El TLC actúa de dos maneras sobre el bolsillo del chileno: engordará los de exportadores e importadores y enflaquecerá otro poco más el de los consumidores.

Lagos recorre el país intentado convencer que el aumento de impuestos sólo aspira a beneficiar a los pobres con un mayor financiamiento para el gasto social, lo que el gobierno llama Agenda Chile Solidario. EE.UU. no es el principal socio comercial de Chile, pero como el arte de la política también consiste en pasar casi todo el tiempo hablando… las ‘mentirillas’ parecieran inherentes a ese oficio.

Ricardo Lagos ‘amenaza’ con no sacarse más fotos junto a los legisladores reacios a mayores impuestos. Más o menos dijo: ‘el que quiera salir en la foto con el Presidente tiene que apoyar sus políticas’, o sea, el alza de los impuestos.

Hoy, 26 de junio, corresponde firmar otro acuerdo entre Chile y los países ‘chicos’ europeos que no están en la Unión. Se trata de las naciones más ricas del mundo en relación a su población, la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, en inglés), integrada por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza.

El debate parlamentario chileno está centrado hoy en el Tratado de Libre Comercio suscrito el 6 de junio con Estados Unidos. Pero no es el TLC -en sí mismo -lo que está en tabla, sino sus consecuencias tributarias: el aumento del impuesto a las ventas al consumidor- llamado ‘al valor agregado’ por los cerebros económicos de la dictadura militar. El ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, al parecer fue ‘sincero’ cuando anunció que las arcas fiscales necesitarán U$S 486 millones para compensar los ingresos aduaneros que dejarán de percibirse por efecto del TLC, ya que las mercancías estadounidenses ingresarán a Chile sin pagar impuestos de Aduana (arancel).

Eyzaguirre, que no es un político sino un tecnócrata formado por el FMI -y traído desde Washington a Chile por Ricardo Lagos en cuanto inició su gobierno-, también dijo que faltaban otros U$S 330 millones adicionales para el ‘Chile Solidario’ -un programa social del Estado orientado a los pobres. La ‘sinceridad’ del ministro totalizó mayores impuestos por U$S 716 millones. Como ‘remedio’ propuso aumentar de 18% a 19% el impuesto a las ventas instaurado hace medio siglo- en el gobierno del general Carlos Ibáñez del Campo (1952-1958)- y rebautizado como Impuesto al Valor Agregado (IVA) cuando los militares lo aumentaron escandalosamente del 3% al 15%. El primer gobierno de ‘transición a la democracia’ -Patricio Aylwin (1990-1994)- lo elevó ‘sólo por 3 años’ al 18% y de nuevo subirá ‘temporalmente’ en 1%. El consumidor final en Chile paga 18% de IVA por todo lo que compra, desde el pan, la leche y un libro hasta un automóvil o una casa. Eyzaguirre propuso también aumentar otros impuestos específicos que gravan al alcohol y a los cigarrillos.

El aumento de impuestos -además que a nadie le agrada- sembró las dudas sobre las ventajas que la propaganda mediática gubernamental y empresarial le atribuyó siempre al TLC, un tema que poco comprende el común de la gente, muy celebrado por el sector externo de la economía -productores, exportadores y comercio importador- y exhibido como ‘gran conquista histórica’ por la administración Lagos cuando todavía nadie conocía el texto del acuerdo, mucho menos ‘la letra chica’. Hoy, cada vez hay más gente opinando que la ‘obra maestra’ del TLC debiera ‘financiarla’ el sector de la sociedad chilena que disfrutará sus beneficios.

‘Quien me apoye saldrá en la foto’

Lagos silenció a Eyzaguirre copando el escenario con su propia estrategia comunicacional-publicitaria, un discurso que pone énfasis en la obligación ciudadana con los sectores más desposeídos, el ‘Chile Solidario’, sin mencionar para nada los U$S 486 millones del TLC. Y parece que Eyzaguirre se quedó corto con sus U$S 330 millones ‘sociales’. Hoy Lagos dice: ‘Pedimos [a la Cámara de Diputados] 380 millones de dólares y se aprobaron 360. Como seguimos pensando que necesitamos los 380, vamos a insistir’. ¿Dónde? En el Senado.

