de octubre una jornada nacional de protesta a la que concurrirán no menos de 200 municipios y miles de productores que le dejarán en claro al gobierno que como es su obligación, debe intervenir atendiendo sus justos reclamos.