El pasado 03 de octubre Barack Obama, remitió al Congreso de EEUU el Tratado de Libre Comercio “negociado” con el gobierno de Colombia, que debe ser ratificado para que entre en vigencia. El anuncio fue recibido con alborozo, más por parte de los comerciantes -incluido el Gobierno-, que por el sector productivo, el cual hizo serios reparos a la forma como se concluyó dicho Tratado que, más que comercial, cobijó todos los ámbitos de la vida de los colombianos; en la práctica una anexión colonialista.

La desintegración de Rusia trajo una lucha entre las potencias por el dominio de los mercados internos, que llevó a EEUU a lanzar La Iniciativa para Las Américas o Acuerdo de Washington – para imponer el neoliberalismo-, que buscaba integrar la región en el Área de Libre Comercio –ALCA-. Debido a la asimetría de las economías y la desventajosa negociación propuesta por EEUU, varios gobiernos se opusieron a dicha estrategia, obligando al imperio a lanzar el plan B, concebido en los Tratados de Libre Comercio, consistente en no negociar con todo el grupo de países sino en someter a uno por uno.

En marzo de 2004 el ex presidente Uribe se compromete a aceptar el TLC e iniciar “negociaciones” ese 18 de mayo en Cartagena, ciudad que presenció los atropellos y el tratamiento de terroristas y delincuentes que Uribe propinó a más de 35 mil patriotas que defendían la soberanía y la producción nacionales. Al tiempo EEUU notificó que venía por 37 peticiones desde telecomunicaciones, banca, energía, mensajería, servicios públicos, textiles y vestuario hasta bienes, servicios y medios electrónicos, patentes, propiedad intelectual, eliminación de: aranceles, barreras sanitarias, fitosanitarias, técnicas y licencias agropecuarias, ingreso de productos perecederos, leyes antidumping, reducción de barreras a su inversión, igualar los derechos de sus compañías con los de las nacionales y el respaldo en la Organización Mundial del Comercio para mantener sus subsidios y leyes laborales regidas por la OIT, entre otros aspectos.

Después de 14 rondas de “negociación”, el 27 de febrero de 2006, la Secretaría de Comercio de EEUU resumió lo acordado: “Más del 80% de exportaciones de productos a Colombia llegarán de inmediato libres de aranceles y el 100% en 10 años; ingreso inmediato, cero aranceles, en: agricultura, materiales de construcción, autos, aviones, piezas para ambos, fertilizantes, agroquímicos, equipos de informática, médicos y científicos, madera, mercancía remanufacturada, -o de segunda, de maquinaria, computadores, teléfonos, confecciones y otros dispositivos-; carne de cerdo, vaca, aves, maíz, arroz, frutas, verduras, productos procesados y lácteos, textiles, ropas y su fabricación, fibras, hilados. Además, los surtidores de servicios financieros, portafolios, seguros y fondos tienen derecho a establecer subsidiarias en Colombia; las compañías de teléfonos adquieren derecho a conectarse a las redes fijas; Colombia garantiza mayor protección a derechos de propiedad intelectual, evita la revocatoria de patentes, concede a las empresas gringas tratamiento nacional para compras a ministerios, departamentos y compañías petroleras; y se compromete a mantener leyes antidumping, entre otros”.

El 1 de marzo de 2006 el sector agropecuario colombiano hizo el balance: “Colombia otorgó entrada libre de EEUU para 1.2 millones de toneladas de trigo, 2.0 millones de maíz, 900 mil de torta de soya y 200 mil de cebada, y sólo podemos enviarles 4.000 toneladas de tabaco y 50 mil de azúcar de las cuales se aspiraba a 500 mil toneladas. De 13 productos declarados sensibles, el maíz se desgrava en 12 años, con cuota de entrada del 25% con cero aranceles; en avicultura, llegarán 26 mil toneladas de desechos de pollo y en arroz, 79 mil toneladas con desgravación a 18 años”. Rememoro el estudio lapidario del 2004 del Departamento de Planeación Nacional sobre el aporte adicional del TLC a nuestra economía: crecimiento del bienestar y consumo del país en 0,79%, de la producción en 0,48%, las importaciones crecerán 11,92% y las exportaciones 6,44%. Queda claro que el TLC es para importar más de lo que exportaremos, lo cual encuentra la lógica en la asimetría de las economías.

¡La “negociación” del TLC con EEUU es una verdadera pantomima de conspiradores contra la Producción Nacional!

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