El modelo económico neoliberal convirtió los derechos fundamentales –salud, educación, seguridad alimentaria y social, servicios públicos, etc. – en verdadera mercancía, que mientras le produce pingües utilidades al sector privado, cada día limita más su acceso a los sectores pobres. En todo el mundo estas políticas económicas han profundizado la pobreza y la miseria, por lo cual muchos gobiernos están revirtiendo la tendencia, haciendo que el Estado retome el suministro y prestación directa de estos derechos fundamentales.
Cuando la banca multilateral percibió que el empobrecimiento conllevaría al levantamiento y la sublevación, diseñó una estrategia de neutralización con base en una política asistencialista -cuyo eje principal son pequeños subsidios o becas-, que al mismo tiempo subyugue a la población a devolver favores en las campañas electorales y así poder en cada votación refrendar el régimen implementado.
El subsidio o la beca es la corroboración de la inexistencia de un derecho fundamental: si la salud fuera prestada por el Estado no habría necesidad del sometimiento a las condiciones para obtener un carnet del Sisben que sirve para la respectiva afiliación; si la educación fuera pública no se tendría que “corretear” la beca; si los adultos mayores tuvieran la pensión de vejez, no necesitarían auxilios de Tercera Edad; el Estado le otorga a los estratos uno y dos unos mínimos subsidios a los servicios públicos, cuyas empresas obtienen multimillonarias utilidades a costa del trabajo del pueblo.
Esa política asistencialista no es invento de los tecnócratas neoliberales criollos, -el día que piensen les da un derrame cerebral decía Francisco Mosquera- porque ellos reciben del Banco Mundial los paquetes ya listos para aprobar en el Congreso; por eso lo que impuso Pinochet en Chile, es lo mismo que funcionó en el Perú de Fujimori y los que llegaron a Colombia con Pastrana. Aquí tomaron nombres como: Familias en Acción, Subsidios de desempleo y Auxilios para la Tercera Edad, entre los más destacados.
El subsidio de desempleo consiste en $133.900.oo mensuales que entregan para pago de salud y bono alimentario por seis meses. Desde 2003 -que entró en vigencia- hasta 2010 se asignaron 631.462 subsidios y en el 2010 sólo 97.496; contra cerca de 3 millones de desempleados y 12 millones de personas en el rebusque. En auxilio a la Tercera Edad el Bienestar Familiar atiende con comida a 417.230 ancianitos, cuya población es cercana a cuatro millones de habitantes. Familias en Acción es para el nivel I del Sisben con un subsidio de Nutrición a niños entre 0 y 7 años que se otorga uno por familia, sin importar el número, por $50.000/mes y un subsidio de Educación a estudiantes entre 7 y 18 años de edad, en primaria: $15.000/mes y Secundaria: $30.000/mes; la aplicación y cuantías tienen pequeñas variaciones dependiendo del número de habitantes de la población.
Con sigilo el Gobierno informó que cambió la metodología para medir la pobreza y la miseria, incluyendo el impacto que los escasos subsidios han causado en la población, llevando a que la pobreza haya caído entre 2009 y 2010 del 45,5% al 37,2%; incluso el presidente Santos afirmó que se redujo al 31%. El Dane reveló que en 2009 había 18,08 millones de personas en la pobreza y en 2010, bajaron a 16,93 millones. La indigencia cayó del 16,4% al 13,9%, es decir, salieron de la miseria 877.292 personas. La misión Mesep, encargada de la medición, la conforman el BM, Cepal, Planeación, Dane y algunas universidades; es decir, los que recetaron el modelo económico. Los neoliberales son hábiles en mostrar un mundo virtual y para eso recurren a las triquiñuelas -su preferida es maquillar los indicadores económicos-, no en balde lo primero que aseguran es a un director del Dane dócil, que con todo tipo de cifras nos hagan sentir que vivimos en el Primer Mundo. Eso les ha funcionado porque nos han convertido en el país más feliz del mundo; así, bajan: desempleo, secuestros, actos violentos, desaparecidos, sindicalistas asesinados, violaciones a los derechos humanos y laborales y nos suben de estrato sin movernos de la casa, mientras los medios nos distraen con que hemos hecho el mejor mundial de fútbol o que tenemos los mejores deportistas, artistas o periodistas.
Sería iluso creer que con exiguos subsidios se reduce la pobreza cuando el problema es estructural del paradigma de gobierno. ¡Observemos a nuestro alrededor!