La Cámara de Diputados aprobó sólo el 95% del aumento de impuestos concerniente al ‘Chile Solidario’ porque el partido Demócrata Cristiano (PDC) -principal socio de la alianza gubernamental- no claudica en su oposición a gravar los licores. El componente TLC del alza impositiva tiene pocos detractores parlamentarios. Pero igual, el Presidente está dolido por tanta incomprensión. Anoche anunció por TV que aplicará un ‘castigo fotográfico’ a los legisladores díscolos. Palabras más, palabras menos dijo: ‘el que quiera salir en la foto con el Presidente tiene que apoyar sus políticas’, o sea, el alza de los impuestos.

La alianza fáctica del co-gobierno

La relación presidencial con los empresarios, está en cambio cada día mejor. El Presidente analizó la marcha del país con la plana mayor de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPS), que preside el joven zar empresarial Juan Claro González, reelegido también el miércoles por un nuevo período de dos años al frente de la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA), junto a los vicepresidentes -reelectos- Fernán Gazmuri Plaza, presidente de Citröen Chile, y Gonzalo García Balmaceda, secretario general de Empresas CMPC, del grupo Matte. Hasta hubo carcajadas por un lapsus linguae en que Claro se refirió a sí mismo como ‘dirigente sindical’. Todos los medios aplaudieron el chiste, ‘la distensión’ y las buenas migas.

El Presidente exhibió euforia por su ‘reunión de trabajo’ Gobierno-CPC-SOFOFA. ‘Creo que fue una reunión tremendamente positiva, con un alto nivel de coincidencias sobre cuáles son las tareas que tenemos hacia adelante’, afirmó. Dijo que pasaron revista a los distintos sectores productivos y analizaron las últimas cifras económicas, internas y externas. ‘Creo que los avances que hemos tenido, más los que esperamos tener próximamente, nos permiten mirar con mucho optimismo la reactivación de la economía en el país’, aseguró en esta cuasi reunión de co-gobierno, en que además participaron los ministros de Interior, Hacienda, Trabajo, Minería y Secretaría General de la Presidencia, además de representantes máximos de las distintas ramas empresariales. Lagos manifestó que fue un encuentro muy abierto, ‘donde coincidimos en el tipo de país que empieza a emerger ante nosotros, que es un país de convergencias y no de divergencias’.

Hasta el senador PDC Alejandro Foxley -uno de los cordones umbilicales de su partido con la derecha económica- depuso sus críticas, aunque es un fervoroso partidario de privatizar la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) en vez de aumentar los impuestos. Esta dispuesto a desobedecer la orientación partidaria de no votar por el gravamen alcohólico. ‘Yo no conozco cuál va a ser el proyecto al final, no sé si va a incluir o no los alcoholes; mi ánimo es que dado que no fue posible un mejor escenario y una mejor solución, lo que hay que hacer es dar una señal clara de respaldo al gobierno’, sostuvo. El recientemente designado presidente del Banco Central, el economista ultra neo liberal Vittorio Corbo tiene la misma óptica. Su postura tiene un sesgo brutal: ‘Aquí no hay nada gratis’, dijo. Y a renglón seguido explicó: ‘La opción ‘seguir en Disneylandia’ no existe. Una vez que bajan los aranceles hay que subir otros impuestos’. La sagrada regla fiscal del suprávit del 1% está completamente a salvo.

