Acurrucada en su butaca como todos los días, excepto lunes y miércoles que no hay mercado, Lucero pensativa, rodeada de las badeas y las cholupas que le traen los productores de la región, espera a los clientes que no aparecen en la plaza mayorista de Neiva, su preocupación aumenta, pues las ventas se han reducido notablemente y ni los ruegos semanales a todos los santos logran mejorar el negocio, desconcertada se pregunta que está ocurriendo, pues a pesar de vivir toda la vida con modestia y de sobresalto en sobresalto, este parece no tener final, el San Pedro que regularmente traía un respiro este año pasó desapercibido, como si no hubiera habido fiesta y por ello su angustia crece; con la esperanza de obtener una fórmula que resuelva las dificultades nos pide una explicación: luego de referirle el impacto de la crisis mundial, la decisión de quienes nos gobierna de abrir nuestro mercado a los productores extranjeros a través de los tratados de libre comercio, la política minero energética que nos convierte en un país exportador de minerales a costa del sacrificio del agro y la industria que destrozadas eliminan innumerables puestos de trabajo arrojando al desempleo a millares que no encuentran alternativa diferente al rebusque o a la competencia por trabajos pesimamente remunerados, reduciendo notoriamente la capacidad de consumo de los colombianos que se ven obligados a comer menos, a vestirse mal o a endeudarse para atender transitoriamente sus necesidades mientras se vencen sus créditos y les cortan el chorro de los préstamos, ella absorta no entiende mucho pero tiene claro que esto se va a poner peor.
Si Lucero tuviera algunos conocimientos básicos de economía podría analizar las cifras de crecimiento de la cartera morosa de estos días, la desaceleración del índice de la construcción, los datos de los inventarios acumulados en la industria, la misma información que maneja el Presidente y sus Ministros, para ella la conclusión obvia es la de un desastre: las cifras concuerdan con los resultados de su negocio y el de millones, pero para los otros que ven los balances de las multinacionales y sus cuatro socios nacionales es un éxito, nunca habían ganado tanto a costa del hambre de tantos, de la explotación del trabajo de los colombianos y la depredación de los recursos naturales de la nación; falta ver que tanto están dispuestos a aguantar los de abajo.