Hace pocos días se celebraba en el Huila el posicionamiento destacado de la producción cafetera regional que alcanzó el primer lugar en el ámbito nacional. Dos factores incidían en este importante logro: el crecimiento sostenido de la producción regional que en los años 2010 y 2011 bordeó el 1.400.000 sacos de 60 kilos, y la disminución sustancial de la producción en las zonas tradicionales de Antioquia y el eje cafetero. El crecimiento de la producción regional se explica por el compromiso firme y creciente de miles de pequeños productores que, haciendo sacrificios indecibles, han soportado las dificultades climáticas, técnicas, de deficiente infraestructura rural y de servicios sociales, así como, la manipulación de precios en la cadena de comercialización.

Para dimensionar en parte el titánico esfuerzo de los campesinos caficultores, veamos en palabras del gerente nacional de la Federacafé una relación sucinta de las tareas que deben realizar para garantizar la producción y calidad del grano: renovación de cafetales con variedades resistentes a las enfermedades; utilización de densidades de siembra adecuadas; manejo sanitario de los cultivos, combatiendo oportunamente la broca y la roya; manejo adecuado del sombrío; manejo adecuado de suelos, realizando control de malezas, análisis de suelos y aplicación de fertilizantes. Además del manejo poscosecha exigido para el beneficio del grano. Pero cumplir con estos requisitos exige cuantiosas inversiones que, la mayor parte de las veces, no se pueden cumplir porque los ingresos por la venta del café no compensan los crecientes costos de siembra, renovación, fertilización, control de enfermedades, beneficio…y los recursos necesarios para la manutención familiar.

En este panorama de la realidad cafetera nacional el Huila no es una excepción a la tendencia decreciente de la producción. Las dificultades de los productores se evidencian en la baja productividad que se traduce en la bajísima rentabilidad del negocio porque, a los costos crecientes de producción, se les suman problemas técnico-estructurales por deficiencias en las nuevas variedades y, lo peor, la manipulación especulativa del precio, que a la sombra del libre mercado, realizan desde los grandes monopolios comercializadores y torrefactores del grano hasta los intermediarios internos. Así, se aprovechan de la debilidad del pequeño productor a quien le compran el café verde mojado, muy por debajo del precio de referencia, imponiendo condiciones de compra favorable para el negocio de exportadores e intermediarios.

El golpe de gracia al espejismo del buen negocio que han pintado para el café, lo está dando el mercado mundial del grano que en lo corrido de este mes ha reducido el precio interno de compra de $1.164.000 a $821.175, con una reducción de $324.825 por carga de café de 125 kilos, cuando estamos ad portas de la recolección de la primera cosecha del año. Las explicaciones de los burócratas de la federación van desde la crisis europea, pasando por la revaluación del peso, hasta la especulación de las posiciones del commoditie en las bolsas mundiales. La verdad monda y lironda es que el libre mercado es el campo de acción que favorece a los monopolios especuladores en contra de los productores de los bienes básicos de consumo. Y en medio de este oscuro panorama el gobierno anuncia en la próxima reforma tributaria un aumento de la contribución cafetera de 6 a 14 centavos de dólar por libra de café exportado. ¡Inaudito!

Neiva, 21 de febrero de 2012

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