Escaramuzas legislativas

La mayor dificultad se presentará en el Senado. Los legisladores de la Marina, el Ejército, Carabineros, Poder Judicial (son 9 porque Pinochet está inhabilitado) y otras instancias aparentemente distintas a los ‘partidos políticos’ concentran ahora el cabildeo del gobierno. Mientras el ministro Eyzaguirre -que en sus años mozos militó en la izquierda- sugiere reducir el gasto público militar si no hay apoyo al aumento tributario, otros sectores del gobierno tratan de cambiar la opinión de senadores no elegidos un tanto díscolos en responder a sus designadores -el gobierno-, como el crítico Enrique Silva Cimma, del partido Radical, ‘representante’ de la Contraloría y ex Canciller, muy poco amigo del alza impositiva.

El resultado de este tira y afloja se definirá en los próximos días. Después vendrá la discusión para ratificar el TLC -con certeza será aprobado-, en vez de haber sido al revés, aunque sólo fuera para resguardar la imagen pública del funcionamiento ‘democrático’. Es decir, el gobierno se empeña en aumentar los impuestos a causa del TLC… antes que el tratado haya sido ratificado por el Congreso, quizás una mera formalidad, pero demasiado parecida a su celebración anticipada, mucho antes de conocerse su contenido, el texto.

‘Chile es un paraíso tributario’

Los consumidores chilenos -genéricamente, la ‘clase media’- aportan el 84% del ingreso fiscal por la vía tributaria. El consumo -IVA- representa el 72% de todos los ingresos del Estado. El sector empresarial -en cambio- aporta el 18% de la recaudación IVA y goza -además- de un descuento de 15% por utilidades no distribuidas y gastos. Además, se grava poco o nada el consumo suntuario. En otras palabras, los chilenos pobres se auto-financian las bondades del ‘Chile Solidario’. Los pobres son los más grandes contribuyentes. En EE.UU., la contribución empresarial es el 35% del ingreso tributario y en Francia, 40 %. La diferencia es que -en Chile- la clase media paga más que en Francia pero allá recibe salud y educación gratis.

El IVA no es más que un impuesto indirecto al trabajo. La carga tributaria de los ricos en Chile es la más baja del mundo, opina el disidente senador PDC Jorge Lavandero. El 20% más adinerado de la población posee el 63% del ‘producto país’ -PIB-, en tanto el 10% más pobre s tiene el 1,4% del PIB y aporta al Estado el 11% de sus ingresos. El 10% ‘super-rico’ controla el 42,9% del PIB y paga… el 6% de los impuestos. La clase media de otros países suele reaccionar cuando le tocan el bolsillo. Así ocurrió en la Argentina de Fernando de La Rúa. Pero en Chile no pasa nada.

La inversión extranjera merece un párrafo aparte porque en la minería del cobre, oro y plata simplemente no paga ningún impuesto. Sólo pagan dos grandes empresas de capital privado chileno y Codelco, que es del Estado. El Consejo Minero, instancia empresarial del sector minero, publicó grandes avisos en la prensa para ‘demostrar’ que sí paga impuestos, pero en sus cifras incluyó… las retenciones descontadas como impuesto al salario de los trabajadores. Por estos guarismos, Lavandero dice que este país es ‘un paraíso tributario’. Cada vez crece la idea de gravar con algún royaltie a la minería del cobre, el principal recurso natural de ‘todos los chilenos’. Por lo menos, la cúpula del PDC asumió -de palabra- la vieja cruzada de gravar al cobre levantada durante años por el disidente Lavandero. El anterior presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle (1994-2000), PDC, fue indiferente a la tributación de cobre, aunque su padre, el difunto ex presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), también PDC, nacionalizó el 51% de la gran minería -cuando ésta tributaba el 50% de sus ganancias-, tarea que completo Salvador Allende al nacionalizarla en 100% en 1971, con la unanimidad -también 100%- de todos los sectores representados en el Congreso, Cámara de Diputados y Senado, incluso por quienes apoyaron derribarlo con el golpe militar de 1973.

