En Colombia existen ejemplos del esfuerzo empresarial de familias que dedican su vida a construir organizaciones dedicadas a diferentes actividades productivas batiéndose a diario contra los obstáculos que en el camino les colocan el gobierno y los llamados actores armados. En el Huila son varios los casos que se podrían citar, nos referiremos puntualmente a dos: por una parte a la familia Borrero que cumple en estos días doce años de presentar en sociedad a la salsamentaria Las Brisas la conclusión de muchos años anteriores en la producción de ganado vacuno, cría de cerdos y producción de arroz, allí resumieron de manera magistral toda su experiencia y han venido desarrollando una serie de productos de excelente calidad que deleitan el paladar de propios y extraños. Su sentido de pertenencia con la región se confirma con el apoyo incondicional a otras iniciativas locales como arepas, pulpas de fruta y en San Pedro los acompañantes del tradicional asado huilense que comparten sus vitrinas en los diferentes puntos de venta.

Por otra parte, la familia Díaz, reconocidos agricultores especialmente en la gramínea líder de la región, el arroz en el que atendiendo los más modernos conceptos tecnológicos alcanzan niveles de producción comparables con los más avanzados del mundo y en cabeza del mechudo Díaz han participado en las veedurías que vigilan la correcta aplicación de los recursos públicos en los proyectos de inversión y no han dudado en denunciar los casos de despilfarro y latrocinio evidentes en las ultimas administraciones en Neiva.

Ambos saben que luego del 15 de mayo muchas de las ilusiones que se forjaron, podrían verse truncadas en razón a las graciosas gabelas que el gobierno nacional le concedió a las multinacionales extranjeras a través de la firma del Tratado de Libre Comercio TLC, que los expone a la competencia desleal de grandes firmas comercializadoras de los Estados Unidos dedicadas a colocar a menor precio los excedentes que sobran en su país, gracias a los generosos subsidios que reciben sus productores y sus comercializadoras por cuenta del estado, con tal de garantizar que sus productos tengan mercado.

La irresponsabilidad oficial es tal que para amainar las angustias de los afectados en el agro el ministro de agricultura viene proclamando medidas, que como AIS solo resultan en demagogia o programas para esquilmar el erario, justificados con la tragedia anunciada.

Los empresarios mencionados y sus homólogos tercamente insistirán en mantener sus negocios porque de ellos no solo viven sus propias familias sino muchas otras a las que les dan empleo.

Sus esfuerzos que deberían representarles una vida cómoda y sin mayores sobresaltos, no resulta ser así, por el contrario destacarse y vivir con cierto decoro se les convirtió en un karma que los señala como una presa apetecible para los funcionarios públicos que abusando de las normas o apoyándose en ellas los persigue para sacarlos del camino de la competencia con los monopolios o en blanco de la delincuencia de todo tipo que pretende vivir a costillas del esfuerzo ajeno.

Resultó más fácil a Odiseo regresar a Itaca a los brazos de su amada Penélope, que el camino que deberán transitar los empresarios colombianos para sobrevivir a los huracanes y monstruos del libre comercio.

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