Las negociaciones comerciales que actualmente adelanta Colombia, tanto en el ALCA como en el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos, colocan en riesgo de desaparición a millones de hectáreas sembradas de productos agrícolas. La desigual competencia que se librará en géneros como el maíz, el arroz, la soja, la papa y el algodón será una repetición más desastrosa aún de lo ya ocurrido con el trigo y la cebada, los cuales están prácticamente eliminados de la producción agraria nacional. Los análisis oficiales apuntan a que a lo sumo la superficie dedicada a todos estos cultivos se destinaría para otras especialidades, lo cual significa que hay unanimidad en que están desahuciados para sobrevivir si tales acuerdos llegan a concretarse. El propio Robert Zoellick, en una comunicación dirigida al Congreso norteamericano al respecto, advierte que las ventas gringas de alimentos a Colombia crecerán aunque, como él lo consigna, el país ya es “el más grande comprador de productos agrícolas de Estados Unidos en el hemisferio occidental”.
El sistema norteamericano de subsidios internos a los productores perdurará en los acuerdos, no sólo los que se otorgan para los distintos programas productivos sino además los que se transfieren mediante los bajos costos del agua y los servicios públicos, de la maquinaria y del crédito y el desarrollo de la investigación científica así como por el inmenso presupuesto oficial de su Departamento de Agricultura destinado especialmente al servicio de los grandes consorcios agro-comerciales. Esto garantiza a los norteamericanos que irán a mansalva y sobre seguro. En el caso del maíz, la sola productividad por hectárea les permitirá arrasar a nuestros campesinos que, en comparación, tienen promedios inferiores hasta en una sexta parte. Incluso ni desmontando los inicuos apoyos existe para muchos productos nacionales una mínima probabilidad de supervivencia.
No obstante, esta crónica mortal anunciada para los cereales puede extenderse a otros renglones como el azúcar, la palma africana, la leche y el sector avícola. Todos ellos tambalearán por distintas razones en la vigencia del ALCA y el TLC con Estados Unidos. No puede olvidarse que en ellos así como en los productos tropicales, la rivalidad se dará también con los demás países del Continente. Brasil, por ejemplo, en los últimos cinco años ha aumentado en un 60% sus exportaciones de café y pollo y ha duplicado las de azúcar y soja, siendo el cuarto exportador mundial de productos agrícolas con una participación mayor que la de China. Canadá y Argentina son igualmente competidores enormes en varios géneros. A pesar de todo esto, el gobierno colombiano no sólo desatiende estas razones sino que, acatando indignamente la orden de firmar estos acuerdos, se da a la tarea de crear falsas ilusiones sobre fantasiosas posibilidades y oportunidades e intenta sobornar con dádivas transitorias o apaciguar a quienes expresan sus justos temores afirmando que, si se consiguen ciertos plazos para la puesta en pleno vigor del libre comercio, la agonía se convertiría en vida larga.
En cuanto al cacao, el banano, el plátano, las frutas, forestales y flores tropicales y similares hay que notar que desde ahora se está promoviendo en Centro y Sur América la expansión de su producción de tal forma que cuando rija el libre mercado en el continente, las compañías comercializadoras multinacionales podrán escoger a sus anchas entre quienes dentro del conjunto de oferentes decidan venderlos a menos precio.
A estas dificultades se agregan los negativos efectos en los costos de producción al introducirse las normas de la llamada Propiedad Intelectual que aumentará los precios de los insumos. De ese modo se imponen los patrones de la agricultura norteamericana al resto de países, ganando por punta y punta, al vender sus mercancías por debajo del costo de producción pero simultáneamente incrementando los costos de los otros por la vía de las alzas en agroquímicos y simientes. Verbigracia, para el maíz, en cuanto a las semillas, su costo por hectárea a precios actuales podría subir de $12.500 a $ 210.000. Cálculos tan escandalosos como éste se presentan en otros cultivos.
La VIII Junta Nacional de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria convoca a todos los agricultores y productores agropecuarios colombianos sin distingo alguno a pronunciarse y organizarse en contra de la imposición del ALCA y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y a unificarse en un fuerte movimiento por la defensa del trabajo y la producción nacional y la soberanía alimentaria de Colombia.
Ibagué, marzo 13 de 2004