Cuestionamiento a la ‘letra chica’

Al conocerse la ‘letra chica’ del TLC surgieron alarmantes críticas de fondo al ‘descubrirse’ que mantendrá ad eternum el statu quo de la inversión estadounidense en la minería. Es decir, jamás pagará impuesto por el cobre, ‘de aquí a la eternidad’. La sociedad civil está tomando conciencia de que el TLC institucionaliza un vasallaje de tipo neo colonial. El presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Arturo Martínez, calificó como una ‘traición a la patria’ realizar gestiones a favor de las empresas mineras extranjeras, al comentar el encuentro que sostuvo Lagos con el presidente de la CPC-SOFOFA, Juan Claro. Es novedoso que la central obrera esté adoptando una posición beligerante en un tema que concita indiferencia general, que no se debate seriamente n la sociedad, que se elude en los medios y que es impermeable a partidos d pasado antiimperialistas como el PS.

Entre los grupos pioneros de la sociedad civil que cuestionan al TLC, además de ATTAC, se encuentra la Alianza por un Comercio Justo, que preside Coral Pey, organizadora de un concurrido seminario convocado en un hotel para dar a conocer un fundado análisis crítico de la economista Consuelo Silva. También asistieron tres senadores, Jaime Lavandero, Nelson Avila, ex PPD, y Oscar Naranjo, PS, además de hombres y mujeres vanguardistas. En buen romance, las corporaciones de EE.UU. que explotan el cobre sin pagar un centavo de impuesto -el 70% del metal no es ‘chileno’, está de nuevo en poder de corporaciones foráneas- seguirían con esa ventaja hasta el fin de los siglos. El TLC debe ratificarse en el Congreso, pero es difícil que allí sea rechazado, aún es improbable que pueda aplicársele una cláusula de revisión cada 2 años, bandera que están esgrimiendo sus críticos más radicales del ámbito parlamentario.

La mentira del ‘socio principal’

Una falacia que sirvió de ‘fundamento ideológico’ al TLC, incluso repetida por inercia hasta por sus críticos, es que EE.UU. es ‘el principal socio comercial de Chile’. Si por ‘socio’ se entiende cliente o proveedor, el país del Norte no lo es. Según las cifras oficiales de comercio exterior, en 2002 Chile exportó por U$S 17.420 millones pero sólo el 19,9% fue a dar a EE.UU., U$S 3.483 millones, U$S 1.000 millones menos que lo vendido a Europa (U$S 4.532,9, el 26% de todas las exportaciones del año). El secreto del empresariado chileno es comprar menos de lo que vende: de un total de importaciones de U$S 15.471,7 millones Chile le compró sólo 16,3% a EE.UU, U$S 2.519,2 millones, contra U$S 3.282,3 (21,2%) adquiridos en la Unión Europea, que sí podría llamarse el principal ‘socio comercial’.

Chile está embarcado en una política de suscribir tratados por todo el planeta. Con Corea del Sur -que tiene un ingreso per cápita de 27 dólares diarios -se acordó el TLC en 2002 (24/10) -aunque el sector agropecuario asiático todavía protesta. En ese mismo año Chile le exportó U$S 714,4 millones pero sólo le compró U$S 438.4 millones. El negocio de estos acuerdos es para el sector externo de la economía. La plebe consumidora sólo paga las pérdidas tributarias.

No se puede negar que hay pasión por los TLC. El de Canadá comenzó en 1997, con América Central (Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua) se inició en 1999 y hoy mismo, 26 de junio, corresponde firmar otro acuerdo con los países ‘chicos’ europeos que no están en la Unión. La Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, en inglés), formada por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza sabe comprar porque tienen el ingreso por habitante más alto del mundo, 93 dólares diarios, y 3% de desempleo. Para estos efectos, la Ministra de Relaciones Exteriores, María Soledad Alvear, se encuentra en la ciudad de Kristianssand, Noruega.

El tratado con la Unión Europa data de 2002 (Bélgica, Dinamarca, Alemania, Grecia, España, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Holanda, Austria, Portugal, Finlandia, Suecia y Gran Bretaña), el de México, desde 1999 y, además, hay ‘Acuerdos de Complementación Económica’ con Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, MERCOSUR, Perú y Venezuela.

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