El movimiento estudiantil es un fenómeno que se expande en forma de benéfica ola que irriga de democracia las venas del continente.
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Los estudiantes chilenos y colombianos, después de varios meses de contacto, han decidido darle un nuevo empujón a sus luchas, expandiéndolas a una nueva fase continental, que ya resuena al otro lado del Atlántico, y han citado una marcha conjunta el próximo 24 de noviembre. Así lo reseñan medios internacionales de la importancia de BBC Mundo y El País de España.

Esta unidad no es nueva ni debe sorprender, al contrario, hace pensar lo lejos que puede llegar esta nueva lucha de los pueblos latinoamericanos y los amplios logros que puede alcanzar. Aunque vale la pena recordar que en países como México, Brasil y Argentina (los tres colosos de la región) la educación como derecho fue ganada en las calles y en los parlamentos en amplias y caldeadas lides sociales el siglo pasado, los estudiantes de estos países, especialmente México y Argentina, han demostrado de múltiples formas en las redes sociales y por medio de audiovisuales, un enérgico respaldo a la gesta chilena y más recientemente a la destacable victoria de los estudiantes colombianos.

Así como hace más de 200 años, burgueses ilustrados de todas las latitudes de “la patria grande” se unieron, sin importar la precariedad de las comunicaciones y las largas distancias que tenían que salvar para aunar sus propósitos, en la actualidad presenciamos, guardando la proporciones, el renacer de ese sentimiento de hermandad latinoamericana que trasciende la emotividad y se ubica en el campo de lo histórico muy a pesar de los desacuerdos y los nacionalismos pendencieros que mantuvieron a nuestros países en un largo letargo que aplazó muchas décadas su unidad material.

Querámoslo o no, la colonización y el mestizaje dejaron entre nuestros pueblos una conexión indeleble que se mantiene como el más devoto de los matrimonios: “en la salud y en la enfermedad”. Así pues, la hermandad nos ha acompañado como nuestra propia sombra tanto en épocas de derrotas como de victorias; de lustros donde imperaron gobiernos dictatoriales, al triunfo de nuevas olas democráticas caracterizada en su última fase por el ascenso de gobiernos de izquierdas; de “décadas perdidas” y crisis de la deuda, a crecimientos económicos sostenidos acompasados con la superación de la trampa del desarrollo y el surgimiento de nuevas clases medias impulsadoras del consumo, que han servido incluso de ejemplo a las alicaídas economías del mundo (pseudo)desarrollado – exceptuando casos vergonzosos como el del eterno “Caín de América”, Colombia, que sigue ocupando el deshonroso tercer puesto de desigualdad planetaria–; y en fin, de guerras civiles, y periodos de intervención directa de fuerzas foráneas a periodos de relativa paz y reconciliación –de nuevos con contadas excepciones en las que vuelve a caer Colombia como la oveja negra de la familia–.

En este continente los fenómenos sociales y políticos como la guerra independentista, el narcotráfico y ya en nuestros días, el levantamiento de los estudiantes para exigir una educación gratuita, de calidad, y al servicio del desarrollo de sus países, son marejadas que se expanden en forma de benéficas olas que irrigan de democracia las venas del continente. Esperemos que en la misma forma en las que hace dos siglos Hidalgo, Bolívar y Sanmartín se encaminaron por la misma senda al ver que el colonialismo español representaba un taco para la rueda del progreso de sus naciones, en la actualidad la clase política más avanzada de nuestros paises, encabezada naturalmente por los estandartes de la lucha estudiantil –la nueva excusa para el abrazo de los “Indignados”, de ese “99%” –identifiquen en el gran capital transnacional, en el neoliberalismo, y en la imposición del libre comercio desigual, ese enemigo en común que representa el escollo que debemos superar antes de lograr una segunda y definitiva independencia.

Hay buenas noticias a este respecto: una parte mayoritaria de las naciones del continentes ya han comenzado a andar este camino y aunque es notable los diferentes, variopintos (y también criticados) rumbos que han tomado, es claro que además de México y otros casos de poco peso geoestratégico, Colombia representa el último bastión de esas fuerzas retardatarias que succionan la riqueza natural y de mano de obra lugares como Colombia y las condenan al atraso secular. Más allá de las canciones de novedosos artistas como Calle 13, que nos recuerdan que tenemos un mismo pálpito, una misma fuerza, la conexión entre nuestros pueblos es real y existe en muchos niveles que trascienden lo gubernamental y lo burocrático. Para sacar al fin esa piedra en el zapato que durante generaciones ha representado la derecha(y la ultraderecha) colombiana para el continente y su unidad política, es necesario que recordemos que ya una vez nos paramos frente a la ignominia, y que los podremos volver a hacer reversando de forma irrevocable las desgracias descritas por Galeano dejándonos oxigenar por las venas, ahora contestatarias de la América Latina. El movimiento no es sólo sudaca sino planetario y hasta ahora comienza. ¡Que tiemblen los dueños del mundo!

Postre Postrero. Es notable que los economistas de la eurozona les hace falta retomar los textos de Keynes. Pretender que en épocas de crisis las medidas de ajustes basadas en recortes de beneficios sociales, precariedad laboral, y aumento de impuestos a las clase media son la única salvación equivale a creer con fe ciega que el Cianuro – o la Cicuta para evocar el difícil caso Grecorromano– es una buena medicina para sanar a un enfermo.

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