Las recientes movilizaciones estudiantiles dan mucho de qué hablar por estos días. Desde los que intentaron desprestigiarla con calificativos de ignorantes o infiltrados por la insurgencia, hasta los que las respaldaron con entusiasmo por su consecuencia y vitalidad. Finalmente, la buena calificación al movimiento estudiantil se la proporcionó la población colombiana, que la respaldó con masivas movilizaciones. Quizás recordara aquellos memorables años 70, cuando nace el movimiento estudiantil colombiano en un contexto político de gran conmoción mundial, parecida a la que vivimos hoy.
Revive el movimiento estudiantil en 2011 con las mismas banderas del 71, en defensa de un modelo distinto de educación. Quién lo iba a creer, se aplica la misma política, la de favorecer los intereses extranjeros. Los estudiantes colombianos entendemos que no solo basta con cambiar un modelo educativo. Hay que cambiar el modelo de país, el neoliberal.
Hay una nueva herramienta que lleva al éxito, y quienes hemos cabalgado largos años por la movilización social y política la entendemos como vital: la organización. La Mesa Amplia Nacional Estudiantil es “la niña de nuestros ojos”, el tesoro más valioso de organización alcanzado en los últimos años. Necesariamente tendrá que avanzar en la organización gremial.
La madurez que muestra la nueva generación de dirigentes estudiantiles ha dado paso a la unidad necesaria para derrotar una política educativa que solo beneficia a los agentes del capital financiero y a las trasnacionales de la educación, en el marco de sus intereses, ratificados por el TLC.
Se siente un relevo generacional gremial y político en el mundo y en nuestro país. Con un nuevo ingrediente: la visión de un modelo económico y social que no ha cumplido el liberalismo en su propuesta de estado social de derecho, por lo menos el inspirado en sus pensadores originarios. Parece que este papel le tocó asumirlo al POLO. Es el único partido que se identificó seriamente con la propuesta estudiantil, que puso sus líderes jóvenes al servicio de la causa. Son los contrastes de la política. Mientras que la derecha triunfa en las urnas, la izquierda triunfa en la calle, en la movilización, con una consigna que trasciende en el tiempo, en las clases sociales y en el propio modelo económico dominante: la defensa de la educación como un derecho. ¡Bienvenido el relevo generacional!