Ruperto y Heriberto no se conocen, viven a más de 1.000 kilómetros de distancia el uno del otro, sin embargo tienen varias cosas en común: padres de familia, hombres trabajadores del campo, honrados pero quebrados; el primero ha sembrado toda la vida en las calurosas llanuras de Córdoba, recientemente probó otra vez con Algodón, le llegaron con una semilla transgénica producida por Monsanto con la que le aseguraban altos rendimientos y resistencia a cualquier problema fitosanitario, los elevados costos lo obligaron a tomar un crédito bancario y al final la semilla no germinó como se había afirmado, con lo que terminó endeudado y con embargo por que no pudo pagar. La multinacional no responde y las autoridades se hacen los de la vista gorda.

El segundo es un cafetero del norte del Huila: entre el invierno, la roya, la falta de abono por los altos costos de los insumos y la ausencia de asistencia técnica el cafetal no volvió a producir las cargas de otros días y para rematar con la revaluación a pesar de los buenos precios en el exterior, al vender los granos que su parcela produce por el cambio recibe menos pesos. En esto llevamos cerca de 20 años, de tal suerte que los prósperos cafeteros del pasado han ido gastando sus activos y ahora ya no les queda nada, solo la nostalgia de tiempos mejores. A quienes embaucaron con los cafés especiales, además de las fotos en las que se muestran recibiendo los cartones que cuelgan en las paredes de sus modestas casas en la finca, les quedan las cuentas de cobro de las certificadoras que son las que han hecho el negocio.

Las historias tristes de los productores del campo se repiten sin cesar a lo ancho y angosto de la geografía nacional, son la consecuencia inevitable de una política contra el agro, que entregó nuestro mercado interno a la producción extranjera y para colaborarle suprimió cualquier tipo de apoyo a los pequeños y medianos productores, en el agro no habrá locomotora, con la firma de los acuerdos de libre comercio se selló definitivamente su perdición.

Ruperto y Heriberto tendrán que encontrarse para organizar la resistencia, si aspiran a sobrevivir e impedir que los triture la decisión de acabar con el agro, para que prospere la extracción de nuestros recursos naturales a través de la minería de transnacionales.

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